Diario de Campaña: Purgatorio

 

Días 9 y 10

Me cruje la espalda. Quizá una mala postura conduciendo, o un escorzo extraño al escribir estas lacrónicas líneas en el teclado del ordenador.

Me dedico a Sevilla capital y alrededores. Institutos que aún no han sido totalmente logsomizados por la imparable maquinaria política. Islotes en medio del océano mesocrático. Todos en zonas acomodadas, céntricas y – por emplear un anacronismo – burguesas: ésta es la famosa equidad de la que tanto se ufanan nuestros distinguidos gobernantes.

Curiosamente, quienes disfrutan aún el privilegio de enseñar son los más críticos, los más combativos e informados. Muchas conversaciones e intercambios de ideas. Disquisiciones acerca del programa y la deriva pedagógica. Dialéctica.

Pero hay quien, a fuer de ingenioso, resbala:

– Hmmmm… [PIENSA]-Volens… «Queremos pensar». Buen ejercicio, buen ejercicio… Esto está en catalán, ¿no?.

– Es latín. Y, a su vez, el acrónimo de VOLver a ENSeñar. Que es lo que nosotros queremos.

– Ah, estupendo, estupendo… No te ofendas, pero yo voy a votar a Comisiones.

– ¿Por qué me iba a ofender? El voto es libre.

– Son razones personales. Muchos años…

– Como quiera.

Las razones personales son una forma espuria de la razón. Así que me despido.

 

En Santiponce, alguien a quien conozco me dice que se va a asociar:

– ¿Sabes lo que más me gusta de vosotros? Vuestro sentido del humor.

Creo que fue R quien rescató para la campaña esta cita de Billy Wilder: «Si quieres decir la verdad a la gente, sé divertido o te matarán».

De momento, salimos ilesos.

Sigo caminando por las calles de Sevilla. Hoy no hay mucho más para la memoria, salvo este dolor que me atraviesa el espinazo como una descarga eléctrica. Ya está casi todo hecho: las palabras dichas, las imágenes proyectadas, la música sonando. Quedan todavía algunas plazas, en territorios míticos que pocos pisan; más charlas y promesas que aguardan su turno en la antesala.

Cuando llego al coche, una rara intuición hace que me fije en el nombre de la calle.

Purgatorio.

Diario de Campaña: Lolitas.

 

Día 8

Estepa, Osuna, El Saucejo. Niebla, otra vez, como si el mundo fuera un inmueble de próxima construcción.

En Estepa hay un cartel a la entrada: Prohibida la venta ambulante. Me pregunto si esto incluye las mercancías del espíritu, en cuyo caso puedo estar transgrediendo las leyes de la ciudad.

Un profesor:

– ¡Qué buena propaganda tenéis!

– ¿Le gusta?

– Mucho. Y la décima es cachondísima:

Una profesora confiesa que, poco más o menos, así es como escriben sus alumnos. Aventura un giro copernicano en las reglas de la ortografía, por el cual esos diez versos serán muy pronto ejemplo de escritura pulcra y canónica. No se ríe. Es el futuro.

En Osuna me encuentro con  mi amigo F, teólogo y profesor de religión. F es un Demóstenes hiperactivo, un polemista vocacional.

– ¿Qué opina [PIENSA] de la religión? – me espeta, con calculada malicia.

– Que, en ningún caso, debe ser una catequesis.

– Entonces opina lo mismo que yo.

También hablo con S, una profesora de Griego que se parte de risa con nuestras pegatinas. Nos sigue al minuto, dice. Pero, ah, ella también padece esa lumbalgia de la voluntad que se llama desencanto.

– ¿Qué se puede hacer?

– Nosotros, de momento, hemos impugnado el ROC.

– ¿Ah, síiiiiii….?

– Ajá.

Y parece que eso le basta para comprender que se pueden hacer cosas, que hay quienes adoptamos la posición erguida de los [SAPIENS] también en lo que atañe al deseo y las convicciones. Me asegura que va a asociarse.

Acabo la jornada en El Saucejo. Sobre el promontorio se dibuja el tapiz cenizoso del orvallo. Es un día gris, pesante como el rezongo animal de un violonchelo.

En el pasillo que lleva a la sala de profesores me encuentro con tres chicas que charlan alrededor de un pupitre. Hay libros abiertos y cuadernos garabateados. Pero el auténtico libro abierto son ellas. Tendrán catorce o quince años. Las tres visten ropa deportiva, tienen el pelo recogido en una coleta y demasiado maquillaje. Se hace el silencio cuando paso. Pero ya no es un silencio de pit bulls en guardia, sino de lolitas salaces.

– Bueeeenooooo…. – dice una, entornando los ojos.

– Hola – dice otra, mirando desde muy abajo, desde la selva oscura en la que crece el instinto.

– ¿Qué tal? – respondo.

– Bien, ¿y tú? – dice la tercera, forzando una dicción de telenovela barata.

Y noto sus miradas en la nuca, las risas no disimuladas, el inmisericorde poder de los quince años pidiendo la cabeza del Bautista.

Son otras las miradas cuando digo:

– Hola. Vengo a traer información sindical. [PIENSA]-Volens…

– Ah, sí… Mira, allí tienes el tablón.

Ni acción, ni deseo: atrás queda el futuro.

 

 

Diario de Campaña: Laberintos

Día 7

Hoy, en Alcalá de Guadaíra, le pregunté a una mujer joven si conocía el Instituto X. Puso cara de conocerlo muy bien, y de que más le valiera no haberlo conocido.

– De ahí vengo yo, precisamente – dijo.

Me dio indicaciones precisas de cómo llegar, moviendo las manos como una bailaora y dándome detalles de lo que me encontraría a mi paso.

Cuando llegué al confín del pueblo, el Instituto X no estaba allí. En su lugar había un Colegio de Primaria, al final de unas escaleras que eran el corolario burlón de un falso itinerario.

– No, hijo. El Instituto X está en la otra punta del pueblo – me explicó la conserje.

No suelo blasfemar ante desconocidos, por lo que le ahorré a la buena señora una bajada completa del santoral cristiano. Mientras hacía el recorrido inverso, trataba de imaginar las razones que habría tenido aquella mujer, fingida Ariadna, para extraviarme en el laberinto. Tal vez, pensé, venía de una reunión turbulenta con el tutor de su hijo. Quizá me vio pinta de profesor, esa casta despreciable, y disfrutó conmigo la venganza que no podía tomarse con los maestros de su retoño. Luego mis reflexiones se hicieron más complejas y sutiles, empeñado como estaba en penetrar la psique de mi circunstancial guía:

– Qué hiiiiiija de puta….

En uno de los institutos, un profesor comenzó a leer nuestro tríptico.

Al cabo de un rato, dijo:

– No te lo tomes a mal, pero siempre he tenido la impresión de que hay en [PIENSA] algo de elitismo.

– ¿A qué se refiere?

– Este texto, por ejemplo. No creo que lo entiendan la mayoría de los profes.

– Bueno, si es así, tendremos motivos serios para preocuparnos. ¿A usted le gusta?

– Sí, sí.

– ¡Bienvenido a la élite, pues!

 

Ahora echen un vistazo al texto supra y díganme si es más o menos difícil que el Finnegan´s Wake. Que algo así pueda ser ininteligible para la mayoría de profesores sería razón suficiente para cerrar las escuelas. Si entender esas pocas líneas me incluye en una élite, entonces, como diría Morfeo, ¡yo soy el Elegido!

Pero no soy más que el visitador, un forastero engañado, un emisario de la Resistencia.

Un clérigo vagante que, aunque perdido, jamás temió perderse en el laberinto de las palabras.

Vale.

Diario de Campaña: Desencanto y pit bulls.

 

Día 6

Écija, Villaverde, La Luisiana… Empiezo a confundir un pueblo con otro, un instituto con otro. Estos días, también yo soy ese otro que acelera en los polígonos industriales y arrastra su cartelería por un laberinto de casas bajas. Bienvenido al No-lugar.

Para llegar a uno de los institutos debo atravesar un pequeño parque en el que están conversando unos chicos. Al menos cuatro o cinco de ellos sujetan con fuerza una correa que ciñe el cuello nervudo de un pit bull. Se hace el silencio a mi paso, siento la mirada canina y cainita en el cogote. ¡Adelante, peregrino!

Alguien que nos conoce me presenta a T.

– Él nos informa de todo lo vuestro – dicen.

Es la hora del recreo, y T está leyendo con unos alumnos las Coplas de Jorge Manrique. Apreciemos la cualidad simbólica de esta escena sin dejarnos seducir por la nostalgia.

Cualquiera tiempo pasado

Tenemos una conversación amena en este loco locus que es un instituto de secundaria durante la media hora de segmento lúdico. T opina que somos demasiado ambiciosos, lo que es un modo amable de llamarnos utopistas. A mí me extraña que impugnar una norma injusta o proponer otro modelo educativo tenga asimismo su No-lugar en el mundo. Lo que pretendemos es desmontar el paraíso igualitario que sirve de pretexto a una formidable estafa. Pero no podemos hacerlo solos. Nada puede contruirse desde el desencanto, excepto una hermosa película sobre los Panero.

Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

T parece más partidario de insistir en la mejora de las condiciones laborales antes que poner en duda todo el sistema. Sin embargo, creo que acabamos coincidiendo en que una cosa no es posible sin la otra. Haz y envés. Forma y fondo. Doble o nada.

Me ha gustado hablar con T.

Dexemos a los troyanos, que sus males non los vimos…, etc.

Paso por otros institutos, otros pueblos. Afueras. Inhóspitos claustros. Coloco la mercancía en los ordenadores, en las mesas, en las sillas. Observo que en cada centro hay alguna gaceta de [PIENSA] en los tablones, alguna pegatina corrosiva. Hay más románticos en esta fiesta de los maniquíes.

Cuando salgo de La Luisiana me pierdo en un callejeo de naves de uralita y perros famélicos.

– Tu falta de fe…

– Calle, Padre, y déme datos. La fe no va a salvarme de los pit bulls.

Ni del ajeno desencanto.

Diario de Campaña: Los amigos de Peter.

Día 5

Hoy me quedo en Sevilla. Es viernes y estoy cansado de razzias comarcales. Así que jugaré en casa, con el público a favor.

Voy al Beatriz de Suabia, instituto donde hice muchas y buenas amistades. Así, esto no es una visita, sino un reencuentro. Abrazos, qué es de tu vida, a ver cuándo quedamos, besos. Promesas de voto, promesas de almuerzos y excursiones por la montaña. Promiscuidad de otium y nec otium.

Una profesora de Filosofía se deja engatusar por la belleza de nuestros folletos, por la caricatura del Descartes resistente a fuer de [p]iensante.

Tenemos un diálogo de vida-mente cartesiano:

– No parecéis un sindicato.

– No somos solamente un sindicato.

Cuelgo el cartel en el más pulcro y ordenado tablón de toda la provincia. Allí, la evolución letramórfica solicita una melodía de Mussorgski para completar el cuadro. ¿Hay algún músico en la sala?

Hago un receso para desayunar con mi amiga L en La Esquina, donde se despacha la mejor tostá de aceite y jamón que  jamás vieran los siglos.

Le regalo a L un marcapáginas.

– ¿Quién es este chico? – pregunta.

– Es Peter. Es nuestra imagen de campaña.

– Pero, ¿existe?

– Mira, ¿ves lo que pone aquí? [PIENSA]…, luego existe.

 

Hay más conversaciones, más a ver si nos vemos, más recuerdos y parabienes. Hoy, el visitador es visitado en los silos nucleares de su memoria.

Se despide de sus amigos. Desde hoy, muchos de ellos son también Los amigos de Peter.

Diario de Campaña: El Imperio contra [PIENSA]

 

Día 4

Hoy me toca ir solo. O no tanto. R me ha prestado un localizador GPS para no confundirme por esas carreteras que el diablo confunda. La soledad del viaje demanda una voz amiga. Por suerte, descubro que uno de los lazarillos geodésicos es el mismísimo Darth Vader, tras cuya máscara samurai se oculta, ya saben, Constantino Romero. ¡Qué mejor alforja que un Padre Oscuro!

Así que voy a Brenes impulsado por el quebrantado aliento de la Fuerza. Ya no atravieso rotondas, sino satélites. No entro en pueblos, sino que surco galaxias. Consigo una inesperada ración de épica cósmica para mi ordinaria empresa.

El camino a Brenes se retuerce como una lagartija moribunda. Quizá el Padre no ha sabido guiarme como es debido, pese a los 32 satélites en órbita, pese a todo el poder de la Estrella de la Muerte. Oigo su aristocrática respiración de androide por encima de la radio. Finalmente, llego al pueblo cruzando un camino de cabras.

– Tu falta de fe me resulta grotesca – dice Lord Vader.

– Perdone, Padre, pero los bajos del coche sufren. Y aún no he pasado la ITV.

En un instituto de Brenes hay muchas células [p]iensantes que pretenden acabar con el Imperio. Me reciben con alegría cuasi berlanguiana, charlamos, realimentamos el enojo y ponemos salfumán a los sustantivos. El visitador no está solo, pues. Está el profesor de lenguaje vitriólico y foulard trendy, que confiesa admirar nuestro trabajo. Está la profesora que aprovecha su hueco en el horario para llenarlo de confesiones. El visitador escucha, asiente, apostilla, pero no absuelve. Tal vez a causa de una jaqueca embrionaria, me asalta una imagen de Darth Vader con alzacuellos. Que la [PIENSA] te acompañe.

De regreso a casa, hablo con el Tom Tom:

– He visto a mucha gente que quiere acabar con vos, Padre. Gente que está harta del Cortijo.

– Querrás decir del Imperio –

– Sí, Padre.

– Si os unierais a mí dominaríamos la Galaxia, hijo mío.

– Ya, Padre… Pero, ¿sabes lo que pasa? Que tengo una edad, y ya he visto El Retorno del Jedi.

– ¿Y?

– Que, al final, el Imperio pierde.

– Ya, bueno… Esto… Mantente a la izquierda… Segunda salida.

– Sí, Padre.

Diario de campaña: Lebensraum en Carmona.

Día 3

El visitador nunca ha estado en Carmona. Sabe de su Alcázar, de sus palacios y ermitas, pero jamás ha puesto un pie en el escarpado relieve de su casco histórico. El visitador es sensible a la belleza, pero suele declinar las invitaciones al viaje por razones impuramente físicas. Viajar cansa. La inmovilidad es el motor de la fantasía. Y también está De Maistre

Sin embargo, toca moverse, toca mover los afectos de extraños que lo reciben a uno con curiosidad, indiferencia o recelo.

Así que Carmona, al fin.

Ironía trágica, ma non troppo: al visitador se le niega la contemplación de la belleza. E y yo llegamos al pueblo atravesando una niebla de Serie B, tan espesa que apenas alcanzo a identificar los perfiles de la muralla. La niebla es, hoy, la muralla. Está bien que así sea: vinimos a la prédica, y no al goce.

Hoy descubro la importancia del espacio vital. El territorio codiciado es el tablón de noticias sindicales, donde se amontonan carteles y fotocopias que hablan de sexenios, de homologaciones salariales y jubilaciones anticipadas. En época de elecciones, los límites del exiguo corcho no pueden contener la llegada de los bárbaros. Demasiadas tribus para invadir Liechtenstein.

Un profesor de guardia reprocha a E que pretenda colocar nuestro cartel sobre alguna convocatoria vencida, sobre un panfleto horrícromo que publicita promesas muertas.

– Si no te importa, déjalo sobre la mesa.

E, además de experiencia en corchos, tiene tablas. Cuando vamos juntos, él es quien abre un amistoso fuego sobre los concurrentes, anunciando la preciosa mercancía con un timbre de alegre fanfarria. Yo, tras el fragor de metales, hago un reparto exhaustivo de los documentos: marcapáginas, trípticos, pegatinas. Siempre sonriente, con una cortesía centroeuropea. Los dos charlamos con quienes nos preguntan. Un trabajo sencillo. Pero la educada hostilidad de los alcornoques es algo nuevo para mí.

– Pues sí que me importa – dice E, con aplomo – Libertad sindical, ¿sabe?…

Así que el cartel se cuelga en el tablón, desplegando su belleza apaisada en un nuevo y pacífico Lebensraum.

Cuando salimos, la niebla sigue ahí. Esperan otros pueblos, acaso no tan bellos, pero igualmente merecedores de poner nuestra chincheta en Flandes.

Vamos.

 

Diario de campaña: Smoking Room

 

Día 2

No es cierto que el miedo sea libre. El miedo es una constricción de la libertad, una ardentía en el pecho que no deja paso franco a las palabras.

Hoy me acompañó G en mis visitas claustrales. G es directa, concisa, con una rara habilidad para demorar el pestañeo cuando habla. G no tiene miedo. In ictu oculi.

Había una chica. Joven, risueña. ¿La Algaba? ¿Alcalá del Río? Al cabo, los rostros son igual de jóvenes o viejos. Los institutos, varados en la misma, satisfecha circunspección de sus ladrillos. ¿Qué dijo Eliot? Ah sí:

If all time is eternally present

All time is unredeemable.

Pareció reconocer nuestras siglas, nuestra estética de Círculo de Viena. Dijo:

– Ah, me acuerdo: la manifestación de abril contra el ROC.

– ¿Estuviste?

Entonces, un abrupto despertar. La joven profesora escruta a los compañeros que, en la sala de profesores, corrigen  formidables anacolutos con melancolía proustiana.

– Pero…, pero no fui yo sola, ¿eh? – dice, con temor y temblor.

– Claro, claro. Fuimos siete mil. Nos habríamos visto. Tranquila.

 

El miedo vive también en la sucesión de timbres y cancelas: la puerta automática – ese zumbido, como de  moscardón voltaico – es el cancerbero de nuestros académicos infiernos. Las conserjes sonríen, encarceladas en su pecera con braserillo cartesiano:

– La segunda puerta a la derecha.

Encontramos a una amiga: C. Nos presenta a gente.

[PIENSA], ¿eh?… ¡Falta les hace a algunos!

C tiene voz de contralto sin filtro y un cierto parecido con Anne Sexton. Nos conduce a una antigua cocina que unos cuantos profesores han reconvertido en salón de té. El humo de las infusiones no es, por lo demás, el único que flota. He aquí un espacio para el visitador de dedos amarillos.

– Disfrutar de ciertos placeres – dice Anne – depende de los vicios que practique el jefe.

Reímos. Me arde el pecho, pero no es por miedo.

Simplemente, no estoy acostumbrado al Chester.



Diario de campaña: El visitador.

 

Día 1

Soy el visitador. En los próximos quince días me levantaré temprano  y recorreré la provincia de Sevilla en un coche lleno de materiales de campaña. Propaganda.

Atendiendo a la etimología, habré de multiplicarme, diseminarme, difundirme por cuantos institutos pueda. Habré de afirmar el mensaje de un nuevo proyecto, el proyecto [PIENSA], y hacerlo con el afilado estilo de los más artísticos pasquines. Al mismo tiempo, otros visitadores me seguirán los pasos, del mismo modo que yo pisaré las huellas de otros visitadores. Huellas sobre huellas. Palabra sobre palabra.

Como hoy. El plan que me traza E, mi compañero de viaje: San José, La Rinconada, Burguillos, San Jerónimo. Un trago de café negro para empezar el día. Un cigarrillo nietzscheano. Schnell.

Representar a un sindicato, hoy en día, no es fácil. La pompa con que lo reciben a uno tiene más de fúnebre que de jubilosa. Sin duda, la paniaguada verticalidad de los mayoritarios ha contribuido a que el recelo se extienda a quienes, del amo, ni pan ni agua solicitan. Como esa chica, en San José, al ofrecerle un tríptico rigurosamente laico:

– No, no… Yo es que con los sindicatos…

Hay que deshacer el nudo. Luz, más luz.

– En nuestros estatutos se establece que renunciamos a liberados totales y a subvenciones.

Y, en efecto, parece que su rostro se ilumina.

– Ah, bueno… Déjame ver.

 

O ese veterano de La Rinconada, que, como los buenos púgiles, carga el peso en los talones para disparar las sospechas:

– ¿Tenéis algún partido político detrás?

– No. La última vez que me volví no había nadie.

 

Pero también hay quienes te esperan. Se acercan a E y a mí y nos dicen lo que [p]iensan. Se desahogan.

– Necesitamos que esto cambie.

– Yo también estuve en la del 14.

– Aquí tenéis gente que os sigue.

 

Como yo a los otros visitadores. Como los otros visitadores que pegan, somnolientos, sus carteles sobre los míos.

 

 

 

La PoéTICa del Absurdo

Cuando un plan es fruto de ambiciones electoralistas, y no de una pausada reflexión, estallan tarde o temprano las delicadas flores del absurdo. Así, el Plan Escuela 2.0.

Lo contaré sucinto:

En mi instituto, dos personas fueron elegidas para acudir a la presentación institucional del Plan y recoger los primeros portátiles. Uno fue el coordinador TIC, profesor de Dibujo, y el otro un servidor, profesor de Música. La elección era sencilla: los dos somos de los pocos profesores en el centro con conocimientos específicos de informática aplicada, nos gusta el cacharraje tecnológico y administramos sendos blogs de contenido didáctico.

Ya conté en otra entrada lo propagandístico e inane del evento en cuestión, así como traté de demostrar que los contenidos de la famosa «mochila» eran una mera excusa para colarnos ración doble de filopsoefía LOGSE. Todo lo que sacamos en turbio fue que unos técnicos vendrían a instalarnos las pizarras digitales en el plazo más breve posible. Un mes después, en efecto, un par de currantes se personaron en el instituto y comenzaron por instalar las terminales informáticas en las mesas del profesor. De un modo tal, por cierto, que la pantalla apenas permite ver las caras de nuestros alumnos. A todo esto, en una visita que durante el curso anterior nos hicieron los responsables de nuestro CEP de referencia, se nos había asegurado que habría pizarras en todas las aulas, incluidas las específicas: Tecnología, Música, Dibujo.

Pasaron los días y por mi aula no se dejaba caer ningún operario. Hasta que, en el último claustro, pregunté. Ya sabía la respuesta, pero no por ello la indignación fue menor:

– ¿Se sabe si van a instalar pizarras en las aulas específicas?

– No. El Plan no contempla recursos de ese tipo paras las aulas específicas.

Es decir: las dos personas que representaron al centro en la inauguración oficial del Plan; las dos personas más acostumbradas a trabajar con nuevas tecnologías; las dos personas que elaboran sus propios apuntes interactivos y emplean en su quehacer diario los programas más sofisticados; esas dos personas son las únicas de todo el instituto que jamás olerán el seductor perfume de los portentos digitales. Por imperativo legal.

Entretanto, es posible que en algún aula de Primero de ESO impartan clase maestros veteranos que no tienen gana ni necesidad alguna de emplear semejantes artilugios. Ellos, benditos sean, seguirán utilizando las herramientas TIZ(a), mientras el monstruo de silicio duerme el sueño de los justos.

Tales son las consecuencias de la Planificación Central, Sovietizante, Cateta y PatéTICa de nuestros amos: productividad Cero, recursos inútiles, dinero público arrojado alegremente por la borda del Transatlántico Imparable que es nuestra Comunidad andaluza.

Y luego vendrá algún Inspector a preguntarme por qué no cumplo con el artículo 9n del nuevo ROC, ese que contempla como un deber del docente «emplear de modo habitual las nuevas tecnologías en el aula». Vendrá a reconvenirme porque mis alumnos no estén tecleando, enfebrecidos, en sus ultraportátiles subvencionados.

Por suerte, a día de hoy, 28 de octubre, también sé, con exactitud germana, cuál será mi respuesta:

El profesor necesitó nueve años – sus nueve años de ejercicio, minuto a minuto – para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

Váyase usted a la mierda.

P.S.: Yo soy el Individuo cumple hoy un año de existencia. Gracias a todos quienes se pasan por aquí y dedican unos minutos  a la lectura de esta proliferante gavilla de absurdos.