Secreto Ibérico (letras)

 

 

AÑO NUEVO

Ahora ya sabemos qué es el dolor:
sólo otra manera más
de ganar la orilla.

Yo que nunca tuve
demasiado valor,
hoy voy a curar
todas tus heridas.

Tiéndeme tu mano:
quiero darle calor
para que toda esa pena
muera entre tus dedos.

Como dijo alguien, un poco de luz
en la noche oscura
es casi como un sueño.

Alguna vez
ha de ocurrir
que nos alcance el tiempo,
pero en este momento
y en este lugar
es día de Año Nuevo.

Cuando brille el día
y termine la fiesta
quedarán la copa
y el amor a medias.

Cuando todos duerman
brindaremos tú y yo
por los años rotos
que aún nadie recuerda.

Alguna vez
ha de ocurrir
que nos alcance el tiempo,
pero en este momento
y en este lugar
es día de Año Nuevo.

Alguna vez
ha de ocurrir
que nos alcance el tiempo,
pero en este momento
y en esta canción
es día de Año Nuevo.

 

EL NUEVO MUNDO (NANA DEL NIÑO GUILLERMO)

Duerme esta noche,
que yo te acompaño en tu sueño.
Para que sea tranquilo
y no tengas miedo.

Llévame, allá donde vayas,
siempre contigo.
Dame la mano,
que va a ser muy largo el camino.

Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.
Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.

Dice la radio
que pronto vendrá un mundo nuevo.
Que todo puede cambiar
y ser de otra manera.

Pero no dice que a mí
no me importa la espera.
Tú eres mi nuevo mundo,
el orvallo y la higuera.

Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.
Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.

La luz del Sur
derramada a la orilla del río.
Y las naranjas que imitan
la flor de tu ombligo.

Duerme esta noche,
que el agua ya corre en el yermo.
Mientras repito en voz baja tu nombre:
Guillermo.

Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.
Yo te traigo la lluvia.
Tu madre, el sol.

 

CHIVO

Si quieres sobrevivir,
no te vayas de la lengua.
Mil ojos te van a acechar
el día que se sepa.

Recuerda lo que le pasó a aquel
vecino de la Feria.
Tenía tanto que contar
que casi no lo cuenta.

Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.
Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.

Despiadado es el patrón
que quiere verte muerto.
Quien implora su perdón
predica en el desierto.

Abandona la ciudad,
escóndete en la sierra.
Para el chivo no hay lugar
seguro en esta tierra.

Y rugen como fieras,
buscando al chivo.
Y rugen como fieras,
buscándote a ti.

Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.
Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.

Yo quisiera conocer, ay,
la vida en el campo.
No hay esquinas que torcer,
ni brillos afilados.

Entretanto, en la ciudad,
circulan los rumores.
La muerte ha puesto a funcionar
todos sus motores.

Y rugen como fieras,
buscando al chivo.
Y rugen como fieras,
buscándote a ti.

Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.
Si estás en campo abierto,
en campo abierto,
los depredadores
olerán tu miedo.

 

ZARPA

Quiero escapar de este pueblo perdido y brutal,
de su vulgar ceremonia y su hospitalaria zarpa de perro.
Quiero escapar. Aún tengo fuerza para caminar.
Tiene que haber otra vida en alguna otra parte,
lo he visto en un sueño.

O quizá en la televisión.

Voy a dar una vuelta, madre.
No me espere despierta.
Voy a soltar a los perros, madre.
Se van a dar una fiesta.
Voy a salir.
Voy a salir.
Voy a salir.

No se asuste si por la mañana
oyera usted que los perros ladran.

Yo no sé más. Sólo me dijo que iba a salir.
Es un muchacho incapaz de matar a una mosca,
pregunte en el pueblo.
Era feliz. Un chico sano, una vida normal.
Pero, ya sabe, a su edad,
¿quién no tiene pájaros en la cabeza?

Es de tanta televisión.

Voy a dar una vuelta, madre.
No me espere despierta.
Voy a soltar a los perros, madre.
Se van a dar una fiesta.
Voy a salir.
Voy a salir.
Voy a salir.

Aquí viene el que porta la rabia.
Seguro que esto no lo esperaban.

 

MIL VECES

Un álbum familiar.
Cartas de amor que nunca quise contestar.
El fin de semana aquel, cuando, huyendo de la peste,
fuimos a ver el mar.

Y en aquella gruta
(que era catedral
de sal, piedra y eco)
tú dijiste que…

Que tanta belleza
un día se pierda
aun hace que sea
mil veces más bella.
Mil veces. Más bella.

Vidas que no viví,
para vivir una vida entera junto a ti.
Quienes han de llegar
se cruzan en su camino
con quienes se han ido ya.

Y, tras la montaña,
al fin va a esconderse el sol.
Quisiera que ahora

tomaras mi mano y dijeras…

Que tanta belleza
un día se pierda
aun hace que sea
mil veces más bella.

Mil veces. Mil veces.
Mil veces. Mil veces.

 

SOY EL NOVIO DE LA MUERTE

Háblame de aquellos momentos de duda y agonía.
Háblame de cuando por fin se jodió el Perú.
Prométeme que esos días
ya no volverán.
Pero si vuelven, yo te quiero igual.

Cuéntame un oscuro secreto. Di algo que no sepa.
Mírame a los ojos y dime que no eras tú
la que movía los hilos con impunidad.
Y, aunque lo fueras, yo te quiero igual.

Tú ya sabes qué opinarían mis padres de lo nuestro:
Esa chica no te conviene, y te hará sufrir.
Su cara pálida y triste es mala señal.
Que no te pegue una enfermedad.

Ven aquí y júrame que es para toda la vida,
y que nadie, excepto tú, nos separará.
Yo te perdono Hiroshima y hasta la Shoá,
si me perdonas la hora final.

Yo te perdono Hiroshima y hasta la Shoá,
si me perdonas la hora final.

 

VILLANCICO

Otra blanca Navidad
y no hay forma de que nieve.
Qué distinta la ciudad
cuando el tiempo se detiene
y nos ilumina la Estrella Polar.
Bajo el muérdago, beso.
Pero en los cuartos me adelanto.

Ya habrá tiempo de ayunar.
Hoy comamos y bebamos
semiseco y mazapán
que he traído bajo el brazo.
Y tenemos que cumplir el ritual.
Yo te quiero, tú me quieres.
Y estamos un poco contentos.

No ha venido Santa Claus:
estará azotando renos
en la Campana de Gauss
(y sobre campana una).
Cómete la última uva, que, si no,
no habrá próspero Año Nuevo
ni bajo el muérdago habrá beso.

Otra blanca Navidad.
No nos hables de la crisis
ni del Nuevo Orden Mundial,
y proponnos otro brindis
que esta noche nos alegre el corazón.
Hoy que Dios ha nacido
y no me creo cualquier cosa…

Creo en ti.

Caballo de Troya (letras)

 

 

COACH

Es un tipo encantador,
con un innegable don de gentes.
Es un tipo encantador.
Encantado de conocerse.

Vende baratijas de Oriente,
proverbios de segunda mano.
Antes trabajaba en Suzuki
y ahora dice que le vuelve loco el kabuki.

Puedes verlo en un curso de verano
o de invitado en una charla TED.
Es un animal de escenario,
tanto sentado como de pie.

Cualquier momento es un buen momento
para una pausa
dramática.

Coach. Coach. Coach. Coach.

Coach dice: disfruta el ahora.
Coach dispara frases de Sun Tzu.
Coach dice: saborea el instante.
Tengo que apuntarme a clases de kung fu.

Un experto con sesenta horas,
entre Gordon Gekko y Hare Krishna.
Llega sonriendo a la oficina:
«Tenemos que aumentar la tasa productiva».

Coach canta canciones de Enya.
Coach recita versos de Benedetti.
Coach se mueve como una serpiente.
A Coach le gusta mi cuenta corriente.

Cualquier momento es un buen momento
para una pausa
dramática.

Coach. Coach. Coach. Coach.

Por lo que podamos encontrar,
mejor no buscar, Coach.
Por lo que podamos encontrar,
mejor no buscar.
Coach.
Coach.
Coach.
Coach.
Coach.
Coach.

 

NUNCA HE ESTADO EN AMÉRICA

Yo no he matado a tu familia, güey.
Debes de tomarme por otro.
Llevo aquí ya más de quinientos años,
bebiendo en la bodega de la Calle Adriano.
Sólo he servido a una cruz: la Cruz del Campo.
Sólo he servido a un rey: Barón de Ley.
Yo no he matado,
yo no he matado a tu familia, güey,
porque

nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca.
Nunca he estado en América.

Hernán Cortés, Del Castillo, De Las Casas.
Elige el que tú quieras: no aparezco
en la Matanza de Cholula,
ni tuve alianza alguna
con los totonacas
o con los tlaxcaltecas.
Yo estaba haciendo cuentas para la hipoteca.
Yo estaba haciendo barcos en las Atarazanas,
soñando con un viaje a la Riviera Maya.
Yo no me encamé con la Malinche, güey.

Nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca.
Nunca he estado en América

Vi llegar papagayos, manises, montañas de tabaco.
Vi cómo embarcaban miles de gallinas, cerdos, caballos.
Yo estaba aquí, fumando en la Calle Adriano.

Déjate de historias de Tenochtitlán.
Las cosas nunca fueron como las cantó Neil Young.
Cuando tú escuchabas Cortez the killer,
yo estaba despertando en una España libre.
Y ya nunca más me moví de aquí.
Y ya nunca más me moví de aquí.
Fueron de tu estirpe, no los de mi sangre,
quienes te partieron la madre, güey.

Nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca he estado en América.
Nunca.
Nunca he estado en América

Lo más cerca que he estado de América
fue en 1929.
O quizá fuera en 1992.
Expo 92. Expo 29.
Bebiendo golpes de tequila
en el Pabellón de México.
Muestra de arte azteca, olmeca, chichimeca.
¿Qué es exactamente lo que se celebra?
¿Qué es exactamente lo que se celebra?

 

CUALQUIER ESTÚPIDA CANCIÓN DE MODA

Como al caer un velo de ignorancia,
así,
una vez anulado todo filtro,
lo que queda es el peso exacto de la carne
y un decorado de pensión barata.

Afasia estructural, mechas quemadas.
Oscuros mercaderes
y un desguace a ritmo de bachata.

A ritmo de guaracha.

Como al caer los dioses del Valhalla,
así,
una vez apurado todo filtro,
lo que queda es la bruma espesa del olvido.
Una clase de step. Otra de zumba.

Si empiezas a cavar tu propia tumba,
procura que la pala vaya a ritmo.
A ritmo de bachata.

A ritmo de guaracha.

Esperas la llegada
de un dron a domicilio.
Ya nunca volverás
en busca del anillo,
ahora que conservas el tiempo en tu bolsillo,
ahora que tu cuerpo se desliza
a ritmo…

Y mientras la embajada de magufos
está de vuelta en Voronezh o en Roswell,
aquí los pajaritos cantan,
citando a Orwell,
cualquier estúpida canción de moda.

¿Quién es el último en la cola?
¿Quién es el último en la cola?
No importa, mientras vaya a ritmo
de bachata.

A ritmo de guaracha.
De bachata.
De guaracha.

 

LA VIDA COTIDIANA EN LA EDAD MEDIA

Cuarenta y tantos.
Dispuesto a todo,
sale al encuentro de la noche.
Pero ya son cuarenta y tantos.

Frecuenta sitios como el Bariloche.
Conoce los secretos de La Caja Negra.
En la puerta del servicio, un letrero reza:
Sic transit gloria mundi.

Es la crisis de la edad media,
y todo se propaga como la peste.
Corredores de fondo al borde del colapso,
grupos de veganos penitentes.
Tú mismo, en el after,
bailando con las guiris
la danza de la muerte.

Inaceptable.

Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.
Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.

Tanto pasado como futuro.
¡Adaptación al medio!
Una mañana, un dolor nuevo:
una punzada en el pecho.
Se ha recogido en el informe de los daños.
Han vuelto a gustarte las de veinte.
Has sido visto en el gimnasio.

Deplorable.

Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.
Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.

(Pero esto es sólo un estado de Facebook
en tu muro de las lamentaciones).

En este torneo no hay armas simuladas.
Ni dios, ni rey, ni dama.
Ah, pero algún día cruzarás la Edad Media
y huirás de todas estas cosas
como de la peste.

Cuarentaytantos
sale al encuentro de la noche.
Cuarentaytantos
sale al encuentro de la noche.
Sucede
en un abrir y cerrar de ojos.

Inapelable.
Sic transit gloria mundi.

Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.
Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.
Corta, brutal, solitaria.
La vida cotidiana en la Edad Media.

 

(VEN Y MIRA)

Música muzak
en el supermercado.
Eso soy.
Un sistema cerrado
que no admite energía.
Eso soy.
La bola que pasa
rozando la red
en la cancha de tenis.
Un anuncio
de cuchillos Nikkei
sonando de fondo en la tele.

Oh, Dios,
ya está aquí otra vez.
¿Quién sabe si las cosas
no tomarán un giro?
Oigo una voz que dice: ven y mira,
ven
hacia lo salvaje.
Oigo una voz que dice: ven y mira,
ven
hacia lo salvaje.

Demasiado viejo para estar allí
donde la juventud arde.
Demasiado joven para pensar
que ya es demasiado tarde.

Música muzak
en el supermercado.
Eso soy.
Un sistema cerrado
que no admite energía.
Eso soy.

¿Podrás poner freno a tanto desorden?

La mano
que mueve
la rueda
dentada
de la fortuna.
La caja-regalo
de cuchillos Nikkei.
Dos por el precio de una.

Oh, Dios,
ya está aquí otra vez.
¿Quién sabe si las cosas
no tomarán un giro?
Oigo una voz que dice: ven y mira,
ven
hacia lo salvaje.
Oigo una voz que dice: ven y mira,
ven
hacia lo salvaje.

 

CLUB DE FANS DE THOMAS BERNHARD

Ha llegado a la ciudad.
Una mirada suya basta
para congelar
el jardín romántico.

Caballos negros tiran
de calesas negras.
La alegría pertenece
al género fantástico.

Ha llegado a la ciudad.
Se avecina un frente frío
que va a hacer del sur de España
otra Centroeuropa.

Mutaciones nunca vistas
en la piel nativa.
Mujeres altas rubias, frías,
ahogadas en su ropa.

Cualquier abyección es registrada.

Esta noche abre sus puertas
el Club de Fans de Thomas Bernhard.

El salón barroco
es ahora Biedermeier.
Se cuentan viejos chistes
sobre Adalbert Stifter.

La rumba no consuela
a los corazones tristes
y en la ciudad resuenan
los Kindertotenlieder.

Hay quien dice haberlo visto
riéndose entre dientes,
al cruzar el callejón
de la Santa Inquisición.

Y hay quienes lo recuerdan
a la orilla del río,
mirando fijamente el agua,
mirando fijamente el agua.

Cualquier abyección es registrada.

Esta noche abre sus puertas
el Club de Fans de Thomas Bernhard.

Si han cerrado Miraflores,
trasplantaremos Steinhof.
Y si el Guadalquivir se hiela,
lo llamaremos el Danubio.
Toneladas de nieve
para nuestros socios
en el Club de Fans de Thomas Bernhard.

Que otros sigan al grupo de flamencos.
A mí me guía una bandada
de cuervos.

De cuervos.
De cuervos.
De cuervos.
De cuervos.

 

LA BELLEZA

Escuchad, buenas gentes,
a estos simpáticos muchachos
(licenciados en Historia y Gestión del Medio Ambiente)
que hoy han venido a contaros
qué se siente
(qué se siente)
cuando uno está en contacto permanente
con la belleza.

La belleza.

Escuchad a los amigos del pueblo,
del barrio, del extrarradio.
Aunque nunca antes nadie
antepuso Góngora al subsidio de paro,
el vodka barato, las peleas de gallos,
hoy sabréis de una vez por todas
qué demonios es eso de la belleza.

La belleza.
La belleza.

Unidad en la variedad.
Unidad en la variedad.

Aquello en lo que nada sobra.

Aquello en lo que nada falta.

Más adelante es posible que cambie el cuento.
Romeo era gay y Desdémona
una experta en artes marciales.
Aunque nunca antes nadie
antepuso Shakespeare
a tomarse un buen trago,
a pillarse dos gramos.

A vivir del Estado.

Prometed que seréis buenos.
Que nadie se hará daño manipulando
el complejo mecanismo de

la belleza.
La belleza.
La belleza.

Otros vendrán
y dirán que nada
significa exactamente nada.
Que han desmantelado los museos
y su gracia
se deposita ahora
en la esquina donde se vende,
en la cárcel donde se espera,
en la calle donde se pierde.

Pero hasta aquí, señor, no llega la señal.
No hay manera de conectarse.
No hay forma humana
de que podamos conectarnos con…

la belleza.

La belleza.
La belleza.
La belleza.

 

DISNEY 2 DARWIN 0

Es una epidemia, y es oficial.
Todo el mundo quiere cantar.
Boleros.
Decir: «Soy un artista
y puedo escribir los tristes
más versos esta noche.»

Es una epidemia, y es oficial.
Todo el mundo quiere cantar.
Boleros.
Sin nervio, sin sangre.
Boleros de algodón de azúcar,
a la venta en grandes superficies.

Hay un pelotón de víctimas
con el fusil cargado.
Hay un escuadrón de niños
con el fusil en alto.
Preparados, apunten.

Disney 1, Darwin 0.
Disney 1, Darwin 0.

(Se espera una reacción de Charlie
en la segunda parte).

Es una epidemia, y es oficial.
Todo el mundo quiere cantar.
Boleros.
Decir: «Soy único y me merezco
los dones más dulces de la providencia.
Es el tema de mi próximo libro.»

50 maneras de ser tú mismo,
40 motivos para el compromiso.
30 formas de volver a ser niño,
20 razones para el optimismo.
10 argumentos para ser tú mismo.
7 modos de volver a ser niño.
2 evidencias para el optimismo.
Sólo hay una forma de compromiso.

Conmigo mismo.
Conmigo mismo.

Hay un pelotón de inocentes
con el fusil cargado.
Preparados, apunten.

Disney 2, Darwin 0.

 

LA DISCO YIHAD

Hoy hace buen tiempo, es hora de ir a bailar.
Todo el mundo está bailando en la Disco Yihad.

Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen para la eternidad.
Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen en la Disco Yihad.

Nada de Aperol Spritz.
No preparan Jäger Bombs.
Viene escrito en el jadiz:
«No la tomes con
o te quedarás sin
fuentes, palacios y hurí.»

Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen para la eternidad.
Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen en la Disco Yihad.

Podrías caminar
sobre esa multitud que se arrodilla.
Llegarte al muecín y suplicarle:
«¿Sería tan amable de pincharme
La media luna sobre París?»
Pero esta no es tu fiesta,
ni tu barba
ha sido homologada por la CIE.
Ve a casa y abre una botella.
Allá en el fondo está el diablo.

Nada de Aperol Spritz.
No preparan Jäger Bombs.
Viene escrito en el jadiz:
«No la tomes con
o te quedarás sin
vino, jardines y hurí.»

Han decretado el toque de queda.
Han implantado la Ley Seca.
Han decretado el toque de queda.
Han implantado la Ley Seca.
Todo está cerrado a estas horas.
Todo, excepto
la Disco Yihad.

¿El portero no te deja entrar?
Nadie es profeta en su tierra.

Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen para la eternidad.
Tú trabajas para tus hijos.
Ellos lo hacen en la Disco Yihad.

Una trampa para pájaros (letras)

LA TIERRA QUEMADA

Ya dejamos atrás el invierno
y esta noche el pájaro canta
en el país de la tierra quemada.

Si mañana perdieras tu casa
– le decía una madre a su hijo –
aún te queda el amor, el amor, el amor.

Hace falta una hoguera.

Y que el humo te sirva de guía.
Y que el humo te sirva de aliento
en el país de la tierra quemada.

Lo que pasa de padres a hijos,
eso no te lo enseña la escuela.
Es algo más que el amor, el amor, el amor.

Hace falta una hoguera.

«Un hombre pequeño
provoca una guerra,
un disparo que nadie escucha.
Una guerra que creará
otra civilización,
otra civilización.»

Esta noche habrá toque de queda,
y se oirá el crepitar de las llamas
en el país de la tierra quemada.

Me cansé de rezar a una imagen
y ahora voy a empezar una guerra.
¿Quién necesita el amor, el amor, el amor?

Hace falta una hoguera.

Y que el humo te sirva de guía.
Y que el humo te sirva de aliento
en el país de la tierra quemada.

Ya dejamos atrás el invierno,
y ahora voy a empezar una guerra.
Baila conmigo en la tierra quemada.

Hace falta una hoguera.

«Distintos asesinos y las mismas razones
para matar.
Otras ciudades de paja
en mitad del desierto,
niños creyendo mentiras regaladas,
esclavos con horizontes
pintados en sus muros.

Un día se acabará la pólvora y nos envenenará
la lluvia.»

Bailas muy bien.
¿Quieres bailar conmigo?

Letra de «La tierra quemada»: Nacho Camino/Óscar Aguado

KALENDA MAYA

Ve a ver si la fruta se da…
Si está madura…
Este campo promete la vida
y la sepultura.
Ve a ver si la fruta se da…
Si está madura…
Que a mí me da miedo mirar,
y me da pavura.

Día de kalenda maya.
Día de kalenda maya.

¿Qué raíces podemos echar
en estos eriales,
si la tierra nos es tan ajena
como los animales?

¿De qué vamos a untar la cucaña,
cuando sea por mayo?
De mi sangre, por la que resbala
el sudor de tus manos.

Día de kalenda maya.
Día de kalenda maya.

Hay un charco de lluvia en mis ojos,
haciéndose barro,
donde luchan los mozos del pueblo
moliéndose a palos.

Hay un charco de sangre en mis ojos,
haciéndose vino,
que se han de beber las mujeres
que tanto he querido.

Día de kalenda maya.
Día de kalenda maya.

UNA TRAMPA PARA PÁJAROS

Ponte el mejor abrigo,
que al fin hay hielo.
Vamos a patinar hoy al lago.
Escribiré tu nombre
con mis cuchillas,
antes que el sol empiece su estrago.
Mira si son felices,
mira si ríen,
con tanta agua como hay debajo.
Dime que tú lo has visto,
dime que aún vuela
el pájaro hacia la primavera.

La vida es trampa para pájaros.
La vida es una trampa para pájaros.
La vida es trampa para pájaros.
La vida es…

Una pequeña caja de madera, lo bastante grande para rodear al pájaro sin lastimarlo, pero lo bastante pequeña para que sea fácil de llevar, se apoya en una varilla con cebo. Cuando el ave entra en la trampa para comer el cebo, se tira de la varilla, la caja se cae y…

Enséñame otro juego
que no conozca.
Este ya empieza a ser aburrido.
Enséñame otro juego
que no conozca,
para que no me muera de frío.
Tu madre nos vigila
tras las ventana,
tu padre tiene el genio muy vivo.

La vida es trampa para pájaros.
La vida es una trampa para pájaros.
La vida es trampa para pájaros.
La vida es…

Una pequeña caja de madera, lo bastante grande para rodear al pájaro sin lastimarlo, pero lo bastante pequeña para que sea fácil de llevar, se apoya en una varilla con cebo. Cuando el ave entra en la trampa para comer el cebo, se tira de la varilla, la caja se cae y…

Hoy, al cruzar el puente,
nos escoltaba
un pájaro de mal agüero.

Pájaro de mal agüero.
Pájaro de mal agüero.
Pájaro de mal agüero.

DIOS ESTUVO AQUÍ

Si, después de todo, descubres que el cielo no es más
que una casa en ruinas,
donde alguien un día escribió en la pared
del salón:
«Dios estuvo aquí».
Si resulta que el cielo no es más que una casa vacía,
no temas, mi vida:
tú aún vives en mí.

Si al llegar te recibe un silencio de piedra, tal vez
te sientas perdida.
Y en la noche más larga quizá no comprendas
por qué
no hay luz ahí arriba.
Sólo quédate quieta y oirás un rumor que te alcanza.
Desde la frontera
que te separa de mí.

Si esta noche los ángeles no te cantan una canción
de esas que no mueren…
Si esta noche los ángeles no te cantan una canción
de esas que no mueren…

Cantaré en lo profundo del bosque y en la encrucijada.
Allá donde vaya, tú
aún vives en mí.
Sólo quédate quieta y oirás el rumor que te alcanza.
Desde la frontera
que te separa
de mí.

El espíritu nacional (letras)

 

EL ESPÍRITU NACIONAL

Me estoy formando en el Espíritu Nacional.
Y he de decirte que no me va mal,
nada mal.
Lástima que tú no pienses igual,
para vivir juntos en este amor colectivo.

Me estoy formando en el Espíritu Nacional.
Tengo un grito de guerra
y domino una lengua ancestral.
Lástima que no la sepas hablar,
para pasar juntos el resto de nuestros días.

Me estoy formando en el Espíritu Nacional.
Sacudo el árbol
y veo
las nueces
caer.
Lástima que también tú has de caer,
fruto de la lógica revolucionaria.

Me estoy formando en el Espíritu Nacional,
y, al calor de la tribu,
no sé si te podré olvidar.
Presiento que volverá a suceder,
y uno de los dos habrá de helarnos el corazón.

 

JOHN WAYNE

Un paso más y serás hombre muerto,
sólo un paso más y hoy habrá cónclave en el cielo.
Aléjate, no querrás que te quite
lo que pudo ser
y todo lo que siempre fuiste.

Ven: si es pronto para ti,
hoy lo sabrás por fin.
¿Eres o no eres John Wayne?

Te esperaré, dejando atrás la luz del día.
Te esperaré a ti, John Wayne.

Sé que voy mal en todas las apuestas.
Sin embargo, a ti te patrocina
Smith & Wesson.
Tú eres el héroe, yo el forajido.
Sólo un paso más. Un paso más
y estoy perdido.

Ven, si es pronto para mí,
hoy lo sabré por fin.
¿Eres o no eres John Wayne?

Te esperaré, dejando atrás la luz del día.
Te esperaré a ti, John Wayne.

 

TODOS TENDRÉIS PRIMAVERA

Mi novia lee libros de Marx y de Bakunin.
¿Para qué? No lo sé.
Algo cambió
desde que fuimos a aquel Comité para la rebelión.

Y ahora dice que está muy indignada.
Tanto que ya no sé si es sólo con el poder
o conmigo también.

Maldita Revolución,
me has arruinado la vida.
Todos tendréis primavera
y yo me quedo sin ella.

Mi novia lee de claro en claro
y por la noche, alguna vez.
¿Qué es lo que voy a hacer?
Todo empezó con las cervezas
después de votar
No al Capital.
Pude ver cómo miraba,
enamorada,
al líder sindical:
un tipo joven que, además,
no hablaba mal.

Maldita Revolución,
me has arruinado la vida.
Todos tendréis primavera
y yo me quedo sin ella.

Tiempo después,
se convirtió en agitadora habitual
de la gran masa social.
Y, con desdén,
me reprochaba que no fuese al Comité,
que no muriese de pie.

Declaró que no aprobaba mi conducta,
y me llamo burgués,
pijo, fascista y prisionero
del capital.

Recuerdo bien
lo que llevaba el día en que me dejó
para pasar a la acción.
Un mono gris,
la palestina que compró en Louis Vuitton
y unos Manolo Blahnik.

Hice un último intento por retenerla,
pero se fue de mí,
gritando algo de «una playa y un adoquín».

Maldita Revolución,
me has arruinado la vida.
Todos tendrán primavera
y yo me quedo sin ella.

Nunca hemos sido modernos (letras)

 

LO VUESTRO ES IMPOSIBLE

Así pasen mil años,
lo vuestro es imposible.
Como Mac y Microsoft,
como Dalila y Sansón.
Una raya en el agua,
los viajes en el tiempo:
eso parece posible.

Pero tú no eres Jean Paul Sartre,
ni tú Simone de Beauvoir.

Aunque vayáis de la mano,
lo vuestro es imposible.
Como Foreman y Ali,
como la Luna y el Sol.
Una casa de arena,
cruzar la antimateria:
eso parece más fácil.

Pero tú no eres Jean Paul Sartre,
ni tú Simone de Beauvoir.

Y si algún día sucede
que – andando por las calles –
me tropiezo a vuestros hijos,
les diré, sin pensarlo dos veces:
«Sois seres imposibles,
pero el mundo está bien hecho.»

Porque yo no soy Jean Paul Sartre,
ni mucho menos Simone de Beauvoir.

LAS MUCHACHAS SIN CORAZÓN

¿Quién va a recoger este montón
de ceniza?
¿Quién hará con él una canción, un poema?
Un reality show
con figuras de latón
y muchachas sin corazón
que se ríen sin parar.

¿Quién va a recoger este montón
de chatarra?
¿Quién hará con él un theremin,
la guitarra de Lou Reed?
Las trompetas
de San Juan,
para que las puedan oír
las muchachas sin corazón.

¿Quién va a recoger este montón
de basura?
¿Quién conseguirá que se le dé
sepultura?
¿Qué dirán las noticias de la 2?
¿Qué dirán las muchachas en flor
al oír esta canción?

NOSOTROS

Aquí, donde jamás se apagará luz,
me ocupo de vivir.
Nada más.
Aquí, entre mis cuatro paredes de cristal,
soy todo lo que hay.

Saluda a la cámara, camarada.
Piensa en lo que espera ahí fuera.
Piensa que, tal vez…
Tal vez, Siberia.
Pregúntale a tu centinela
qué es lo que te espera ahí fuera.
Piensa que, tal vez…

Resuelvo la ecuación, afino mi violín.
Me empeño en existir.
Nada más.
Vosotros que miráis detrás de ese cristal,
decidme lo que veis.

Saluda a la cámara, camarada,
y al destino que te aguarda.
Piensa que, tal vez…
Tal vez, la fama.
Pregúntale a tu centinela
qué es lo que te espera ahí fuera.
Piensa que, tal vez…

NUNCA HEMOS SIDO MODERNOS

Déjame, déjame, déjame entrar en tu casa:
la telaraña que une,
une el amor y la muerte.
Déjame, déjame, déjame, déjame darte
todo el amor que te tengo.
Nunca hemos sido modernos.

Ven y seamos la copa de más en el cuerpo,
la que promete violencia.
Nunca hemos sido modernos.
Ven y repite conmigo lo que nadie dice:
que hoy es un día de fiesta,
pero mañana está cerca.

Siempre quisimos y nunca hemos sido,
nunca hemos sido modernos tú y yo.
Siempre quisimos, y nunca hemos sido
modernos.
Modernos, tú y yo.

Sácame, sácame, sácame de esta taberna.
Suena la caja tan alta
que me repica en los huesos.
Sálvame, sálvame, sálvame de los profetas:
Un horizonte de nubes
quieren abrir en mi pecho.

Siempre quisimos y nunca hemos sido,
nunca hemos sido modernos tú y yo.
Siempre quisimos, y nunca hemos sido
modernos.
Modernos, tú y yo.

ROSE

Me gustan las veces
que dices en broma
– o, quizá, totalmente en serio –
que morirás joven;
echándole el humo a los ángeles del cielo
y al demonio sin alas.

¿Qué me importa
si está bien o está mal?
Con un café y un par de cigarrillos,
hoy soy feliz.
A tu lado, Rose.

Rose.

Adoro los martes
que vamos a casa del Doctor,
con el alma herida.
No todo es mentira:
domina el amor en una espléndida rutina
de cervezas y libros.

¿Qué me importa
si está bien o está mal?
Con un café y un par de cigarrillos,
hoy soy feliz.
A tu lado, Rose.

Rose.

Me gustan las veces
que dices en broma
– o, quizá,
totalmente en serio –
que morirás joven;
echándole el humo a los ángeles del cielo
y al demonio sin alas.

¿Qué me importa
si está bien o está mal?
Con un café y un par de cigarrillos,
hoy soy feliz.
A tu lado, Rose.

Rose.

YO QUE HE SERVIDO A LA REINA DE INGLATERRA

El discípulo en la tarima
canta la lección a gritos.
Todos ríen y se enamoran
del reflejo de sí mismos.

Han cerrado ya la frontera
a los bárbaros del Norte.
No quedarme a solas quisiera
con los hijos de la LOGSE.

Yo que he servido a la Reina de Inglaterra,
¿no es muy triste
que ahora tenga que convencerte de que
no todo vale?
Yo que he cantado ante Príncipes y Jefes del Estado,
nada habrá importado
si ahora vienes tú y dices que todo vale.

El artista en la tarima
hace ejercicios de estilo.
Todo vale en tanto la rima
sea yo, mi, me, conmigo.

Sólo quieren ver qué se siente
-que algo bello se destruya-
los eternos adolescentes
y el Ministro de Cultura.

Yo que he servido a la Reina de Inglaterra,
¿no es muy triste
que ahora tenga que convencerte de que
no todo vale?
Yo que he cantado ante Príncipes y Jefes del Estado,
nada habrá importado
si ahora vienes tú y dices que todo vale.

El político en la tarima
nos predica su evangelio.
Todo vale en tanto la rima
se someta a mi gobierno.
De la cuna hasta la tumba,
tengo sólidos principios:
todo lo que hoy se derrumba
lo reconstruirán mis hijos.

Mañana.

El discípulo en la tarima
canta la lección a gritos.
Todos ríen y se enamoran
del reflejo de sí mismos.

Yo que he servido a la Reina de Inglaterra,
¿no es muy triste
que ahora tenga que convencerte de que
no todo vale?
Yo que he cantado ante Príncipes y Jefes del Estado,
nada habrá importado
si ahora vienes tú y dices que
todo vale.

ÉRAMOS TAN FELICES

Éramos tan felices
que hasta quisimos arruinar
el futuro.
En el largo verano,
fuimos el fuego y la sal
de la tierra.

Y ahora, ¿qué?,
dice tu buitre fiel.
¿Qué vas a hacer?
¿Lamentarte otra vez
o acabar con esta maldición?

Cuando el tiempo era un niño
(algo que sólo amenaza a los demás)
y las horas giraban sobre sí mismas
y al compás
del ventilador…
Trabajabas la tierra
para cavar en tu vivir el monumento.

Quizá nada dure cien años,
pero el instante es eterno.
Es eterno.

Y ahora, ¿qué?,
dice tu buitre fiel.
¿Qué vas a hacer?
¿Lamentarte otra vez
o acabar con esta maldición?
Y ahora, ¿qué?,
ladra tu perro fiel.
¿Que harás, por fin?
¿Resignarte a morir o empezar
una revolución?

Éramos tan felices,
cuando todo cambió
para seguir igual…

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Dices conocer el futuro,
qué es lo que me conviene,
qué necesito saber.

Dices que el final está cerca
si no pongo remedio.
Y que el remedio eres tú.

Y si al final no hay nada,
estallará
la Revolución Francesa.
Si es que al final no hay nada,
te juro que
pediremos tu cabeza.

Quieres que me acueste en tu lecho,
y estirarme los brazos
para igualarme a tu amor.

Quieres que me encoja de hombros
y soporte el castigo.
Pues ya te digo
que no.

Y si al final no hay nada,
estallará
la Revolución Francesa.
Si es que al final no hay nada,
te juro que
pediremos tu cabeza.

TERESA

Esa blanca luz ya está aquí:
arde en mis entrañas como una flor.
Ese calor blanco está aquí:
brilla en mi cerebro como una flor.
Dame hoy tu gracia, Señor.
Dame la sustancia, dame valor.

Tan alta vida espero que
muero porque no muero,
y hasta tocar el cielo tendré
que hundirme más.

Hoy he preguntado por ti:
nadie me responde en este lugar.
Suplicando en la oscuridad
de la fría celda del corazón,
solamente una vez más:
dame la sustancia, dame valor.

Tan alta vida espero que
muero porque no muero,
y hasta tocar el cielo tendré
que hundirme más.

Y hasta tocar el cielo tendré
que hundirme más.
Y hasta tocar el cielo tendré
que hundirme más.

OSman: Libro I. Capítulo II.

La música en mi cabeza no fue siempre este pitido calante del que os he hablado. Cuando era niño oía sinfonías enteras, con sus fanfarrias luminosas, sus cuerdas cálidas y todo el sinfín de lugares comunes que podáis asociar a los distintos timbres musicales. No se trataba de una obra ajena que hubiese  almacenado en mi cerebro, sino de una, digámoslo así, creación original que se renovaba a sí misma con absoluta autonomía. Sin duda, ése fue el motivo de que tardase tanto en proferir mi primer balbuceo: una especie de modulación wagneriana que asustó muchísimo a mis padres. Hasta aquel día, estaban convencidos de tener un hijo tonto, y asumían esta desgracia con el resignado amor que es propio de tales casos. Para reforzar su duelo, no faltaron los pediatras que me diagnosticaron afasia, amnesia, autismo y, en general, todas las patologías que empiezan por a.

Mi cromático despertar al lenguaje, que mi madre recordó tiempo después como una «psicofonía en la voz de un niño», dio paso a nuevas interpretaciones sobre mi estado, de entre las que prosperó aquélla por la cual el hemisferio derecho de mi mollera estaría experimentando un desarrollo fuera de lo normal. ¿O era el izquierdo? El caso es que el Doctor Méndez fue quien sugirió a mis padres la posibilidad de estar ante un prodigio de la naturaleza. Un prodigio musical, para ser exactos. Ignoro lo que sabría el doctor de neurología, pero lo cierto es que era un buen aficionado al jazz.

Esto animó mucho a la Sra. Manso, no porque fuera a sentir más amor del que ya sentía por su hijo, lo cual era imposible, sino porque al fin podría repeler los gestos de conmiseración de sus amistades con una buena dosis de orgullo genético. No es lo mismo presentar en sociedad a un desahuciado que a Mozart redivivo. Mi padre, en cambio, se preguntaba de dónde habría podido sacar ese talento un vástago de su estirpe, en la que no abundaban, precisamente, el discernimiento melódico ni las filigranas rítmicas. Mi madre ni siquiera había escuchado Eine Kleine Nachtmusik durante su embarazo, pues la música no ocupaba un puesto de honor en sus tribulaciones como asesora fiscal. Además, había leído que esa música se la ponían a las vacas de Wisconsin para que dieran más leche. Y aquí no se trataba de que un niñato con peluca y chupa rococó le estrujara las ubres. Tonterías.

La tesis era de doble sentido. O bien las alucinaciones musicales me predisponían para la música, o bien eran mis facultades musicales las que me provocaban aquel continuum filarmónico. Fuera de uno u otro modo, mis padres concluyeron que sería muy conveniente aprovechar aquellos dones y pagarme unas clases de piano. El Doctor Méndez aprobó la idea, aunque, en su modesta opinión, el saxo alto era un instrumento con menos competencia y de una versatilidad muy apreciada. Al fin y al cabo, pensaban, alguien que oye música las veinticuatro horas del día debe de tener mucho trabajo avanzado. El conocimiento de la técnica haría el resto.

Pero nada es tan sencillo…

Como era de esperar, la cantinela somática me distraía de mis encuentros con  la música mundana. En realidad, me distraía de cualquier otra cosa, incluidas las más elementales pautas de interacción con otros seres humanos. Pero sobre esto abriremos un capítulo aparte. Lo que ahora quiero dejar por escrito es cómo mi profesora de piano llegó a un diagnóstico mucho más cruel que el de los médicos que habían investigado mi mal.

– Este niño tiene una oreja delante de otra. Y ni un gramo de sensibilidad.

Mi madre asentía, porque en su casa le habían enseñado a respetar la autoridad del experto, pero en realidad imaginaba a la Sra. Castañón siendo objeto de las peores sevicias. Lo adivinaba por un gesto suyo con el que solía poner diques a la expansión de los instintos. El gesto en cuestión consistía en morderse el labio con las paletas superiores hasta hacerse sangre.

– Ustedes pueden seguir pagando estas clases y yo no les pondré ningún impedimento para ello… Pero mi ética profesional me obliga a decirles que este muchacho no ha nacido para la música. Tiene zarpas en lugar de manos.

Está bien, me toca defenderme. No es que fuera insensible a los matices del señor Muzio Clementi, quien, por otra parte, era un ladrillo de mucho cuidado, sino que debía equilibrar los volúmenes de lo que oía en mi cabeza con los sonidos que, literalmente, arrancaba del noble instrumento. Si no quería que las alucinaciones me arrastraran a su particular tempo, a su tonalidad propia, entonces debía golpear las teclas con toda la fuerza que me fuera posible. Y vaya si me empleaba a fondo. No había Andante lírico que yo no transformara en una intimidante marcha militar, ni pasaje tan delicado que no pudiera convertir en un aquelarre a las mismísimas puertas del infierno. Ciertamente, la Sra. Castañón debió sufrir lo indecible en aquellas tardes de violenta mecanografía. Pero mi madre no estaba dispuesta a aceptar el veredicto.

– Este niño nació con la Música en su cabeza. Y creo que usted se está encargando de expulsarla a patadas. Buscaré a quien sepa mantenerla en el sitio que le corresponde. Adiós.

El amor consanguíneo no entiende de imposibles ontológicos, como veis.

Mi madre, con sangre en los labios, prometió buscarme otra víctima que ofrecer al altar profanado de Terpsicore. Ya os hablaré de ella, porque ahora hemos de volver a la Cáscara de Huevo.

OSman: Libro I. Capítulo I.

Podría deciros que me llamo OSman y esperar, como ocurre en las presentaciones habituales, una señal de aburrida complacencia. Ah, OSman, encantado de conocerte. Pero intuyo que alguno de vosotros ya habrá arrugado el entrecejo y deducido que alguien que se hace llamar así sólo puede ser un artista famoso o un perfecto imbécil, si es que no ambas cosas a la vez. Como no he llegado a convertirme en lo uno, ni mi orgullo es tan débil como para aceptar considerarme lo otro, os adelanto que satisfaré vuestra posible curiosidad en el momento indicado, cuando ya sepáis algo más sobre el portador de esta doble y mayúscula infamia. Por ahora, baste añadir que la s de mi nombre se ensoberbeció sólo en la edad madura, y que, por mucho que os cueste creerlo, no fui yo el responsable de esa estúpida mutación nominativa.

También quiero que sepáis que estamos muy cerca del final de la historia. No la del señor Fukuyama, claro está, pues ésa también soporta el gracioso envanecimiento de las letras capitales, sino la mía. Que haya decidido abrir por el cierre no significa que tenga pretensiones de originalidad, sino que el origen se explica por los límites últimos de la acción que produce. Y, en mi caso, ese límite es una sola nota, un pedal incesante, un bordoncillo agudo que me zumba en los oídos mientras hago mi entrada en la Cáscara de Huevo. Los médicos me han dicho que es un simple acúfeno, también llamado tinnitus, y que tras el síntoma de ese punzante campanilleo no se detecta ninguna infección o traumatismo que deban preocuparme. Yo les dejo hablar, porque en mi casa me enseñaron a respetar la autoridad del experto, pero sé que se equivocan y que la resolución es inminente. Sospecho que lo próximo será un ruido blanco, como el de una televisión que no está sintonizada o el de uno de esos cedés que incluyen una solitaria pista de semejante ruido con el fin de conciliar el sueño.

Pero os dije que estaba entrando en la Cáscara de Huevo, y eso me hace temer que entendáis tal afirmación de un modo literal, como si se os hubiera invitado a una innecesaria revisión de El Increible Hombre Menguante. Nada hay aquí de extraordinario, puesto que la Cáscara es sólo una de las sedes que el Aparato emplea para festejar sus logros y rodear a sus funcionarios y siervos de una liturgia apacible. Si se le llama así es porque tiene esa forma ovoide; signo, si queréis, de que nuestros señores, al contrario que este humilde servidor, prefieren el orden ab ovo antes que encomendarse a las veleidades del azar y la libre asociación de ideas. Así que me introduje en el plasma germinativo del Aparato, mientras oía esa única nota, un Mi con sensible tendencia al Fa, aunque a veces me parezca un Fa que ansía recalar en su frecuencia vecina. En la entrada, una azafata me entregó un díptico de papel ilustración mate, en el que se refería la secuencia abrumadoramente lógica del acto institucional. La chica se me quedó mirando y preguntó:

– Usted es OSman, ¿verdad?

Asentí. Antes dije que no era un artista, pero eso no significa que no sea famoso. En realidad, OSman es el famoso. Y detrás de esta fachada altisonante habita un individuo que responde al sencillo nombre de Rafael Manso.

– Sí, de alguna manera soy yo. Y tampoco.

XVI PREMIOS AL EMPRENDIMIENTO CULTURAL Y E-DUCATIVO  «MAURICIO MANCHA»

11.15: Presentación a cargo de D. Ernesto Caballero (Fundación Leda)

11:30: Conferencia a cargo del Consejero de Educación, Excelentísmo Sr. D. Francisco Mancha.

12: 30: Ágape.

13:15: Actuación musical: Grupo Melodyne.

13: 45: Entrega de premios.

14: 15: Clausura.

Ya veis, todo un programa, casi un itinerario vital concentrado en poco más de tres horas. Podréis figuraros que alguien incapaz de presentarse como es debido ni de justificar en modo alguno su rareza onomástica se enfrente a una perspectiva como ésa sin demasiado entusiasmo. Ya tendremos ocasión de relatar lo sucedido en cada uno de los hitos horarios, aunque tal vez os haga comer las manzanas antes que el huevo y la digestión se os haga insoportable. Pensad que el tinnitus me zumba en la cabeza de un modo tal que cualquier estímulo es susceptible de llamar mi atención, si así se me concede olvidar por un segundo esta música plana, minimalista y terca como el Excelentísmo Encefalograma de nuestros amados próceres.

Tened paciencia conmigo.

Lo tuyo es puro teatro

ESCENA IV

(Estamos en la sala principal. El Psicopeda y el profesor Di María ocupan el centro del escenario. Permanecen de pie, en una posición inmóvil y ligeramente inhumana, como androides que estuvieran cargando sus baterías. Delante del profesor Di María hay una mesa. Sobre ella, una tela blanca tapa una serie de objetos de diferentes alturas e indefinible relieve. Cuando los profesores entran en la habitación, el Psicopeda y el profesor Di María recuperan la capacidad motriz y sus rostros se animan)

PSICOPEDA: Adelante, adelante. Siéntense, hagan el favor, quiero presentarles a un invitado muy especial. ¿Qué tal ese cafelito?

CARMONA: Cervecita. El café, para la resaca.

PSICOPEDA: Ah, tunante… (A todos) ¡Muy bien! Si antes hemos dejado atrás el pasado, en esta sesión quiero que sean ustedes testigos del futuro. Hoy está con nosotros el profesor Walter Di María, reconocida figura en el campo de la Didáctica Democrática, Asesor Educativo de la Unta y Doctor Honoris Causa por la Universidad Franz de Copenhague.

REQUENA (A Carmona, cuchicheando): Con esa cara…

CARMONA: Ya te digo.

PSICOPEDA: El profesor Di María va a compartir con nosotros una buena práctica docente que le reportó el Primer Premio de la UNESCO a la Innovación Pedagógica. Comprendo que quizá es demasiado pronto para algunos de ustedes, y que las estrategias de tan reputado especialista pueden resultarles, ¿cómo decirlo?, demasiado avanzadas. Si advierten que no pueden seguir sus explicaciones, no se preocupen. Con el paso del tiempo, lo que hoy les parece inaccesible mañana les resultará tan natural como el aire que respiran. Tengan en cuenta que el profesor Di María…

DI MARÍA: Decime Walter…

PSICOPEDA. …que Walter es una referencia para todos nosotros. Creo que sólo con escucharlo saldremos de aquí convertidos en otras personas. Pero lo mejor es que lo vean por ustedes mismos. Cuando quieras, Walter…

(Aplausos)

DI MARÍA: Gracias, Salvador. En primer lugar, quiero agradecerles su presencia y manifestarles mi sincera admiración por su talante inconformista. Son ustedes lo que la sociedad demanda, gente comprometida, gente entusiasta, gente que busca siempre el modo de superar sus límites. Que son muchos…Confío en que la experiencia que voy a mostrarles los impulse más allá de sí mismos. Pero sin hacerse daño, ¿eh?
En segundo lugar, la Escuela, tal y como está concebida, es una especie de cárcel, este… una prisión llena de esclavos chiquititos y unos señores muy serios que se creen en posesión de la verdad. Pero, ¿qué verdad?, ¿no es cierto? Pues no, no es cierto que haya una verdad unívoca, porque la verdad es polimórfica, es polisémica, es poliédrica… Es…. ¡política!

Y si no hay una verdad, ¿qué es el conocimiento? Pues yo quiero decirles lo que para mí es el conocimiento: ¡un mito! Hoy la muchachada tiene las redes sociales para ponerse al día de lo que pasa en el mundo… Ustedes sólo tienen que enseñarles a pescar, y ya ellos se conducirán del mejor modo. Por la izquierda, a ser posible. Al fin y al cabo, los niños son los auténticos sabios. Ya lo dijo Mark Twain: “Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.” ¡Ésta es la clave!

Por eso hay que apostar decididamente por un 4-4-2, jugando por los extremos y con un doble pivote en el centro de la cancha y…

PSICOPEDA: Esto, Walter…

DI MARÍA: Ah, sí, Salvador, me perdonás, que se me ha ido la cabeza a otro discurso… No, decía… la escuela tiene que salir a la calle. Y, si no, que sea la calle la que entre en la escuela… No importa. Así que no esperen que les hable de grandes teorías ni de severas cuestiones académicas. Yo les traigo a ustedes un saber posible. Exacto: ¡otro conocimiento es posible! Tanta milonga con aprender logaritmos neperianos, reyes godos, subordinaciones sintácticas, boludeces… Ya lo ven: ¡subordinaciones! Pura opresión de una élite meritocrática…

Hay que enseñar cosas útiles, cosas que todos puedan aprender, ¿no es cierto? Cosas que todos puedan manipular con sus propias manos. ¿Con qué, si no? Creo que no es necesario que les diga lo importante que es para nosotros la manipulación, ustedes se hacen una idea…
Y acaso tan importante como esta filosofía es disponer de las herramientas tecnológicas con que implementarla. Hoy, queridos amigos, quiero presentarles una de esas herramientas. ¡Et voilá!

(Retira la tela blanca que cubría la mesa. Se ve un cuenco de verduras, una botella de aceite, una botella de vinagre, un frasco de sal y, en el centro, un brillante robot de cocina)

TODOS: Oooooooooh…

DI MARÍA: En efecto, compañeras y compañeros… Les presento el Guadamix 3.1. ¿Dirían que es un simple robot de cocina?

MANUELA: Pues sí. Yo tengo uno parecido…

DI MARÍA: Pero estoy seguro de que usted lo llena de alimentos…

MANUELA: Pues claro. ¿De qué si no?

DI MARÍA: Disculpe: su nombre es…

MANUELA: Manuela.

PSICOPEDA: Ló-pez Fer-nán-dez.

DI MARÍA: Comprendo… Linaje de hidalgos, seguramente conquistadores imperialistas. Una pena… ¿Vos tenés imaginación, Manuela?

MANUELA: Imagino que sí.

DI MARÍA: Pues usála, querida mía… El robot de cocina es un concepto, una metáfora.

MANUELA: ¿De qué?

DI MARÍA: ¿Cómo de qué? Usá la imaginación.

MANUELA: No lo entiendo.

PSICOPEDA: Ya te dije, Walter, que estamos todavía un poco verdes. (A los profesores) Es otro nivel…

DI MARÍA: A ver, Manuela… ¿Qué cree que voy a hacer con estos ingredientes?

MANUELA: No sé, ¿un gazpacho?

DI MARÍA: Es correcto, pero sólo en términos literales. Con estos ingredientes, Manuela, yo voy a elaborar una unidad didáctica. ¿No lo cree posible?

MANUELA: Si usted lo dice…

DI MARÍA: Les haré la demostración. Y gratis, ¿eh?

PSICOPEDA: Disculpa, Walter: la unidad didáctica que nos vas a presentar, ¿es de tipo transversal? ¿Interdisciplinar? ¿Coeducativo? ¿Competencial?

DI MARÍA: Bueno, mirá…. ¡es un gazpacho!

PSICOPEDA: Claro, claro, un gazpacho… Es evidente, es evidente…

DI MARÍA: Noooooo, es broma, che… La unidad trata de las Competencias Básicas en un espacio dialógico, inclusivo y contextualizado.

(Un Auxiliar aparece mostrando al público un cartel con esta leyenda, como las azafatas en un combate de boxeo)

PSICOPEDA: Impresionante.

DI MARÍA: Sí, bueno, este… lo esencial es que el medio centro lleve la manija, tocando en corto para el media punta y abriendo la defensa con balones en largo a las incorporaciones de los carrileros…

PSICOPEDA: Profesor…

DI MARÍA: ¿Qué? Ah, sí… otra vez que me fui a la mierda… Disculpá, Salvador, pero es que tengo abiertos tantos frentes… Estábamos con el gazpacho dialógico, ¿no es cierto?

PSICOPEDA: E inclusivo.

LUPE: ¡Y texturizado!

DI MARÍA: Pues bien… Lo primero es presentar la unidad a los alumnos. ¿Qué objetivos queremos alcanzar?

REQUENA: Meter algo en el buche…

DI MARÍA: Claro, ésa es una necesidad primaria que debe ser cubierta… Pero miren más allá de lo matérico… No es tanto adquirir unos conocimientos como construirlos desde una perspectiva crítica. Ni el gazpacho es una mera sopa, sino un signo semiótico del mestizaje entre culturas…

REQUENA: Ah…

DI MARÍA: Desde el proto-gazpacho andalusí a la llegada del tomate americano, qué relato fascinante para contar a los niños, ¿no es cierto?…

MANUELA: Perdone, profesor. ¿Está usted pensando en una clase de Historia? La Reconquista, el Descubrimiento de América…

DI MARÍA (Volviéndose hacia el Psicopeda, sorprendido): Este, Salvador… ¿Qué le pasa a esta mina? ¿De qué pelotudeces habla? (El Psicopeda se encoge de hombros) (A Manuela) Mirá, Manuela, si querés hacer ideología fundá un partido, pero no intoxiques a los pibes con arengas colonialistas…

MANUELA: Son hechos históricos…

DI MARÍA: ¿Vos no escuchaste? Los hechos no son, ni históricos ni el orto, los hechos se construyen. Y, en última instancia, se deconstruyen. ¡Vos querés hacer un gazpacho xenófobo y totalitario!

LUPE: Gazpacho el que hace mi abuela… Pero un gazpacho normal, ¿eh?, sin cosas raras.

PSICOPEDA: Lupe: mejor atienda, que va usted por detrás de la clase…

MANUELA: Al menos algo de etimología, no sé…

DI MARÍA: ¿Etimología? Pero, ¿de dónde salís vos, Manuela? La etimología no se come… Rompé ese cascarón disciplinar en el que estás reclusa… Acá aprendemos lo que no se olvida… O sea, nada…

MANUELA: Pero…

PSICOPEDA: Perdón, Walter, si me permites… (A los profesores) Ya les dije que el profesor Di María va un paso por delante de todos nosotros. Incluso a mí me resulta difícil absorber la pluralidad de su pensamiento. Comprendo que estén desconcertados, pero no se impacienten: al final del camino, tendrán su recompensa.

DI MARÍA: Gracias, Salvador. (Coge el libro que está encima de la mesa) Mirá, sobre este tema tengo escrito un ensayo de seiscientas páginas donde se detallan todas las implicaciones curriculares. Está escrito en un lenguaje sencillo, no se apuren. Hasta ustedes podrían entenderlo, aunque sean profanos en metodología porteña. También, para los más sesudos, al final del libro hay un apéndice maravilloso que relata todos los River-Boca desde 1955.

PSICOPEDA: Extraordinario.

DI MARÍA: Así que, con su permiso, la justificación teórica se la leen ustedes en casa y ya la van asimilando. (Se quita la chaqueta y se remanga los puños de la camisa) En primer lugar, los contenidos: un kilo de tomates muy maduros, sin pelar. Un pimiento rojo pequeño, un diente de ajo, un trozo de cebolla, vinagre, sal y cincuenta gramos de aceite.

CARMONA: Y… ¿unos taquitos de jamón? ¿Eh?

DI MARÍA: No diga barbaridades, caballero. ¿Y si hay alumnos de otras confesiones? ¡Eso no es halal! ¡Ni kosher!

REQUENA: No se confunda, ¿eh? Que nosotros no somos neurálgicos del Régimen…

DI MARÍA (Mira al Psicopeda, confuso): Pero, ¿qué régimen? ¿De qué habla este boludo?

PSICOPEDA: Tranquilo, Walter. Son cosas nuestras…

DI MARÍA: Okay, nada de jamón, ¿estamos? Nuestro gazpacho es multicultural…

PSICOPEDA: Y contextualizado.

LUPE: ¡E intrusivo!

DI MARÍA: Vale, mirá, con la receta ya tenemos solucionada la competencia número uno, que es…

DOLORES: ¡Competencia en comunicación lingüística!

(El Auxiliar 2 atraviesa la sala con un cartel semejante al primero)

DI MARÍA: ¡Bravo! ¿Cómo dice usted que se llama?

DOLORES: Puede llamarme Lola…

DI MARÍA: ¡Lola! ¡Qué bello nombre, digno de la belleza de esta tierra!

DOLORES: Gracias, profesor Di María…

DI MARÍA: No, no, decime Walter… Creo que a lo sumo en dos meses se va a ganar usted un puesto de titular en el once, Lola. En la delantera, desde luego…

(Di María comienza a elaborar su gazpacho. A medida que el Asesor Didáctico “desarrolla” las Competencias, los dos Auxiliares se alternan para mostrar al público las respectivas cartulinas)

Pero continuemos: pasamos a introducir todos los ingredientes en el vaso, menos el aceite… Competencia en la interacción con el mundo físico… Programamos de tres a cinco minutos a velocidades 5-7-9 progresivo… Competencia matemática… Acá, si ustedes quieren, cambian “progresivo” por “progresista”, que quizá sea más fiel al espíritu que nos convoca, ¿no es cierto?

En el momento en que el alumno o la alumna accionan el mecanismo estaremos hablando ya de Competencia digital… Y seguimos… Incorporamos el aceite y mezclamos bien con la espátula. Este acto de mezcla, de mixtura, no es sino un símbolo de la integración cultural en las escuelas del siglo XXI… En este punto, si ustedes lo consideran pertinente, me añaden “escuelas progresistas del siglo XXI”, un concepto que los muchachos ya conocen… Esto es lo que se llama feedback, ¿no?… Luego tenemos, también, Competencia social y ciudadana…

PSICOPEDA: Magistral.

DI MARÍA: Gracias, Salvador. Pero, cuidado, que la cosa se complica. Les leo la siguiente nota que figura en la receta: “Si desea un gazpacho más emulsionado, ponga el aceite desde el principio, teniendo en cuenta que el color rojo será de menor intensidad.” Acá hay dos peligros evidentes que pueden desvirtuar el proceso de enseñanza-aprendizaje. En primer lugar, ¿quién querría un color rojo de menor intensidad? El gazpacho tiene que ser de un rojo sin complejos, un rojo convencido… Luego está esa palabra: “emulsionado”… Una complicación innecesaria… Ustedes pueden alentar a los chicos a que busquen la palabrita, bien es cierto… Pero nunca en el Diccionario de la Real Academia, por razones obvias…

MANUELA: Perdón. Y, ¿qué razones son ésas?

PSICOPEDA: Manuela, usted mejor que nadie debería saberlo…

MANUELA: ¿Cómo dice?

PSICOPEDA (Dando a entender con un gesto los problemas “domésticos” de Manuela): Walter, explícaselo tú, si eres tan amable… Es delicado.

DI MARÍA: Comprendo… A ver cómo se lo digo sin que se ofenda… La Academia es una institución patriarcal que denigra a las mujeres porque no respeta el lenguaje… de género. Me temo que es un asunto que le toca de cerca, ¿no es cierto? Dicho sea lo de tocar sin ningún ánimo de…

MANUELA (Se pone en pie): ¡Usted desconoce por completo las reglas de la Gramática!

DI MARÍA: ¡Reglas! ¡Ya salió la disciplina castrense!

MANUELA: ¡Usted confunde sexo y género!

DI MARÍA: Mirá, Manuela, las recomendaciones de la UNESCO son muy claras en este sentido…

MANUELA: ¡A mí la UNESCO me la trae al pairo! Esto es ridículo… ¡Y me largo!

PSICOPEDA: Manuela, es usted muy libre de abandonar la sala, pero le recuerdo que de proseguir con esta actitud no le será expedido el Certificado ACATE.

MANUELA: ¿Sabe dónde puede meterse el papelito?

DI MARÍA: Qué grosera…

MANUELA: ¡En el orto!

(Abandona la sala por el lateral izquierdo)

DI MARÍA: Bueno, ¡qué lamentable espectáculo! En fin… Siempre hay quien se resiste a seguir la dirección adecuada. Pero esto no debe hacerles mella… Si les parece, acabamos la actividad y nos tranquilizamos con una tapita de este gazpacho dialógico-inclusivo-contextualizado-multicultural y rojo.

PSICOPEDA: Adelante, profesor… No sabe cuánto lamento este malentendido…

DI MARÍA: Perdé cuidado… Como dicen ustedes, “arrieritos somos….” ¿Por dónde íbamos?

PSICOPEDA: Creo que iba a hablarnos de la Competencia para aprender a aprender…

DI MARÍA: Por descontado… Los alumnos y alumnas deben recurrir a plataformas comunitarias donde el conocimiento, aun siendo un mito, se consensúe. Por eso, nada de sexistas diccionarios decimonónicos… Estimulemos la cultura wiki…
Por lo demás, en cuanto a la Competencia en autonomía e iniciativa personal, les diré que este pedagógico gadget tiene una autonomía de nada menos que seis horas sin conexión a corriente, lo cual abarca el horario de una jornada escolar, si no me equivoco…

DOLORES: ¿Y la Competencia artística, Walter? Lo digo porque es un poco mi campo…

DI MARÍA: ¿Es usted profesora de Dibujo?

PSICOPEDA: Depiladora… Hace la Caribeña.

DI MARÍA: Ah, una destreza encoñable… encomiable. Pues para los artistas tengo una sorpresa, el truco de prestigio, il piú difficile ancora… Permítanme que sirva el gazpacho… (Los Auxiliares le acercan unas bandejas con cuencos. Di María va sirviendo las raciones) Acérquense, tienen que probarlo… (A los Auxiliares) Y ustedes, si son tan amables, me traen el lienzo…

CARMONA: Venga, Agus, a ver si se me asienta el estómago…

LUPE: Qué rico… Igualito que el de mi abuela… Qué lástima.

REQUENA: Güeno, güeno. Eso sí, unos taquitos de jamón y ya sería perfecto…

(Los Auxiliares acarrean un gran lienzo blanco y lo apoyan en un caballete)

DI MARÍA: Bien, y ahora, con el sobrante, los muchachos pueden dar rienda suelta a su creatividad. Estoy pensando en una acción tipo performance… en la línea del dripping painting de Jackson Pollock…

CARMONA: ¿Cómo?

DI MARÍA: Que aproveche… No, digo, que arrojen no más el contenido de sus cuencos sobre la tela…

DOLORES: Aaaaah…

DI MARÍA: ¡Así!

(Vierte el gazpacho sobre el lienzo, con pose trascendente)

DI MARÍA: Adelante, su turno.

(Los profesores imitan a Di María. Llevados por un impulso atávico, esparcen la sopa, componen figuras, pasan la lengua por la superficie, ríen compulsivamente)

PSICOPEDA: Genial, sencillamente genial.

DI MARÍA: Por supuesto. Fíjese qué maravilla… Podríamos llamarlo Gazpacho Nº 1. ¿Qué museo no lo exhibiría?

(Mientras los profesores retozan, el Psicopeda y Di María caminan hacia el proscenio y mantienen una conversación privada)

PSICOPEDA: Oye, Walter, sensacional, ¿eh? Yo sólo veo un problema…

DI MARÍA: Decime…

PSICOPEDA: El Guadamix este, 3.1…. ¿no es un poquito caro?

DI MARÍA: Noooooo, che… Ya tenemos firmado un acuerdo con una casa alemana. Nos sale bien de precio, comisiones aparte… El Consejero ya me dijo que quiere uno por alumno para el próximo año… Un modelo básico… Y ergonómico, vos sabés, que quepa bien en la mochilita…
Esto es el futuro, Salvador… (Le da unas palmaditas en el hombro)

PSICOPEDA: Cómo lo sabes, Walter, cómo lo sabes…

(De un lateral, sale un balón de fútbol. Llega hasta Di María, que le da unos toques sin que caiga al suelo)

DI MARÍA: Estoy en forma, ¿eh?

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Esta escena pertenece a «La reeducación sentimental», cuyo texto completo puede descargar aquí . Y recuerde: la realidad siempre supera a la ficción.

La (re)educación sentimental (Teatro)

«En el Papiro Boulaq 18, datado en la dinastía XIII, hay un símbolo para el cero: el término nfr

nfr

según Lumpkin.[1] El escriba utiliza el signo hierático nfr.»

(Wikipedia)

«Volviendo al egipcio nfr, según Faulkner [5], significa «de apariencia, bello, hermoso» y «de condición, feliz, bueno, bien», sin olvidar su condición matemática de «cero; nfr n “no”, “no hay”» y «nfr w nivel del suelo, base»».

(«El ocultamiento del cero en el Antiguo Egipto», de Iván Rodríguez López. Fuente:http://www.jlgimenez.es/colaboraciones/ocultamiento_cero_egipto.htm)

Para leer La (re)educación sentimental, pulse aquí:

La (re)educación sentimental

La lección de Geografía

La lección de Geografía 

 

El mapa es vuestra Tierra.

No los valles, los montes, la sorda soledad

de los apriscos.

No el murmullo falaz de los arroyos

ni los niños

que escupen un idioma farisaico.

 

El mapa.

 

No el turbión de las noches sin estrellas

ni la fruta repleta de gusanos.

Tampoco las ciudades invisibles,

las sendas retorcidas o los niños

que ocultan en la sangre un extranjero.

 

El mapa.

 

Los hombres y mujeres que han cruzado

heridos de silencio la frontera,

no los mires. Su lenta procesión,

que no te aflija.

 

Del peso de la rama generosa,

tan pródiga que muere en la abundancia,

terminan por caer algunas nueces.

 

Son cosas de la historia, así que olvida

las frases que te dicta la conciencia.

 

Porque el mapa es lo único

que importa.

Porque es más cierto que el raigón profundo

del árbol milenario.

Más que el tiempo analógico del mito;

feliz como un axioma

de dientes afilados, inocente

como el niño

que aún no ha despertado a la calumnia.

 

Y, así pues:

no la música,

no la danza,

no la vida.

 

Ni las arquitecturas imposibles

ni el fulgor matemático del rayo,

la savia primordial de las auroras

o los niños

que van a suspender en Geografía.