Homo Excel

 

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Ayer me avisaba Facebook de que un año atrás había compartido en la red una reseña de “La tarima vacía”, el estupendo libro de Javier Orrico que da cumplida cuenta de la aniquilación de la enseñanza pública. Al comentario adjuntaba una fotografía en la que se podía ver un ejemplar del mismo, colocado estratégicamente sobre la misma tarima en la que un servidor imparte clase.  La tarima vacía sobre la tarima vacía.

Pensé entonces en todo lo que había sucedido en ese tiempo, tanto en lo que se refiere a mi vida privada como en lo que toca al paisaje arrasado que describe el libro. Pensé en esta bitácora, en las horas invertidas en ella con el propósito de hacerme claras y evidentes algunas ideas por el inveterado mecanismo de intentar explicarlas a otros. Pensé en el día, hace ya más de diez años, en que pedí que me fuera instalada esa tarima. Es un escenario, aduje. Tiene que estar más alto. Que quien lo pise comprenda que ha ingresado en un espacio diferente.

Decidí volver a compartir la foto, esta vez sin hacer ningún comentario, excepto el que ya se adjuntaba en la entrada original:

«La sociedad paga para tener un sistema educativo de mierda, porque mientras más idiotas salgan, más fácil es venderles algo, hacerlos dóciles consumidores, o empleaduchos. Graduados con sus títulos y nada en sus cabezas, que creen saber algo, pero no saben nada. ¿Qué música escuchan? Mis discos seguro que no». (Frank Zappa)

¿Cuánta gente escucha hoy a Zappa o sabe siquiera quién es? ¿Cuántos habrán leído el libro de Javier Orrico? De esos lectores, ¿cuántos serán profesores que acaban de iniciar su magisterio? ¿Cuántos serán, simplemente, profesores en ejercicio? Son preguntas retóricas, claro está, porque sabemos que se trata de una minoría. Y una minoría que ni siquiera disfruta del callado prestigio que antiguamente se atribuía a los iniciados en algún misterio, sino una minoría de apestados que habla lo que las multitudes de la corrección política tienen por una lengua muerta.

En el libro de Orrico se denuncia, entre otras cosas, la cada vez más asfixiante presión de las administraciones públicas sobre la autonomía pedagógica de los profesores de instituto; la primarización de la enseñanza media a través de una interpretación delirante de las competencias básicas auspiciadas por la burocracia bruselense; la progresiva asimilación de métodos experimentales e innovadores que no necesitan presentar más garantía de éxito que el de ser, simplemente, eso: experimentales e innovadores.

Desde dentro, puedo decir que en este último año la presión no ha hecho sino aumentar. Si alguien hiciera un estudio acerca de cuál es la palabra de moda en los institutos españoles, estoy seguro de que saldría como ganadora Excel. En efecto, la famosa aplicación de Microsoft. Nadie habla ya de libros, noticias de alcance o descubrimientos de la ciencia. Ni siquiera de política. De pronto, nos hemos convertido en una masa que pondera, porcentúa, rubrica y calcula decenas de indicadores, como si en lugar de impartir una asignatura estuviésemos elaborando el control de calidad de un coche de carreras. Somos el nuevo Homo Excel, que no es abreviatura para “excelencia”, por descontado. Calculadoras humanas que tienen como misión primera evaluar, y que en evaluar han de volcar hasta el menor de sus esfuerzos. Como segunda atribución, el Homo Excel debe registrar, de un modo exhaustivo, cada producción del alumno en clase. Y en tiempo real, a ser posible, de tal modo que de cada balbuceo, de cada mohín, de cada pequeño paso del imberbe quede constancia por escrito.

Si quien hiciera ese estudio buscara, en cambio, una palabra en franco retroceso, esa sería “enseñar”. Sencillamente, porque, en este escenario, y pese a los cientos de estándares que se han adosado a la ley, el foco no ilumina lo que debe enseñarse, tal vez por considerarlo tan obsceno como un cuadro de Balthus, sino cómo debe evaluarse lo que sea que se enseñe (siempre que esto se haga de forma recatada; esto es, de modo competencial. O sea, poco).

El siguiente paso, no nos quepa duda, será implantar, sin posibilidad de disidencia, una metodología común que incluya “aprendizaje por proyectos”, “trabajo colaborativo” y un carácter interdisciplinar que transforme los institutos en escuelas elementales. Lo que ya son ahora, pero sin tapujos. Todo ello aderezado, cómo no, con mucha inteligencia emocional y un toque ecotech.

En esto pensaba al recordar la lectura de Orrico. Y ahora creo que es momento de volver a hablar, porque cosas como la libertad de cátedra peligran.

Y porque no sé, ni quiero saber, cómo se mete la música de Zappa en un maldito Excel.

 

Expediente mínimo

 

 

NACHO CAMINO

UNA TRAMPA PARA PÁJAROS

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NACHO CAMINO

Violonchelista de formación, el asturiano Nacho Camino es, asimismo, autor de dos libros de poemas: Extrarradio (Barcelona, 1998) y Papiroflexia (Barcelona, 2001). Ganador del Premio Internacional Martorell de Poesía en 1998. Desde 2002, vive en Sevilla, donde trabaja como profesor de Música.

En 2014 publica su primer LP oficial en solitario: Nunca hemos sido modernos, al que le sigue el EP El espíritu nacional, para cuyas grabaciones se acompaña de la banda El General Invierno. En 2017, lanza el EP Una trampa para pájaros, firmado únicamente con su nombre, y en el que colaboran la violinista Rosa Rodríguez, el guitarrista Fran Pedrosa y el productor Jordi Gil, con quien Nacho Camino ha grabado todos sus discos.

En la actualidad, prepara un cuarto disco y presenta sus directos acompañado por algunos de los mejores músicos de la escena sevillana: Rosa Rodríguez (violín, sintetizadores), Fran Pedrosa (guitarras), Jordi Gil (guitarra), Israel Diezma (bajo) y Manuel Fernández (batería). Como violonchelista y arreglista, ha participado – formando equipo con Rosa Rodríguez – en discos de otras bandas como Pinocho Detective, Chencho Fernández, All La Glory, Genérica, etc.

Recientemente, han compartido programa doble con la banda británica The Wedding Present, en el POP CAAC de Sevilla.

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Fecha: 3 de agosto de 2017.

Lugar: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Sevilla.

Evento: POP CAAC. Programa doble: The Wedding Present/Nacho Camino.

Músicos:

Nacho Camino – Voz, teclados.

Rosa Rodríguez: Violín, teclados.

Fran Pedrosa: Guitarra, coros.

Jordi Gil: Guitarra.

Israel Diezma: Bajo.

Manuel Martínez: Batería, coros.

(Copiamos íntegramente la reseña que el periodista musical del Diario de Sevilla, José Miguel Carrasco, hizo del concierto del 3 de agosto).

“Noche musical para recordar la que pasamos ayer en el CAAC. De lo que hicieron The Wedding Present ya tendréis cumplida cuenta mañana, cuando os enlace el artículo que he escrito sobre su concierto en “El Diario de Sevilla”, pero ahora os quiero hablar de la banda que abrió la noche, la de Nacho Camino.

Debo confesar que tenía algunas reservas en mi acercamiento al concierto de Nacho tras haberle visto en una ocasión anterior con un formato muy diferente al de anoche, que en un concierto veraniego al aire libre como éstos del ciclo Pop CAAC podía haber supuesto una autoinmolación… pero mis miedos quedaron aplastados, porque nada más comenzar me hicieron sentir como un estúpido carente de fe.

Allí estaban las inigualables paredes guitarreras de Jordi Gil y Fran Pedrosa, las preciosas melodías de Rosa Rodríguez y su violín, una base rítmica que vale su peso en oro, compuesta por un Isra Diezma que le había cambiado la guitarra a Fran por el bajo y la batería de Manuel Martínez y, sobre todo, la energía brutal y el carisma de Nacho Camino encandilando a un público que se entregaba cada vez más hasta acabar vuelto del revés. Quien crea que un bis es tan solo una cortés propina debería haber asistido al de anoche, que comenzó con Nacho, solo, sentado al piano; poco después se incorporó Rosa, su compañera en los escenarios, las aulas y la vida, para después ir entrando todos los demás músicos, que se unieron a la ceremonia para terminarla prácticamente arrojando las guitarras contra los amplificadores sobre la estela de la estrella que ya se iba apagando.

Explosivos, arrasadores, demoledores… adjetivos al uso, ya muy manidos, pero nunca mejor utilizados para este cantautor urbano poniendo al día su rock callejero de forma tan sorprendente. Le dan al hardcore y a la melodía porque les sale de la polla, porque toca, porque se lo pasan de puta madre… y porque saben hacerlo mejor que nadie en esta ciudad.

Nacho Camino, entre respetuoso y cachondo, volvió anoche en una de sus escasas apariciones escénicas, que deberían prodigarse mucho más que en estos conciertos anuales que ya casi se han hecho tradición cuando David Linde se pone pesado yendo tras él.

Era jueves, pero más de uno, entre este concierto y el de los Wedding Present de después, salió de la Cartuja convencido de que ya estábamos a sábado. Cuando la droga es dura, el calendario no cuenta. Y Nacho Camino es un dealer que suministra la que más alto te sube.”

“Una trampa para pájaros” según Juan Manuel Romero

 

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Juan Manuel Romero (Sevilla, 1974) es un poeta, profesor y crítico literario con siete libros publicados y apariciones en otras tantas antologías. Cuenta con varios premios, entre ellos el prestigioso “Emilio Prados” y el de Poesía Joven de Radio 3. Actualmente, es uno de los puntales poéticos de la excelente editorial Pre-Textos, aunque también ha publicado con DVD Ediciones y Renacimiento. Ha publicado reseñas y artículos de crítica literaria en revistas como El Maquinista de la GeneraciónClarínQuimeraCuadernos hispanoamericanosParaísoTuriaPoesía DigitalNayaguaEx-LibrisEstación PoesíaAzul, y Mercurio, además de en los suplementos culturales de los periódicos El Correo de AndalucíaEl Diario de Andalucía y El Diario de Sevilla. Ha traducido poemas de Henri Cole y Thom Gunn.

Esta es la reseña que nos ha enviado del próximo trabajo de Nacho Camino, en el que tiene, por cierto, una colaboración especial. Gesto que le agradecemos profundamente.

UNA TRAMPA PARA PÁJAROS

El nuevo EP de Nacho Camino se titula Una trampa para pájaros y está compuesto por cinco magníficas canciones, intensas y con personalidad, que hablan de la fragilidad de la existencia sin soslayar las emboscadas que esperan en un recodo del sendero. Por eso, más que colocar falsos apósitos, cada tema es una llamada a mirar directamente el peligro, el daño y la fugacidad. Registrado en los estudios Sputnik de Jordi Gil, supone un giro enérgico e interesante en la trayectoria del músico asturiano afincado en Sevilla. Nacho Camino (Oviedo, 1972), cantante y compositor considerado una de las últimas revelaciones del indie nacional por su álbum Nunca hemos sido modernos (2014), grabado junto a la banda El General Invierno, al que siguió el EP El espíritu nacional, incorpora a la elegancia y la ironía de esos trabajos un enfoque más rotundo y arriesgado. Con una sonoridad que alcanza trances furibundos, la música nos adentra en una cueva abrupta, en una oscuridad a la que el que escucha no puede dejar de bajar, temblando y fascinado.

Las piezas de este cepo funcionan con una precisión letal. Los cinco temas, profundos y turbadores, muestran paisajes desolados a golpe de percusión vigorosa e intensa como hachazos en un árbol centenario. La voz hace de la melancolía y la rabia un territorio propio que limita por un lado con la pesadilla y por el otro con la ternura y el ansia de verdad. Entre fogonazos descarnados y remansos melancólicos, la melodía se retuerce, en su fondo electrónico, para morder mejor, como una serpiente a la que le cierran el paso. El violín de Rosa Rodríguez (El General Invierno), la guitarra de Fran Pedrosa (Pinocho Detective, All La Glory y El General Invierno), la batería de Jordi Gil (a la vez que hace un excelente trabajo en la mesa de grabación) y la voz, el piano y las programaciones del propio Nacho Camino crean una atmósfera saturada y densa, llena de detalles luminosos, cuyo objetivo es acercarnos a una belleza parecida a un acantilado.

“La tierra quemada”, con un arranque casi industrial, encuentra su cauce en una cuidada corriente sonora, envolvente y áspera, que transcurre entre hogueras. Los acordes del piano acompañan un baile entre los restos de un mundo calcinado; un baile que, gracias a ese piano, todavía es posible.

“Membrana”, cuya letra se basa en un poema de Desaparecer, último libro de Juan Manuel Romero, insiste en esa atmósfera siniestra y destructiva a través de una voz amenazante por momentos, que se atreve a tocar con las manos mojadas un cable pelado: las sobrecogedoras descargas eléctricas darán paso al aullido de un viento que viene a dejarnos el corazón completamente blanco.

“Kalenda Maya” es quizá la pieza con el ritmo más terco y acelerado. Entonando el estribillo como si fuera un himno de guerra, al que da realce un violín estremecedor, dan ganas de salir a cazar un jabalí con un cuchillo o de pegarse hostias con los mozos del pueblo.

La letra de “Una trampa para pájaros” es cruel y amarga, rústica y auténtica. La hermosa melodía te atrapa con delicadeza para volverse después un latigazo inesperado, con el violín y la guitarra eléctrica en un momento extrañamente crudo, y un estribillo sofocante al que pone el piano unas escuetas notas que nos seducen para atraernos a la intemperie de lo que somos.

Por último, “Dios estuvo aquí” es una tregua, un descanso merecido. Pero un descanso en el que suenan disparos y voces fantasmales, y donde una voz dulce habla de la ruina del cielo. La mezcla de falta de luz que describen las palabras y la calma y la limpieza que aportan los instrumentos logra una canción que nos enseña a morir (es decir, a vivir intensamente). Una canción maravillosa y oscura, que toca lo tremendo sin resbalar en lo tremebundo, dura y tierna: verdadera.

Como el joven Brueghel, Nacho Camino pinta con trazo firme un lienzo singular y emocionante, dejando en primer plano el engaño de los días y la ferocidad de lo real. En un tiempo de hedonismo y risas enlatadas, Una trampa para pájaros enriquece el pop de la escena alternativa con gotas de folk gótico y electrónica con hambre de metafísica: armónicos de conciencia desbordada. Una invitación a la vida sin paliativos. Una propuesta en el fondo de radical vitalismo, que termina sacándonos a bailar, aunque sea bajo una tormenta de lluvia ácida.

Crítica de NHSM en Revista Distopía

Nunca hemos sido modernos LP (PORTADA)

Nacho Camino y General Invierno nos presentan su nuevo trabajo, Nunca hemos sido modernosun disco que aúna sonidos clásicos con las últimas tendencias del pop.

Si interpretamos la música como una actitud ante la vida, Nunca hemos sido modernos es una auténtica declaración de intenciones. Su espíritu, su filosofía y su intrahistoria así lo demuestran. El resultado es una lista de canciones que tratan de reivindicar el principio ético del autor: construir desde los clásicos para plantarle cara al todo vale que ignora los referentes.

Evidentemente, trabajos como este no surgen de la nada. Hace tres años Nacho Camino, compositor, vocalista y alma mater del grupo, comenzó a trabajar en sus propias canciones. El empuje de Fran Pedrosa (Pinocho Detective) le animó a trasladar a formato banda los temas, cuyas maquetas habían logrado ya ser finalistas del concurso de Radio 3 Contempopranea. Para esta empresa, reclutaron al batería Manolo Martínez (Southern Arts Society), al bajista Pedro Ortega (ProyectoeLe) y a la violinista Rosa Rodríguez, que completan el quinteto de Nacho Camino y General Invierno. Poco a poco, los conciertos empezaron a salir y las maquetas a tener recorrido, con actuaciones en diferentes salas sevillanas.

A todo este bagaje le han dado ahora forma de disco (a la espera de sello discográfico) de la mano del productor Jordi Gil. “Jordi es afín a nuestro mundo musical y un verdadero audiófilo”, nos cuenta Nacho Camino, que nos explica lo difícil que es hacer una buena canción. “Sonar bien se identifica ahora con sonar fuerte, pero para tener un gran tema deben confluir muchos factores y evitarse tópicos: hay que llevar las canciones preparadas, tener un gran entendimiento musical con quienes compartes estudio, fluir la magia… es un proceso azaroso”.

No es tan explícito Nacho cuando habla de sus influencias musicales. Salen nombres tan dispares como Lou Reed, Bach o los Beach Boys, pero deja claro que, pese a la formación clásica y a la variedad, es difícil decir de qué hilos tira. Lo que sí está claro es que la música tiene un lugar preeminente sobre las letras: “En el 70% de las canciones se ha hecho la música antes que la letra, ajustándose estas a la música”.

Pero pese a lo dicho por el autor, las letras tienen una gran importancia en el disco. Densas y trabajadas, tratan de evitar los temas propios del pop para abrir nuevas vías. Así, los asuntos políticos y sociales se mezclan con lo personal, uniendo el plano individual y colectivo. Se crean historias particulares extrapolables a lo general, alternándose lo poético con una fina vena satírico-humorística. Indudablemente, son algo más que un mero acompañamiento de la música. Temas como “Nosotros”, sátira de la Unión Soviética contada a través de la experiencia personal de un músico, acaban marcando un tono distópico donde música y letra confluyen para expresar las ideas y la personalidad del autor.

Pero el disco no queda ahí. La conexión del grupo con el cine clásico, las correspondencias con Boadella, los guiños a Rabal, las voces de Sartre, la letra de Luis Alberto de Cuenca (“Political Incorrectness”) y un sinfín más de detalles acaban por labrar una obra de artesanía donde el artista y su grupo han plasmado su posición ante el mundo. Una posición basada en el compromiso, la dedicación y la admiración de los clásicos. La consecuencia, un disco comprometido donde arte y música es un binomio imposible de separar.

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Crítica de Xavi Bruguera en Eargasm Web

 

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Llega a nuestras manos una copia del que podría resultar la enésima mutación del indie pop nacional. A continuación desgranamos el último trabajo de Nacho Camino y el General Invierno: “Nunca hemos sido modernos”.

Tan dulce como una brisa primaveral que acaricia tus mejillas; tan punzante como un clavo ardiendo.

Ese es Nacho Camino: Romántico, crítico, sosegado, desvergonzado y cristalino. Sin pelos en la lengua y con un discurso crítico y cáustico, este asturiano afincado en Sevilla desnuda su mente y nos la trae envuelta en pequeños pergaminos que desatan el perfil revolucionario y lenguaraz de un tipo que no se esconde tras sus letras. Un brebaje que mezcla la crítica social desde un punto de vista analítico, con un toque romántico y esperanzador.

“Nunca hemos sido Modernos”, producido por Jordi Gil (Sr Chinarro, Maga…) no pretende dar lecciones pero si consejos. Principios y desengaños por encima de sermones y cátedras. No hay canción en todo el disco que no haya pasado por el obrador. Y es que las letras del trabajo de Nacho Camino y General Invierno rezuman artesanía por los cuatro costados. Orfebrería pura y poesía hecha música expresada mediante 10 canciones que casan a la perfección con sonidos que huyen del pop convencional y que suponen la enésima mutación del indie más lírico.

Nacho Camino y General Invierno recuerdan a Mishima en su ejecución, en los vocales y en el fondo de sus canciones. Su trabajo da fe de ello y ejemplifica el buen momento por el que pasa el género en nuestro país.

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Referencias:

www.nachocamino.com

https://nuncahemossidomodernos.com/

https://nuncahemossidomodernos.bandcamp.com/

https://www.youtube.com/channel/UC788E1JZvGn4zoFH1HUSojA (Canal de Nacho Camino en You Tube).

 

 

 

 

POP CAAC 2017

(Vídeo de Zuzanna Anczewska)

Fecha: 3 de agosto de 2017.

Lugar: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Sevilla.

Evento: POP CAAC. Programa doble: The Wedding Present/Nacho Camino.

Músicos:

Nacho Camino – Voz, teclados.

Rosa Rodríguez: Violín, teclados.

Fran Pedrosa: Guitarra, coros.

Jordi Gil: Guitarra.

Israel Diezma: Bajo.

Manuel Martínez: Batería, coros.

(Copiamos íntegramente la reseña que el periodista musical José Miguel Carrasco hizo del concierto del 3 de agosto en su página de Facebook Blogin inthewind)

Noche musical para recordar la que pasamos ayer en el CAAC. De lo que hicieron The Wedding Present ya tendréis cumplida cuenta mañana, cuando os enlace el artículo que he escrito sobre su concierto en “El Diario de Sevilla”, pero ahora os quiero hablar de la banda que abrió la noche, la de Nacho Camino.

Debo confesar que tenía algunas reservas en mi acercamiento al concierto de Nacho tras haberle visto en una ocasión anterior con un formato muy diferente al de anoche, que en un concierto veraniego al aire libre como éstos del ciclo Pop CAAC podía haber supuesto una autoinmolación… pero mis miedos quedaron aplastados, porque nada más comenzar me hicieron sentir como un estúpido carente de fe.

Allí estaban las inigualables paredes guitarreras de Jordi Gil y Fran Pedrosa, las preciosas melodías de Rosa Rodríguez y su violín, una base rítmica que vale su peso en oro, compuesta por un Isra Diezma que le había cambiado la guitarra a Fran por el bajo y la batería de Manuel Martínez y, sobre todo, la energía brutal y el carisma de Nacho Camino encandilando a un público que se entregaba cada vez más hasta acabar vuelto del revés. Quien crea que un bis es tan solo una cortés propina debería haber asistido al de anoche, que comenzó con Nacho, solo, sentado al piano; poco después se incorporó Rosa, su compañera en los escenarios, las aulas y la vida, para después ir entrando todos los demás músicos, que se unieron a la ceremonia para terminarla prácticamente arrojando las guitarras contra los amplificadores sobre la estela de la estrella que ya se iba apagando. No sabes, Luisa, cómo me acordé de ti… lo que hubieses disfrutado!

Explosivos, arrasadores, demoledores… adjetivos al uso, ya muy manidos, pero nunca mejor utilizados para este cantautor urbano poniendo al día su rock callejero de forma tan sorprendente. Le dan al hardcore y a la melodía porque les sale de la polla, porque toca, porque se lo pasan de puta madre… y porque saben hacerlo mejor que nadie en esta ciudad.

Nacho Camino, entre respetuoso y cachondo, volvió anoche en una de sus escasas apariciones escénicas, que deberían prodigarse mucho más que en estos conciertos anuales que ya casi se han hecho tradición cuando David Linde se pone pesado yendo tras él.

Era jueves, pero más de uno, entre este concierto y el de los Wedding Present de después, salió de la Cartuja convencido de que ya estábamos a sábado. Cuando la droga es dura, el calendario no cuenta. Y Nacho Camino es un dealer que suministra la que más alto te sube.

 

 

 

 

(Vídeos de José Manuel Rodríguez Madrid)

 

(Vídeo de Manuel Rodríguez)

Una trampa para pájaros (2017)

Nacho Camino

Una trampa para pájaros

1. La tierra quemada
2. Kalenda Maya
3. Membrana
4. Una trampa para pájaros
5. Dios estuvo aquí

Nacho Camino: voz, piano, coros.
Rosa Rodríguez: violines.
Fran Pedrosa: guitarras, palmas, bajo en “Dios estuvo aquí”.
Jordi Gil: batería, percusiones, palmas.

Coros en “Kalenda Maya”: Nacho Camino, Jordi Gil y Adolfo Langa.

Letra y Música: Nacho Camino, excepto “La tierra quemada” (Letra: N. Camino/Óscar Aguado: Música: N. Camino) y “Membrana” (Letra: Juan Manuel Romero. Música: N. Camino).

“Membrana” incluye dos samples de la B.S.O. de “Los santos inocentes”, de Antón García Abril.

“La tierra quemada” incluye fragmentos del poema “El viejo Bill Callahan”, del libro de Carso Waters (Óscar Aguado) “Traducción de los perros de Omaha” (Ediciones Canalla, 2014).

“Membrana” está compuesta a partir del poema nº 18 de “Desaparecer”, de Juan Manuel Romero (Pre-Textos, 2014).

Arreglos y programaciones: Nacho Camino.

Producido por Jordi Gil.

Grabado, mezclado y masterizado por Jordi Gil en Sputnik Grabaciones Estelares. Enero de 2017.

Asistentes de grabación: Israel Guerra y Enrique 3K Navarrete.

Diseño gráfico: Manuel Muñoz.

«Una trampa para pájaros» según Juan Manuel Romero

Juan Manuel Romero (Sevilla, 1974) es un poeta, profesor y crítico literario con siete libros publicados y apariciones en otras tantas antologías. Cuenta con varios premios, entre ellos el prestigioso «Emilio Prados» y el de Poesía Joven de Radio 3. Actualmente, es uno de los puntales poéticos de la excelente editorial Pre-Textos, aunque también ha publicado con DVD Ediciones y Renacimiento. Ha publicado reseñas y artículos de crítica literaria en revistas como El Maquinista de la Generación, Clarín, Quimera, Cuadernos hispanoamericanos, Paraíso, Turia, Poesía Digital, Nayagua, Ex-Libris, Estación Poesía, Azul, y Mercurio, además de en los suplementos culturales de los periódicos El Correo de Andalucía, El Diario de Andalucía y El Diario de Sevilla. Ha traducido poemas de Henri Cole y Thom Gunn.

Esta es la reseña que nos ha enviado del próximo trabajo de Nacho Camino, en el que tiene, por cierto, una colaboración especial. Gesto que le agradecemos profundamente.

 

UNA TRAMPA PARA PÁJAROS

El nuevo EP de Nacho Camino se titula Una trampa para pájaros y está compuesto por cinco magníficas canciones, intensas y con personalidad, que hablan de la fragilidad de la existencia sin soslayar las emboscadas que esperan en un recodo del sendero. Por eso, más que colocar falsos apósitos, cada tema es una llamada a mirar directamente el peligro, el daño y la fugacidad. Registrado en los estudios Sputnik de Jordi Gil, supone un giro enérgico e interesante en la trayectoria del músico asturiano afincado en Sevilla. Nacho Camino (Oviedo, 1972), cantante y compositor considerado una de las últimas revelaciones del indie nacional por su álbum Nunca hemos sido modernos (2014), grabado junto a la banda El General Invierno, al que siguió el EP El espíritu nacional, incorpora a la elegancia y la ironía de esos trabajos un enfoque más rotundo y arriesgado. Con una sonoridad que alcanza trances furibundos, la música nos adentra en una cueva abrupta, en una oscuridad a la que el que escucha no puede dejar de bajar, temblando y fascinado.

Las piezas de este cepo funcionan con una precisión letal. Los cinco temas, profundos y turbadores, muestran paisajes desolados a golpe de percusión vigorosa e intensa como hachazos en un árbol centenario. La voz hace de la melancolía y la rabia un territorio propio que limita por un lado con la pesadilla y por el otro con la ternura y el ansia de verdad. Entre fogonazos descarnados y remansos melancólicos, la melodía se retuerce, en su fondo electrónico, para morder mejor, como una serpiente a la que le cierran el paso. El violín de Rosa Rodríguez (El General Invierno), la guitarra de Fran Pedrosa (Pinocho Detective, All La Glory y El General Invierno), la batería de Jordi Gil (a la vez que hace un excelente trabajo en la mesa de grabación) y la voz, el piano y las programaciones del propio Nacho Camino crean una atmósfera saturada y densa, llena de detalles luminosos, cuyo objetivo es acercarnos a una belleza parecida a un acantilado.

“La tierra quemada”, con un arranque casi industrial, encuentra su cauce en una cuidada corriente sonora, envolvente y áspera, que transcurre entre hogueras. Los acordes del piano acompañan un baile entre los restos de un mundo calcinado; un baile que, gracias a ese piano, todavía es posible.

“Membrana”, cuya letra se basa en un poema de Desaparecer, último libro de Juan Manuel Romero, insiste en esa atmósfera siniestra y destructiva a través de una voz amenazante por momentos, que se atreve a tocar con las manos mojadas un cable pelado: las sobrecogedoras descargas eléctricas darán paso al aullido de un viento que viene a dejarnos el corazón completamente blanco.

“Kalenda Maya” es quizá la pieza con el ritmo más terco y acelerado. Entonando el estribillo como si fuera un himno de guerra, al que da realce un violín estremecedor, dan ganas de salir a cazar un jabalí con un cuchillo o de pegarse hostias con los mozos del pueblo.

La letra de “Una trampa para pájaros” es cruel y amarga, rústica y auténtica. La hermosa melodía te atrapa con delicadeza para volverse después un latigazo inesperado, con el violín y la guitarra eléctrica en un momento extrañamente crudo, y un estribillo sofocante al que pone el piano unas escuetas notas que nos seducen para atraernos a la intemperie de lo que somos.

Por último, “Dios estuvo aquí” es una tregua, un descanso merecido. Pero un descanso en el que suenan disparos y voces fantasmales, y donde una voz dulce habla de la ruina del cielo. La mezcla de falta de luz que describen las palabras y la calma y la limpieza que aportan los instrumentos logra una canción que nos enseña a morir (es decir, a vivir intensamente). Una canción maravillosa y oscura, que toca lo tremendo sin resbalar en lo tremebundo, dura y tierna: verdadera.

Como el joven Brueghel, Nacho Camino pinta con trazo firme un lienzo singular y emocionante, dejando en primer plano el engaño de los días y la ferocidad de lo real. En un tiempo de hedonismo y risas enlatadas, Una trampa para pájaros enriquece el pop de la escena alternativa con gotas de folk gótico y electrónica con hambre de metafísica: armónicos de conciencia desbordada. Una invitación a la vida sin paliativos. Una propuesta en el fondo de radical vitalismo, que termina sacándonos a bailar, aunque sea bajo una tormenta de lluvia ácida.