Disfruten del espectáculo

clapcclementine_pohl-2Si las entradas de esta bitácora se han espaciado tanto en los últimos tiempos es porque a quien esto escribe le parecía redundante seguir levantando acta del lento pero imparable hundimiento de la enseñanza española. Como, además, las propuestas que podían surgir de este espacio se oponían frontalmente al pensamiento hegemónico, tras cada publicación quedaba flotando en el aire un incómodo olor a catacumba: la sospecha de que este incienso subterráneo sólo iban a olerlo, una vez más, los convencidos, las mismas y cada vez menos numerosas narices que asoman por aquí tras haber constatado el hedor que desprende aquello que convenimos en llamar “escuela”.

Durante este tiempo, no es que las cosas hayan cambiado mucho. La nueva ley educativa se ha demostrado tan chapucera e ineficaz como cualquiera de sus predecesoras de los últimos veinticinco años. El fracaso escolar apenas se ha reducido, y, si lo ha hecho, obedece más a un maquillaje estadístico que a la imperturbable realidad. Las, así llamadas, nuevas pedagogías siguen bombardeando a los profesores en ejercicio con teorías de antiguo y de moderno cuño, la mayoría de ellas sin mayor fundamento científico que una baraja del tarot. Los políticos siguen hablando de pacto, y las nuevas tecnologías son el flamante becerro de oro.

Sin embargo, hay algo que sí ha cambiado. Algo que se veía venir, pero que nunca imaginamos que pudiera estallar como lo ha hecho. Estas discusiones pedagógicas, que antes se restringían al ámbito académico, se han convertido, como cualquier otro objeto de consumo, en un espectáculo para las masas. Lo que antes se reservaba para el debate especializado ahora es motivo de tertulia, concurso o telerrealidad en horarios de máxima audiencia. No hay cadena que no emita algún programa dedicado al asunto educativo, casi siempre a partir de un análisis superficial y profundamente sesgado de los problemas que padece eso que aún acordamos denominar “escuela”. Hasta Cuarto Milenio ha enfocado su objetivo parapsicológico para mejor iluminar las bondades de la neopedagogía, lo que quizá sea comprensible, después de todo: las pseudociencias se reconocen mutuamente sin dificultad alguna. Han proliferado tertulias, documentales, hasta concursos como “Poder Canijo”, un adefesio pagado con dinero público que la audiencia, por fortuna, ha castigado como merece. Por tener, tenemos hasta estrellas mediáticas como César Bona, con cuya invocación parecen solucionarse todos los males de la enseñanza, aunque no sepamos con certeza cuál es su método, ni siquiera si tiene uno. Y puesto que hay un héroe, y si queremos que el espectáculo continúe, los popes del entretenimiento televisivo nos proporcionan, cómo no, un villano. Ese papel le ha tocado en suerte al profesor Alberto Royo, el único en esos platós de la España cainita y bullanguera que se ha atrevido a señalar la impudicia del rey: A la escuela, ha dicho, se va, en primera instancia, para formarse, y no para ser felices. Semejante máxima le ha costado la reprobación, más o menos explícita, de presentadores, colegas, padres y hasta de monjas nada recatadas como la apelesiana Lucía Caram.

Los medios de comunicación han sido quienes, finalmente, han derribado los muros de la escuela. Pero no para ensanchar horizontes, sino para arrojar sobre ella una mirada frívola y desprovista de la menor capacidad analítica. La felicidad, los deberes, la creatividad, el acoso escolar, la educación de género…. Muchos son los temas que tienen como fondo el sistema educativo, y cuantos más se apilan sobre la mesa del profesor, menos posibilidades hay de que alguien repare en el viejo elefante que ocupa el centro mismo del aula. Ese elefante blanco, y en vías de extinción, que es el conocimiento.

Aunque parezca inverosímil, el saber ya no es la prioridad de la escuela. De hecho, cuando alguien como el profesor Royo reivindica su importancia, empiezan a arrugarse las naricillas políticamente correctas, se fruncen los entrecejos igualitarios y los guionistas televisivos coinciden en que, con tales mimbres, no están en condiciones de garantizar espectaculares subidas del share. El conocimiento no está de moda, y, por tanto, no vende. Aburre. Todo lo más se le puede conceder el papel de chivo expiatorio, de simpático pelele sobre el que descargar todos los palos, con el fin de que la audiencia sepa, a su vez, dónde debe descargar su odio.

Podría pensarse, al decir de algunos, que simplemente estamos ante un “cambio de paradigma”, como sucedió cuando se generalizó la escritura o cuando las lenguas vulgares acabaron con la hegemonía del latín. Que la era digital impone otros modos de adquirir el saber. Si así fuera, la discusión se limitaría a una cuestión metodológica. Pero de lo que aquí se trata es de un cuestionamiento radical del conocimiento en sí mismo.

Algo que ya denunciaba en 1988 Jean François Revel, y que podría trasladarse a nuestros días, palabra por palabra:

A partir de 1968 y de las revueltas inspiradas por la contracultura norteamericana que se desencadenaron ese año, un segundo componente ideológico se añadió a las groseras prácticas de la pueril y cínica censura, a saber, que la simple transmisión del conocimiento era reaccionaria. Por lógica vía de consecuencia, aprender también lo era. Asistimos a la expansión de la pedagogía llamada no directiva, que, en quince años, consiguió llevar a cabo la proeza de que una tercera parte de los niños que se presentaban al ingreso en el segundo ciclo, después de cinco o seis años de «instrucción» elemental, eran casi analfabetos, y que una parte apenas minoritaria de los estudiantes que llegaban a la universidad podían leer, pero muy pocos podían comprender lo que descifraban. Esta decadencia no puede atribuirse más que parcialmente al aumento de los efectivos y a la falta de personal docente cualificado. Es consecuencia principalmente de una doctrina de las más oficiales, de una opción deliberada, según la cual la escuela no debe tener por función transmitir conocimientos. […]

Según tales directrices, la escuela debe dejar de transmitir conocimientos para convertirse en una especie de falansterio «de convivencia», de «lugar de vida» donde se despliega la «apertura al prójimo y al mundo». Se trata de abolir el criterio considerado reaccionario de la competencia. El alumno no debe aprender nada y el profesor puede ignorar lo que él enseña.

¿No es éste el método más expeditivo para suprimir el fracaso escolar? Los defensores de la nueva pedagogía niegan, en efecto, que ese fracaso sea escolar. Lo atribuyen a una sola y única causa: las desigualdades sociales. No existen, según ellos, las desigualdades de capacidades o de dotes, o de energía, entre los hombres, ni diferencias cualitativas entre sus disposiciones. Las diferencias que se observan entre sus resultados escolares proceden de que han sido favorecidos o desfavorecidos social y culturalmente. Conviene, pues, ante todo impedir que esas diferencias se produzcan, porque podrían crear la ilusión y difundir la errónea convicción de que ciertos alumnos tienen más éxito que otros porque son más inteligentes o más diligentes o tienen un profesor mejor que los demás. Pero no es así. Sólo la clase social, el privilegio económico y la ventaja cultural concedida por el ambiente explican esas diferencias. Todo lo que sucede en la escuela se deriva de factores exteriores a la escuela. La escuela no tiene, pues, más que una sola misión: neutralizar la influencia de esos factores restableciendo en su seno la rigurosa igualdad de resultados que, por desgracia, no se encuentra fuera de su recinto. (El conocimiento inútil, Ediciones Austral, páginas 390-391).

Este fragmento, que podrían suscribir muchos profesores de enseñanza media españoles, hace referencia a la situación en Francia a finales de los 80, precisamente por los años en que aquí también se empezaba a poner en solfa la autoridad de los enseñantes y la pertinencia de una escuela pensada para trasmitir conocimientos. Revel atribuye a la izquierda el igualitarismo radical que lamina los planes de estudios y transforma los colegios en inmensas guarderías emocionales. Otros prefieren culpar al utilitarismo capitalista o al interés del Leviatán estatal por mantener a sus ciudadanos en una conveniente ignorancia. Lo cierto es que, sea como fuere, esta filosofía disparatada es la que se está imponiendo, ya no sólo en despachos y claustros, sino también en la opinión pública. El psicólogo, el sociólogo, y ahora el terapeuta afectivo, han ocupado el lugar del sabio, que ya sólo es el retrato en sepia de un antepasado poco menos que extravagante.

Casi veinte años más tarde que Revel, Alessandro Baricco publicó su ensayo “Los bárbaros”. En él, el escritor italiano concibe Google como el campamento en el que se custodian los valores de esta mutación asombrosa:

[…] la superficie en vez de la profundidad, la velocidad en vez de la reflexión, las secuencias en vez del análisis, el surf en vez de la profundización, la comunicación en vez de la expresión, el multitasking en vez de la especialización, el placer en vez del esfuerzo.

Baricco, a diferencia del ensayista francés, no cree que exista una estrategia oculta, ni siquiera una lucha de intereses, sino una progresiva mutación, por lo que los llantos apocalípticos carecerían de sentido. Los bárbaros, mutados en mayor o menor grado, somos nosotros. A la barbarie se opone, claro, la civilización, constituida por el legado cultural que la escuela debería transmitir. Si se renuncia a ello, se perderá algo que un día fue muy preciado, una riqueza inabarcable que se remonta hasta Grecia y más allá. Podemos elegir, dice Baricco, entre rendirnos a los valores de los nuevos surfers o buscar el modo de que esa herencia les resulte atractiva sin cometer el error de trivializarla. A él, mutante confeso, le parece un reto extraordinario.

Pero, ¿qué opinará Baricco de la velocidad con que está empezando a romper la ola? En Finlandia se plantean suprimir la escritura del plan de estudios y eliminar la tradicional compartimentación en asignaturas. En las universidades campea la corrección política, lo que impide hablar abiertamente de casi nada. Todos deben ser preservados de aquellas opiniones que puedan poner en peligro su autoestima o su conciencia individual. La superficialidad y las demandas constantes de placer, en todas partes del mundo civilizado, parecen constituir una regresión a un estadio de felicísima irresponsabilidad infantil. Quizá ese sea el propósito, más o menos consciente, de los bárbaros: ir hacia delante, a toda prisa, para, finalmente, no abandonar nunca el jardín cerrado de la niñez.

Lo cierto es que defender en la plaza pública, como lo hacen el profesor Royo y algunos otros valientes, el valor intrínseco del conocimiento es, hoy en día, un ejercicio ingrato. Pero ni la televisión ni los motores de búsqueda son los culpables primeros de esta coyuntura. Los medios no han hecho sino amplificar el ruido de cascos de la caballería bárbara, que ya estaba instalada en colegios, institutos y campus universitarios. Poco ha cambiado desde que Revel publicó aquel magnífico libro en 1988.

La diferencia es que ahora lo sabe todo el mundo.

Entrevista para Histéricas Grabaciones

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EL GRUPO

Los sevillanos Nacho Camino y General Invierno publican casi simultáneamente un larga duración Nunca hemos sido modernos (2014) y un EP con 4 temas descartados en la edición del LP, titulado, El Espíritu Nacional (2014).

NACHO CAMINO Y EL GENERAL INVIERNO
El Espíritu Nacional (2014)

Canciones preciosistas y evocadoras, de corte elegante, su música se estiliza en la fusión del Pop de autor con el Rock, añadiendo un toque Folk, que le conceden un aire ciertamente melancólico y nostálgico.

Nacho Camino y su banda nos describen en sus canciones paisajes de extrañas situaciones cotidianas de la vida que pasa a nuestro lado, sin que a veces nos fijemos en detalle. Ellos si lo hace, y de forma honesta nos los trasmiten, de esa manera en la que de nuevo, las canciones vuelven a ser importantes, por encima del posturismo mediático de la música actual. No pretenden ser modernos pero la modernidad a veces te reclama y te pone en boga, es el espíritu nacional.

LA ENTREVISTA

¿Por qué el nombre de Nacho Camino y el General Invierno?

La primera parte del nombre tiene una fácil explicación: alude al responsable de las canciones, para bien o para mal. La segunda parte destaca la imprescindible colaboración del resto de integrantes. Una de las mejores canciones de nuestro primer álbum es una sátira de la Unión Soviética contada desde la perspectiva de un músico, así que el nombre es pertinente, por irónico. Un segundo grado de ironía lo constituye el hecho de que el grupo resida en Sevilla, ciudad donde el invierno carece de galones.

Tu música parece tener gran influencia del Pop y del Rock, pero en la que pueden encontrarse guiños a otros estilos como sonidos Folk, canción de autor, e incluso Jazz… ¿Qué ha motivado este sonido en Nacho Camino y el General Invierno? ¿Cuáles son o han sido vuestras influencias más directas a la hora de hacer música?

Desde los Beatles, el pop es proclive a parasitar otros estilos, así que resulta hasta cierto punto lógico que se perciban todos esos ecos que mencionas. Supongo que la principal motivación es evitar el aburrimiento. Nada más embarazoso para mí que repetir una y otra vez los mismos esquemas, los mismos giros, las mismas estructuras. El tedio es mortal, como ya supo George Sanders. Pero se trata más de una cuestión de temperamento que de una decisión premeditada.

En cuanto a influencias directas, no se me ocurre ninguna en particular. Soy profesor de Música, lo que me obliga a conocer, de manera más o menos profunda, todos los estilos. Bach, Beatles, Brel, Beach Boys, Baker… Y eso si sólo hablamos de los que empiezan por B.

Tu último disco es el EP El Espíritu Nacional (2014), un disco con 4 canciones de aire melancólico, algo  evocador y nostálgico. Temas preciosistas donde se cuidan tanto las melodías, como las letras de las canciones. Hablas de temas reflexivos, de extrañas relaciones personales y donde se describen paisajes y situaciones cotidianas ¿Qué puedes decirnos al respecto? ¿En qué te inspiras para hacer las canciones?

En primer lugar, he de decir que me sorprende, y también me agrada, que hayas elegido el EP como eje de esta entrevista, teniendo en cuenta que ha salido a la luz casi a la par que nuestro primer largo  («Nunca hemos sido modernos», 2014). Eso significa que has ido un poco más allá que el resto de bloggers. «El Espíritu Nacional» está formado por las cuatro canciones que se quedaron fuera del disco, no tanto porque no lo merecieran como por el hecho de que su encaje resultaba un tanto conflictivo. Artísticamente conflictivo, se entiende. En realidad, creo que en el EP se reúnen las piezas más satíricas, como la del chico al que su novia abandona por un sindicalista charlatán («Todos tendréis primavera»). También está «John Wayne», una canción exageradamente romántica, pese a lo que el título pudiera prometer.

Tengo serios problemas con la inspiración, de la que desconfío como de una bicha inmunda. Sólo escribo un tema cuando las voces dentro de mi cabeza me empujan a ello. «Vamos, hazlo…», dicen. Yo les replico que ya hay suficientes canciones en el mundo, que no es necesario contribuir a este ruido insoportable. Pero son más fuertes que yo.

¿Por qué has titulado El Espíritu Nacional a este  último disco? ¿Puedes contarnos alguna anécdota durante la grabación del disco?

La gente de una cierta edad sabe perfectamente qué era la FEN (Formación del Espíritu Nacional). Mi tesis es que esa asignatura, lejos de haber desaparecido, se ha ramificado en diecisiete taifas. Existe una fiebre provinciana por exaltar los valores del terruño que me resulta, aparte de cateta, completamente repulsiva. Como en la mayoría de canciones de «Nunca hemos sido modernos» y de este EP, los problemas colectivos conviven con las historias individuales, de tal modo que los protagonistas, aunque se aman, están condenados a enfrentarse en razón de sus orejeras identitarias.

La grabación fue excelente en todos los sentidos. Trabajar con Jordi Gil, aparte de sus virtudes técnicas y de su sensibilidad artística, es sinónimo de tranquilidad. La única anécdota que recuerdo es que en las vitrinas de los estudios Sputnik hay un Grammy de verdad, y que, para mi sorpresa, es extraordinariamente pequeño.

¿Qué expectativas has puesto en El Espíritu Nacional? ¿Dónde quieres llegar con este nuevo trabajo? Si yo quisiera una copia de tu disco ¿cómo podría hacerme con ella?

Las expectativas están puestas, antes que en el EP, en el largo. Hemos autoeditado ambos discos. De «Nunca hemos sido modernos» se han lanzado 1000 copias, mientras que de «El Espíritu Nacional» hemos hecho una tirada corta en formatos poco frecuentes, como el carey o el nácar. La autoría de este diseño corresponde al gran Manuel Muñoz. Se pueden adquirir en nuestros conciertos, aunque esperamos poder distribuirlos por correo cuando, a no mucho tardar, estrenemos el dominio nachocamino.com. Actualmente, se pueden descargar en nuestro bandcamp por un módico precio.

En cualquier caso, no pensamos hacernos millonarios, sino sólo merecedores de la letra C.

NACHO CAMINO Y EL GENERAL INVIERNO
Nunca hemos sido modernos (2014)

¿Cuáles son los planes de Nacho Camino y el General Invierno para lo queda de 2014? Suponemos que girar el nuevo disco por salas y festivales, ¿pero algo que podías adelantarnos? ¿Eventos importantes?

Los festivales me parecen algo francamente desagradable. Son a la música como el botellón a la cata de espirituosos. Sólo existe algo más corrosivo: los concursos municipales de jóvenes talentos. Nosotros necesitamos un público más próximo al del teatro. Gente receptiva al drama. Silenciosa. En la penumbra.

¿Creéis que el mundo digital va a acabar con el mundo de la música tal y como lo conocemos hoy? ¿Cuál es el futuro del músico?

Va a acabar con la industria musical, no con la música. Sobre ese futuro, no tengo la más remota idea. A mi edad se empieza a mirar más el presente. No obstante, el futuro del músico es inseparable del público futuro. Y «La Voz» sigue teniendo grandes índices de audiencia….

Viendo el panorama del fin de semana en cada ciudad, con una grandísima oferta de conciertos, ¿es cierto que parece que hay una nueva era dorada de los directos?

Es posible. Lo que faltaría, en tal caso, es una gran era dorada de las salas.

¿Cuál ha sido tu mejor momento/recuerdo en la música?

El día en que comprendí el círculo de quintas.

¿Cómo es un día normal en la vida de un miembro de Nacho Camino y el General Invierno?

Como el de cualquier ciudadano medio: algo absolutamente fuera de lo común.

¿Tienes alguna opinión de la actual situación económica y social de España y del mundo en general, que quieras compartir con nosotros?

Claro que tengo opinión. Vivimos en una sociedad felizmente opinante, que tiene de la opinión el más alto de los conceptos. Contertulios, blogueros, tuiteros, youtubers…. Lo extraordinario, a día de hoy, es que alguien carezca de opinión. E incluso más extravagante es el individuo que la mastica en silencio, hasta elaborar un argumentario. Ese pertenece a una especie única.

Como yo soy un tipo corriente, también tengo la mía. ¿España? ¿El mundo, en general?

Invierno.

Histéricas Grabaciones

Entrevista para Alta Fidelidad

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No hay año que finalice que no encontremos una- o más de una- formación de Sevilla que despunte.  Este año todas las papeletas las tiene quien nos visita a tomar el test de las 5, Nacho Camino, compositor, vocalista y alma mater de Nacho Camino y el General Invierno, que completan Fran Pedrosa (Pinocho Detective), Manolo Martínez (Souther Arts Society y Los Gañafotes), Pedro Ortega (ProyectoeLe) y a la violinista Rosa Rodríguez. Con la producción de Jordi Gil han completado su disco de debut, titulado Nunca hemos sido modernos. Veamos…

Lugar y fecha de nacimiento: Oviedo, junio del 72.

Dirección actual de ensayo, corte y confección: Sevilla, en el Local 20 de los Corralones del Pelícano.

¿Qué serías de no haberte dedicado a la música? Corrector de galeradas.

Una marca de cerveza: ¿He dicho que vivo en Sevilla? Cruzcampo.

¿Qué grupo o disco es inevitable que tengas siempre en el ‘walkman’?

Nada es inevitable, excepto la muerte. Hace tiempo que abandoné las mitomanías. Y el “walkman”.

¿Ha habido alguna actuación en la que te hayas podido sentir incómodo o fuera de lugar?

No, pero todo llega.

¿En qué país os gustaría tocar que no hayáis actuado ya?

Es broma, ¿no?

Tres palabras que describan vuestro disco:

Tesis. Antítesis. Síntesis.

¿Hay alguien con quien- desde el punto de vista musical- te hayan comparado que jamás hubieses imaginado?

Gabinete Caligari.

“Nunca hemos sido modernos” se titula vuestro disco. En consecuencia, ¿hay algún aro por el que te hayas negado a pasar?

Cuando uno pasa de los cuarenta, va entrando cada vez por menos aros. Es una cuestión física.

Hay mucha referencias cinematográficas en el disco. Una película con la que te sientas totalmente identificado:

El resplandor.

(….silencio helador, tragamos saliva…)

Algún artista que ya no esté con nosotros o grupo disuelto que hubieras deseado haber visto en directo:

Me hubiese gustado asistir al estreno de  La consagración de la Primavera. Sobre todo, para comprobar si yo habría sido de los que aplaudían como locos o de los que pedían a gritos la cabeza de Stravinsky.

En otro orden de cosas, Golpes Bajos.

Esta es fácil: ¿Devolvías las cintas al vídeo-club rebobinadas o no?

Solía no devolverlas. Por pereza, que no por malicia. Tuve tantos carnés como videoclubes había en Oviedo.

La música para vosotros es: A) una forma de vida. B) una herramienta. C) un juego. (Vale respuesta múltiple u otras)

Parafraseando a Bill Shankly: “La música no es una cuestión de vida o muerte. Es algo mucho más serio.”

Confiesa un “One Hit Wonder” que sea tu debilidad:

Pass the Dutchie, de Musical Youth.

Esa formación/solista en activo de/l la que pienses…”así de dignamente me gustaría envejecer”:

Nunca he pensado tal cosa.

¿En dónde te sueles inspirar más para componer: en tus propias experiencias, en lo que ves a tu alrededor o en historias imaginarias?

En cualquier artefacto de ficción, incluyendo los periódicos y las noticias de los telediarios.

Algo que hayas lamentado hacer/no haber hecho en tu carrera, o algo que ya sepas que seguramente lamentarás:

¿Carrera? ¿Qué carrera?

Ese disco que escuchaste y que pudo ser decisivo para que te dedicaras a la música:

Dos. El Sgt. Pepper’s L y un disco de obras para clave de J.S. Bach, interpretadas por Karl Richter.

Un momento especial que te haya dado la música, que no sea un concierto propio:

Una vez que escuché  Suzanne al lado de la persona adecuada.

Alta fidelidad

Entrevista para El Rasgador

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Parte de la letra de Political Incorrectness: las hembras ya no quieren como antes. ¡que gran razón! Antes era más difícil llevártelas al huerto pero la que caía luego se quedaba, incondicionalmente, hoy en día no aguantan nada (Broma). En la sociedad en la que vivimos, ¿Está de moda ser políticamente incorrecto?

Esa letra es de Luis Alberto de Cuenca, quien, además de un extraordinario filólogo y poeta, fue letrista de la Orquesta Mondragóny Secretario de Estado con Aznar. No se me ocurre nada más políticamente incorrecto. No sé si está de moda, pero, si así fuera, eso eliminaría automáticamente todo indicio de incorrección. Piénsese en el “punk“, que ahora es poco más que una corbata vistosa de Vivienne Westwood.

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Foto de Yolanda Camino

Otro tema de letra genuina y admirable con acompañamiento melódico ideal es Lo vuestro es imposible. Me enamoró la primera vez que lo escuché ¿costó mucho componerla? ¿Has conseguido alguna vez algo que te pareciera imposible?

Gracias. No mucho, porque la historia la tenía al alcance de la mano. Y en cuanto a la melodía, mi pretensión original era sonar tan grave como Stephen Merritt, del que acababa de escuchar sus “69 love songs“. Con el tiempo, subimos el tono de la canción y emergí de las profundidades. Sé muy bien que la mayoría de retos son imposibles para mí. Por lo tanto, prefiero concentrarme en ese pequeño porcentaje de cosas a las que puedo aspirar, armado, eso sí, de muchísima paciencia.

Percibo muchas referencias literarias a lo largo del disco ¿Han sido influyentes para ti a la hora de componer? Balzac, Beauvoir…

Y muchas más. Pero en una canción pop sólo son una buena influencia si se las despoja, en lo posible, de literatura.

¿A qué se dedica Nacho Camino cuando no está creando temas o componiendo?

A enseñar música a adolescentes. Como es lógico, después de un esfuerzo semejante, sólo me quedan energías para ver películas en el portátil o tomarme una cerveza en el barrio de El Arenal con la maravillosa Rose.

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Foto de Rafael Moreno Tena

Eres de Sevilla, ¿Cómo ves el panorama musical por allí? ¿algún grupo emergente que te haya llamado la atención?

Soy de Oviedo, en realidad, aunque llevo trece años en Sevilla. El panorama, visto desde cierta distancia, parece atractivo. Grupos que tocan bien y hacen buenos discos. Productores excelentes. Pero a medida que uno se acerca comprueba que lo único auténtico del paisaje son los individuos talentosos que lo habitan. Todo lo demás es un escenario de cartón piedra, donde los grupos se exhiben a cambio de nada ante un público inexistente. Esto obliga a que los músicos se enrolen hasta en cuatro o cinco bandas al mismo tiempo, para ver si así hay manera de sacarle partido al oficio. Llega un momento en que público y grupos son un todo indiscernible, que, en función del concierto, se disgrega para ocupar uno u otro lado del escenario. Con contadas excepciones, de gente como nosotros se espera que toquemos gratis, quizá porque nunca dejamos de ser “emergentes”, “independientes” o cualquier otra etiqueta zarrapastrosa que quieran asignarnos. Por lo demás, yo siempre he sido fan de Pinocho Detective.

Volviendo al disco quiero destacar la variedad instrumental que exhibe el disco ¿Qué tiempo tardó la producción del disco? ¿Dónde grabasteis?

Cinco meses, desde el primer día hasta la mezcla final. Pero, en realidad, hubo muchas interrupciones, por causas de fuerza mayor. Quizá no fueran más de dos o tres semanas en total, ya no me acuerdo. Grabamos en los estudios Sputnik de Jordi Gil: garantía de trabajo bien hecho.

El Rasgador

Crítica de NHSM en 8 pistas

8 pistas

Poética melancolía que nos mira de reojo desde su peldaño solitario y altivo, a la vez que sueña con multitud de abrazos y miradas furtivas apasionadas y cómplices.

Si tuviera que definir la música de Nacho Camino sería algo así. Una realidad desfigurada, que se entremezcla con los sueños de un niño pequeño que ha tenido que crecer rápido al ver la desconsolada soledad que le rodea. Un animalillo herido que sigue adelante bajo la eterna bandera de la belleza espiritual, creyéndose poseedor de un don por muchos conocidos pero que pocos llegan a entender.

El señor Nacho Camino llegó a mí una fría tarde de invierno, cuando lo vimos telonear por primera vez a Zico en la Sala Cero Teatro. De eso puede que hayan pasado ya un par de años. He de reconocer que me engancharon con sus cuentos narrados en forma de piezas musicales. Recuerdo haberme dejado llevar por las teclas del piano mientras miraba absorto como se movía el arco por las cuerdas del violín de la señorita Rosa Rodríguez.

Desde entonces no he tenido, a mi pesar, noticias de ellos hasta que hace unos meses presentaban para mi sorpresa y regocijo un largo y un EP casi simultáneamente. El EP de 4 canciones titulado El espíritu nacional, según podía leer en una entrevista, eran los temas que por cuestiones estéticamente musicales no habían podido entrar en el largo, aunque dicho sea de paso, el tema “Nosotros” si que se incluye en Nunca hemos sido modernos, que es como se llama su LP.

Faltó tiempo para que me pusiera a escuchar ansioso sus nuevas composiciones. Y es que si algo me caracteriza es que comparto completamente la filosofía musical de Nacho Camino: “En cuanto a influencias directas, no se me ocurre ninguna en particular. Bach, Beatles, Brel, Beach Boys, Baker… Y eso si sólo hablamos de los que empiezan por B”.

En este escrito, por acotar un poco las posibles ramificaciones subjetivas, vamos a centrarnos en su largo, aunque recomiendo encarecidamente que si os gusta lo que leéis y os animáis a escucharlo o adquirirlo, os hagáis también con El Espíritu Nacional, ya que es el complemento perfecto a su obra. En mi humilde opinión son los 4 temas más clásicos en cuanto a ritmos pop. Donde no se investiga tanto y se deja pasar a la sensibilidad de unas letras más profundas y a la vez más juguetonas con las temáticas, centradas eso sí en la visión personal e introspectiva del amor y la pareja.

Pero centrémonos en Nunca hemos sido modernos. Lo primero es advertir que “Political Incorrectness”, tema que abre el disco, no es ni mucho menos lo que os vais a encontrar en el resto de temas. En contra de lo que estamos acostumbrados, este disco es todo un ejercicio en contra del tedio, la languidez y la monotonía. Un ensayo sobre la versatilidad de lo que creemos estipulado. Por tanto, lo que os vais a encontrar es pop, cierto y verdad, pero un pop que se difumina entre viñetas de Heinz Edelmann o la banda sonora española (si existiera) de películas como Mind Games de Maasaki Yuasa.

Hay temas que te harán mover la cabeza mientras entrecierras los ojos soñando con parques infinitos y columpios que se elevan hacia el cielo como “Las muchachas sin corazón”, y en otros te encontrarás agarrándote el corazón fuertemente mientras las sombras del pasillo se mueven sigilosamente y tu única salida es cantar a voz en grito ese estribillo que se te ha metido hasta el fondo de tu cerebro: “Nosotros”.

A estas alturas ya estas vendido. Has llegado al punto de no retorno, ese en el que te sientes tentado a darle al repeat en cada canción. Pero te relajas, te sorprendes, te alegras por habernos hecho caso y sigues escuchando porque “Nunca hemos sido modernos” viene sutil, cargado de significado y con unos timbales de fondo que harán que “repiquen tus huesos”.

Pero como ya intentamos explicar al inicio de este escrito, el disco es un reflejo de un alma que lucha por escabullirse del tedio y se sumerge en la belleza literaria y musical que le rodea, lo que desgraciadamente no la libera de lidiar con la crudeza del día a día. Sin embargo, en lugar de luchar contra ella, la asimila, la interioriza y es capaz de sacarte un tema como “Rose”, personal como pocos.

Cualquier ensayo que se precie debe vanagloriarse de tocar los máximos palos posibles sin perder el sentido de la obra. Es quizás este otro de los puntos fuertes del disco, que de repente nos encontremos con temas corales como “Yo que he servido a la Reina de Inglaterra”, con mensaje bajo la superficie.

En cierto punto, me da pena que las palabras pierdan su significado cuando su uso masivo las despoja de toda intención, y es lo que ha ocurrido con la palabra indie. Pero temas como “Éramos tan felices” podrían entrar fácilmente en la definición primigenia de pop indie. Para ser desvergonzadamente plagiado a la española en “La revolución francesa”. Una caricatura de sí mismos que se esconde bajo un manto de magistral instrumentación. Fruto de la unión de musicazos como Fran Pedrosa a la  guitarras y coros, Pedro Ortega al bajo y coros y Manuel Martínez en la batería y coros.

Un espejo que mira atrás a la vez que refleja sin miramientos la imagen más fiel a ti es “Teresa”, el corte con el que se termina el disco. Una amalgama de sonidos cuidados con mimo, puestos en su sitio con medida exactitud para crear algo único, visceral y a la vez universal. Un coro de voces e instrumentos que bajo el paraguas del violín y la superposición crean una atmósfera que curiosamente cubre todo pero que a la vez deja un sentimiento de soledad palpable y sincera.

Delicada poesía trasnochada, de cigarrillo y cristal mojado, tiernamente cubierta con una dulce melodía musical que difumina la realidad para que por un ratito todo parezca  algo más bello.

Dr Charles

Crítica de NHSM en Revista Distopía

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Nacho Camino y General Invierno nos presentan su nuevo trabajo, Nunca hemos sido modernos, un disco que aúna sonidos clásicos con las últimas tendencias del pop.

Si interpretamos la música como una actitud ante la vida, Nunca hemos sido modernos es una auténtica declaración de intenciones. Su espíritu, su filosofía y su intrahistoria así lo demuestran. El resultado es una lista de canciones que tratan de reivindicar el principio ético del autor: construir desde los clásicos para plantarle cara al todo vale que ignora los referentes.

Evidentemente, trabajos como este no surgen de la nada. Hace tres años Nacho Camino, compositor, vocalista y alma mater del grupo, comenzó a trabajar en sus propias canciones. El empuje de Fran Pedrosa (Pinocho Detective) le animó a trasladar a formato banda los temas, cuyas maquetas habían logrado ya ser finalistas del concurso de Radio 3 Contempopranea. Para esta empresa, reclutaron al batería Manolo Martínez (Souther Arts Society y Los Gañafotes), al bajista Pedro Ortega (ProyectoeLe) y a la violinista Rosa Rodríguez, que completan el quinteto de Nacho Camino y General Invierno. Poco a poco, los conciertos empezaron a salir y las maquetas a tener recorrido, con actuaciones en diferentes salas sevillanas.

A todo este bagaje le han dado ahora forma de disco (a la espera de sello discográfico) de la mano del productor Jordi Gil. “Jordi es afín a nuestro mundo musical y un verdadero audiófilo”, nos cuenta Nacho Camino, que nos explica lo difícil que es hacer una buena canción. “Sonar bien se identifica ahora con sonar fuerte, pero para tener un gran tema deben confluir muchos factores y evitarse tópicos: hay que llevar las canciones preparadas, tener un gran entendimiento musical con quienes compartes estudio, fluir la magia… es un proceso azaroso”.

No es tan explícito Nacho cuando habla de sus influencias musicales. Salen nombres tan dispares como Lou Reed, Bach o los Beach Boys, pero deja claro que, pese a la formación clásica y a la variedad, es difícil decir de qué hilos tira. Lo que sí está claro es que la música tiene un lugar preeminente sobre las letras: “En el 70% de las canciones se ha hecho la música antes que la letra, ajustándose estas a la música”.

Pero pese a lo dicho por el autor, las letras tienen una gran importancia en el disco. Densas y trabajadas, tratan de evitar los temas propios del pop para abrir nuevas vías. Así, los asuntos políticos y sociales se mezclan con lo personal, uniendo el plano individual y colectivo. Se crean historias particulares extrapolables a lo general, alternándose lo poético con una fina vena satírico-humorística. Indudablemente, son algo más que un mero acompañamiento de la música. Temas como “Nosotros”, sátira de la Unión Soviética contada a través de la experiencia personal de un músico, acaban marcando un tono distópico donde música y letra confluyen para expresar las ideas y la personalidad del autor.

Pero el disco no queda ahí. La conexión del grupo con el cine clásico, las correspondencias con Boadella, los guiños a Rabal, las voces de Sartre, la letra de Luis Alberto de Cuenca (“Political Incorrectness”) y un sinfín más de detalles acaban por labrar una obra de artesanía donde el artista y su grupo han plasmado su posición ante el mundo. Una posición basada en el compromiso, la dedicación y la admiración de los clásicos. La consecuencia, un disco comprometido donde arte y música es un binomio imposible de separar.

Francisco Huesa (Revista Distopía)

El malentendido

Sofistas

José Antonio Marina aprovecha hoy la tribuna que le concede El Mundo para explicarse. Bien está, porque en su nuevo artículo el filósofo se muestra más sosegado y no tan proclive a los maximalismos de baratillo.

No obstante, la suavidad en las formas no alcanza a disimular las asperezas de un fondo que apenas se sugiere, prudentemente oculto bajo una capa de referencias internacionales de postín. Veamos qué matiza el profesor Marina, y qué, pese a todo, continúa generando razonables dudas sobre la bondad de sus propósitos.

  1. En primer lugar, el autor lamenta haber sido malinterpretado. Hasta llega a admitir que, quizá, la culpa sea suya.

[…] el debate sobre estos temas es necesario, pero me entristece que se hayan basado en malentendidos o en información fragmentada, porque pueden dar al traste con una posibilidad que me parece hermosa. Es posible que haya tenido yo la culpa.

Suponemos que alguien de su talla intelectual se habrá percatado de la ironía analógica. Hasta es posible que haya aprendido algo sobre la inmediatez, la fragmentación, la superficialidad y otros inconvenientes aparejados a la sobreexposición mediática. Algo parecido, profesor, es lo que sucede en la enseñanza española. La escuela, desde hace años, ha perdido la pausa del discurso para dejarse llevar por la espectacularidad del eslogan. La reflexión ha sucumbido ante el brillo de la seducción publicitaria, y la importancia de la palabra justa se ha visto relegada por un utilitarismo que pretende reducir las fuentes del conocimiento a un manual de supervivencia y los análisis razonados al simpático gorjeo de un tuit.

  1. La primera matización está dedicada a la carrera docente. Marina dice ahora que no se trata de instalar en las aulas una versión colegial del Gran Hermano, sino de apostar por una carrera en la que se reconozca el mérito y haya cabida para el «desarrollo personal y laboral». Esto lo firmaría cualquiera, y, de hecho, es una demanda clásica de las asociaciones de profesores. Algo muy diferente de lo que propone en este vídeo (1´44´´)

Despidos

En su tribuna de El Mundo, Marina añade que habría que atraer a los «mejores», propósito loable. Lo extraño es que no haga un aparte para señalar las ridículas exigencias de la carrera de Magisterio, de donde salen los maestros de Primaria que habrán de abordar las etapas más decisivas del aprendizaje. No es nada nuevo, porque la LOGSE ya se ocupó de contribuir a esta indiferenciación académica, metiendo en el mismo saco a maestros y profesores de instituto.

  1. Marina dice, además, que los profesores no quieren ser evaluados, lo cual es falso. De hecho, si la inspección se lo propone, no tienen más remedio que someterse a examen. Lo que ocurre es que la gran mayoría pone en duda que los criterios de evaluación sean los idóneos para valorar cuánto y cómo aprenden sus alumnos. Un modo objetivo de saber esto sería estableciendo periódicas pruebas de nivel con diferentes grados de incidencia en la trayectoria escolar del estudiante. Pero Marina ya ha dicho que no le gustan las reválidas. No sé qué dirá la lógica de esto, pero parece difícil juzgar el rendimiento de los docentes sin evaluar, del modo más objetivo posible, los resultados de los discentes.

Marina apunta a algo tan clásico como la evolución de las notas. Si el niño pasa de 1 a 4, hay mejoría. Claro que sí. Y tanta más habrá si de las calificaciones del profesor depende una parte sustanciosa del salario. La idea del portfolio es, asimismo, muy bonita, pero insuficiente en un sistema en que los cursillos sobre competencias emocionales ganan por goleada a los de didáctica específica. En cuanto a la opinión de los alumnos, parece un argumento débil, sobre todo cuando el sistema ya se ha encargado de instilar el mantra de que la educación ha de ser fácil y divertida como un capítulo de Los Simpson: cabe suponer que, en ciertos contextos, la figura del profesor exigente perezca frente a los colegas apruebalotodo. Sobre la idea de reclutar profesores «de élite» para los centros muy conflictivos, sólo diré una cosa: lo propio de un humanista sería plantear, de principio, el modo de frenar la proliferación de esta clase de institutos.

  1. El filósofo vuelve a despreciar la influencia que una ley puede tener en la evolución del sistema educativo. Si las reglas son absurdas, el juego es inviable incluso para los más dotados. De hecho, las reglas parecen redactadas para infligir daño. Imaginen un piloto excelente al que, por algún motivo, se le obligara a salir desde la última posición de la parrilla de salida. No un día, sino todos los días. ¿Podríamos reprocharle que no ganara? Sin duda, no. Pues una situación semejante es la que tienen que vivir miles de profesores constreñidos por una normativa surrealista y un concepto de la enseñanza cada vez más inspirado en los vínculos clientelares y la estabulación obligatoria. Que entre ellos existan malos ejemplos no anula esta evidencia, sino que la confirma: esas mismas leyes son las que han deteriorado el proceso de selección y hasta el paradigma de lo que ha de ser un profesor competente.

Marina, por su parte, es partidario de extender la obligatoriedad hasta los dieciocho. En cambio, no se ha pronunciado en favor de prolongar un Bachillerato que a día de hoy está completamente destruido.

  1. Por tanto, podemos afirmar que la corriente filosófica que mejor domina Don José Antonio es la sofística, ese arte de modular las palabras en función de los interlocutores. Reformas que no atacan el centro del problema, pero sí a quienes deben lidiar con él cada mañana.

Entre los que, por desgracia para nuestros alumnos, no se cuenta el señor Marina.