De las Competencias Básicas

 

Entre tener problemas con la Ley y la honestidad intelectual, he preferido lo segundo. Esto es lo que figurará en mi programación en el apartado de «Competencias Básicas»:

DE LAS COMPETENCIAS BÁSICAS

El Departamento de Música no programa por Competencias Básicas, por una sencilla razón: no sabe ni quiere hacerlo. Nuestra idea de la enseñanza no contempla teoría y praxis como dos compartimentos estancos, sino como el haz y el envés de un mismo proceso. De tal modo que el alumno que sabe es competente, y el competente lo es porque sabe. En caso contrario, estaríamos ante un prodigio de fe o una manifestación contemporánea de la, así llamada, ciencia infusa.

Ítem más: quienes son supuestamente expertos en esta nueva doctrina pedagógica, tampoco saben explicarlo:

Dice Don José Moya que “una persona, no por saber más es más competente”. Yo añado que este presunto axioma es falaz. Saber más siempre procurará más competencia que saber menos. A no ser que el cuerpo de conocimientos adquirido por el alumno sea completamente inútil, lo cual sería el resultado de una docencia indocta. Como “maestro ignorante” es una contradicción en términos, me permitirán que, amparado en mi libertad de cátedra, defienda mi postura anticompetencial con las palabras de un auténtico maestro:

“Y, por fin, ¿qué es el conocimiento?: conjuntos de capacidades muy diversas, en cada una de las cuales se da una mezcla de “información” y “discernimiento”. Estos dos componentes no se pueden dar por separado: el” saber cómo” y el “saber qué” constituyen las dos caras de una misma moneda llamada “conocimiento genuino”. Tan infructuoso es hacer algo con ignorancia de las reglas, como pensar que las reglas por sí solas nos invisten de la capacidad para hacer o explicar algo. Además de la información, necesitamos la comprensión que nos permita interpretarla.” (De “La voz del aprendizaje liberal”, Michael Oakeshott).

Si el qué y el cómo son inseparables en el proceso de aprendizaje, no veo la manera de que puedan escindirse a la hora de considerar la evolución académica de un alumno. Para mí es, sencillamente, tan improbable como hallar la cuadratura del círculo.

Esto no obsta para recordar que mis alumnos leerán y escribirán, se socializarán, tendrán que aplicar rudimentos de Aritmética, necesitarán echar mano de conocimientos históricos, cronológicos y geográficos, oirán hablar de la Física del sonido, asociarán elementos pictóricos con obras musicales, tendrán contacto con las nuevas tecnologías y todo lo que ustedes quieran. El conocimiento interdisciplinar va de suyo, puesto que ninguna producción humana es completamente ajena al resto de producciones ni se solidifica en el matraz de un laboratorio. Pero, por su progresiva complejidad, cada uno de estos ámbitos de conocimiento que son las asignaturas tiene su propio código, cuya comprensión requiere de profesionales específicamente cualificados para su adecuada transmisión.

Para cerrar este enojoso apartado, me gustaría hacerles ver lo incongruente de considerar como “Competencia Básica Cultural y Artística”:

“…conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente las manifestaciones culturales. Emplear recursos propios de la expresión artística y manifestar interés por la participación en la vida cultural, el desarrollo de la propia capacidad estética y creadora y contribuir en la conservación del patrimonio cultural y artístico de la propia comunidad y de otras comunidades.”

Esto no es básico, sino el último estadio al que puede llegar una persona instruida en los misterios de cualquier ciencia. Ya me gustaría a mí ser capaz de “valorar críticamente” los cuartetos de cuerda de Morton Feldman o la tetralogía wagneriana. Si se aspira a ejercer la crítica es necesario un poderoso arsenal de conocimientos, que es lo que voy a intentar transmitir a mis alumnos. Para que, si quieren, algún día sean capaces de discernir entre Bustamante y una sinfonía de Brahms.

Vale.

 

Calle del Circo, 41001 Sevilla, España

31 respuestas a «De las Competencias Básicas»

  1. «De tal modo que el alumno que sabe es competente, y el competente lo es porque sabe.»

    Pues no; es exactamente al revés: el alumno competente es el que sabe o, lo más importante, no sabe pero puede saber en caso de necesidad, y el que sabe de verdad es porque es competente.

    «Saber más siempre procurará más competencia que saber menos.»

    Es esto lo que es falaz, y no el axioma previo. Los mejores profesores/as de Matemáticas no son los que más saben. Estudié 3 meses de carrera de Matemáticas, hasta que me di cuenta del engaño. Después, he impartido clase durante casi 25 años, y tengo alumnos que venían a mí como suspensos y que luego han acabado esa misma carrera que está desapareciendo de las universidades por falta de alumnado: Matemáticas. Sé menos que todo el profesorado de Matemáticas de todos los institutos, pero soy un profesor más competente que algunos/as. El método de reducción doble, por ejemplo, ya lo usaba yo 10 años antes de que apareciera en los libros de texto.

    «A no ser que el cuerpo de conocimientos adquirido por el alumno sea completamente inútil, lo cual sería el resultado de una docencia indocta.»

    Pues sí, efectivamente, ese es el quid de la cuestión: 5 años de carrera de Matemáticas, más uno de capacitación pedagógica, y un profe de instituto está al mismo nivel como profesor que alguien que no los ha estudiado, como yo.

    El cuerpo de conocimientos adquiridos por el alumno (y sobre todo en la universidades, donde es axioma común el que «lo que vale es la práctica profesional») suele ser completamente inútil.

    Si el cuerpo de conocimientos musicales de los niños/as fuera útil, no seguiría habiendo operaciones triunfo y niños/as escuchando lo que les dicen que escuchen.

    «Esto no es básico, sino el último estadio al que puede llegar una persona instruida en los misterios de cualquier ciencia.»

    Pues no: es básico. Tengo alumnos/as de 7 años que lloran al escuchar el segundo concierto de Rachmaninoff, y que no lloran con Bustamante. Trato de que conozcan, comprendan y aprecien, y de que empiecen a valorar críticamente que 30 personas tocando a la vez después de estudiar años no son 5 que no les saques de 4 acordes básicos. Valorar críticamente no se refiere a estudiar las estructuras armónicas, ni discutir arreglos ni orquestaciones, sino de acostumbrarse a apreciar la música como vía de expresión artística, y a disfrutar de ella, aunque sea un hiphop de lo más básico que, a pesar de todo, nos gusta.

    1. Estimado Santosrios:

      Se me escapa esa figura del ignorante que, en caso de necesidad, accede a una suerte de conocimiento infuso. No quisiera yo estar en manos de un cirujano con tan extraordinarias cualidades.

      Díagme si le suena falaz esto:

      «Los mejores profesores de Matemáticas son los que menos saben». Es el reverso de su epatante lítote.

      Que usted sea excepcional no quiere decir que mi afirmación sea falsa. Del mismo modo, que haya grandes maestros incapaces de transmitir su sabiduría no quita para que la sabiduría sea condición necesaria de un gran maestro. Aquí puede usted establecer todos los grados que le plazcan.

      Deduzco que da usted clases en Primaria, aunque no me queda claro si también imparte estudios más avanzados. Estará de acuerdo en que los requistos de una y otra etapa exigen niveles de conocimiento de distinta complejidad.

      Por otro lado, le veo muy preocupado con el asunto de lo «útil». No parece justo exigirle a la Escuela o a la Universidad que todo cuanto se enseñe esté diseñado para una aplicación práctica o un desempeño profesional. La Escuela debe estar alejada de lo contingente si quiere seguir siendo fiel a su espíritu; debe procurar una formación científico-humanística lo más amplia posible, por dos razones:

      La primera, porque es su deber transmitir el legado cultural que una sociedad considera relevante. La segunda, porque, no limitándose a coyunturas económicas o laborales, concede al individuo más libertad de elegir.
      Es obvio que no estoy hablando de la Universidad española, donde el mérito y la excelencia están ausentes.

      Por desgracia, lo que se aprende en un bufete de abogados se aprende en un bufete de abogados. Aunque le puedo contar casos de familiares a quienes lo aprendido en la Universidad de Biología les valió para publicar en la revista Science. Vamos, que les fue útil. Sólo que esa utilidad la apreciaron las autoridades americanas antes que los laboratorios españoles. Una pena.

      Acerca de OT:

      Sobreestima usted el poder de la Escuela frente al omnipresente dios catódico y su rodillo publicitario. Claro que es útil el cuerpo de conocimientos. Lo difícil es que pueda competir con la exposición continuada de la mediocridad en los medios de (in)comunicación.

      «Valorar críticamente no se refiere a estudiar las estructuras armónicas, ni discutir arreglos ni orquestaciones.»

      Eso lo dice usted. Le alabo que a sus pequeños los inicie en Rachmaninoff, pero la valoración crítica no se agota en ese estadio de escucha sentimental, de la misma forma que la interpretación de «Las Meninas» no acaba con la superficial admiración de su «realismo», ni la lectura del Quijote con una vulgar recensión de sus descalabros. Hay mucho más. Tanto hay que la tendencia a la lágrima puede explicarse, entre otras muchas cosas, por una peculiar secuencia de acordes o giros melódicos. Recuerde que ya los Barrocos hablaban de «mover los afectos» y elaboraron a tal fin todo un catálogo de retórica musical.

      Un cordial saludo.

      1. «Se me escapa esa figura del ignorante que, en caso de necesidad, accede a una suerte de conocimiento infuso.»

        Por ejemplo, servidor. Durante un curso del CEP, los alumnos me pidieron que les enseñara Italc. ¿Mande? Era la primera vez en mi vida que oía tal nombre. Ignorante absoluto y en un caso de necesidad. Cinco días después estaba explicándoles su uso, ciñéndome a lo fundamental, que les resultara útil y sencillo de manejar, y sin problemas.

        No tengo conocimientos, pero soy competente: lo importante no es retener conceptos, sino saber obtenerlos en caso de necesidad.

        “Los mejores profesores de Matemáticas son los que menos saben”

        No, no, no: esto es trampa. La premisa es «saber más o menos Matemáticas no es un indicio de la capacidad de enseñarlas»

        (Por cierto, me encanta lo de «epatante lítote», jajaja)

        «la sabiduría sea condición necesaria de un gran maestro»

        Por supuesto, pero sabiduría no entendida como acumulación de conocimientos.

        «Estará de acuerdo en que los requistos de una y otra etapa exigen niveles de conocimiento de distinta complejidad.»

        Gran verdad, pero también exigen distintas metodologías de trabajo.

        Doy clases en Primaria, pero también he dado (y doy) de instituto, de universidad y a abuelitas con marcha TIC. Todoterreno, jejeje.

        «La primera, porque es su deber transmitir el legado cultural que una sociedad considera relevante.»

        Según qué parte de la sociedad lo relevante se vuelve intrascendente y viceversa. Con gobiernos que nos dicen que consumamos el legado cultural es más bien pobrete. No hay 3 personas que se pongan de acuerdo sobre relevancias e irrelevancias. Usted y yo, que estamos en el mismo barco, podríamos discutir durante meses.

        «La segunda, porque, no limitándose a coyunturas económicas o laborales, concede al individuo más libertad de elegir.»

        ¿Dónde está esa escuela? ¿Qué individuo-niño tiene libertad de elegir simplemente lo que va a ver en clase? ¡Pero si hasta una supuesta «progresista» acaba de declarar anticonstitucional el homeschooling, aceptado mayoritariamente en los paises más avanzados educativamente!

        «le puedo contar casos de familiares a quienes lo aprendido en la Universidad de Biología les valió para publicar en la revista Science»

        Eso, y nada, es nada. Estoy absolutamente en contra del sistema de peer review, que no es sino una gran pantomima que crea pavos reales y conejos, a base de perder el tiempo en burocracias varias durante años. Menos mal que el ridículo de la todopoderosa Nature con el caso del grafeno es otra muestra más que me sigue dando la razón, como el corte de mangas de Perelman a los del premio Fields y congreso asociado. Hace años lo que yo decía sonaba a loco de atar. Afortunadamente, los hechos siguen y seguirán dándome la razón.

        «Sobreestima usted el poder de la Escuela frente al omnipresente dios catódico y su rodillo publicitario»

        Al contrario: los niños/as están acostumbrados a ver solos la tv. Si su profe se sienta con ellos a verla, la cosa cambia, y mucho. Le aseguro que siempre preferirán verla con usted antes que en casa.

        «la valoración crítica no se agota en ese estadio de escucha sentimental»

        Por supuesto. Cada persona alcanzará su nivel propio: por eso nuestro papel consiste en favorecer, no en obligar a un nivel igual para todos. Así, tendré niños/as que avanzarán hasta donde quieran llegar, que se apuntarán al Conservatorio o tocarán de oído, que buscarán músicas diferentes en internet, y otros que se limitarán a exigir unos pequeños mínimos.

        Con una enseñanza de contenidos iguales, al final acabamos donde estamos ahora: bajando el listón cada vez más para poder abarcar a más gente con esos mínimos, con lo que los más capaces se aburren y los menos nunca llegan.

        Si en el fondo estamos de acuerdo, profe.

      2. Cuando hablo del «saber» es obvio que no me refiero jamás a la mera acumulación de datos. Para eso está Google. El auténtico saber emerge cuando se alcanza el «discernimiento», una categoría que quizá se parezca a eso que los neopedas llaman ahora, competencias.

        En otro post hablo de un premiado enseñante sevillano al que en una de sus ponencias oí decir que Google era el sustituto natural (valga la paradoja) del Maestro. Este hombre es de esos a los que se les llena la boca hablando de aprendizaje cooperativo, facilitación y entornos motivadores. Pero todo eso no le ha servido para distinguir entre «información» y «conocimiento». ¿También va a enseñar Google a «discernir» qué datos son o no relevantes? En tal caso, está claro que cualquier ítem relacionado con el «sexo» (la palabra más «gugleada»)se llevará la palma.

        Por supuesto que la, llamémosla así, flexibilidad intelectual es algo necesario. Jamás se deja de aprender, pues el campo del conocimiento es infinito. Usted deja de ser un ignorante en una determinada materia desde el momento en que se instruye o le instruyen en ella. Esto es de perogrullo.

        No sé que sea Italc., pero lo que es seguro es que la Música, la Filosofía o la Física de Secundaria no se pueden enseñar tras cinco días de consultas especializadas. Recuerdo cuando me tocó dar Plástica a un 2º de ESO: la humillante sensación de estar defraudando a mis alumnos. La torpeza. El ridículo.

        Otro problema es el grado de competencia que se pretende alcanzar. Que en Secundaria todo empiece a girar en torno a unas competencias, así llamadas, «básicas», es un síntoma de la «primarización» que estamos viviendo. En esta etapa, la lectura, la escritura y las operaciones elementales deben ser el punto de partida, no uno de los indicadores para evaluar el rendimiento del alumno. Competencias básicas en Primaria, Competencias Básicas en Secundaria… ¿Competencias Básicas en Bachillerato, en la carrera, en el posdoc?

        Tampoco hay tres personas que se pongan de acuerdo en gustos musicales, pero eso no quita para que la mayoría de expertos pasados y presentes consideren a Mozart un referente imprescindible. Si alguna vez cambia el canon, pues no pasa nada: se cambia. En la Ciencia, ningún conocimiento tiene valor sin el respaldo y asentimiento de la «comunidad científica».

        Sobre el homeschooling, no puedo estar más de acuerdo con usted. También soy partidario, como declaro en algún post, del cheque escolar y de la libertad de elección de centros. Algunos me han llamado facha por eso.

        «Con una enseñanza de contenidos iguales, al final acabamos donde estamos ahora: bajando el listón cada vez más para poder abarcar a más gente con esos mínimos, con lo que los más capaces se aburren y los menos nunca llegan.

        Si en el fondo estamos de acuerdo, profe.»

        Pues en lo esencial, sí.

        Un saludo.

    2. «Tengo alumnos/as de 7 años que lloran al escuchar el segundo concierto de Rachmaninoff, y que no lloran con Bustamante»
      Esto sí que suena a falacia pura y dura, no porque Rachmaninov sea un mùsico difícil, sino porque yo no he visto aún a ningún niño de siete años o más, alumnos del conservatorio, empatizar con el romanticismo tardío hasta el punto de que les haga llorar. Esa sensibilidad suele adquirirse más tarde. Me resulta sospechoso que haya elegido ese «hit» para poner el ejemplo, justo la música sensiblera que tantas películas han usado cuando han pretendido «hacer llorar».
      Del resto de la polémica suscitada por Santos Ríos, me quedo con esta frase: «No tengo conocimientos, pero soy competente: lo importante no es retener conceptos, sino saber obtenerlos en caso de necesidad». Dos apuntes: ¿le parece pequeño «caso de necesidad» tener que explicar esos conceptos a alumnos? ¿Los obtiene el día anterior a su clase o cómo lo hace? Y otro apunte aún más triste: usted, probablemente, jamás necesitará obtener ni retener conceptos ni conocimientos sobre la mayoría de asuntos del Universo: ni sobre la tectónica de placas, ni sobre Mozart, ni sobre la picaresca del siglo de Oro, ni sobre el estómago de los rumiantes. Para obtenerlos, bastará con wikipedia, ¿no? La escuela como mausoleo inútil, el profesor un artefacto perfectamente prescindible, los alumnos impregnados de un ligero barniz competencial, (para que puedan presentarse a algún concurso) y, lo más importante, todos con título para que la Revolución Francesa no haya sido en vano en sus aspiraciones de igualdad total. Desde aquí se huele el tufillo a psicopedagogo, señor Santos Rios. De los que viven muy bien lejos de las aulas. Curiosamente, todos se hacen pasar por profesores cuando se meten en los foros de internet

      1. «Esto sí que suena a falacia pura y dura, no porque Rachmaninov sea un mùsico difícil, sino porque yo no he visto aún a ningún niño de siete años o más, alumnos del conservatorio, empatizar con el romanticismo tardío hasta el punto de que les haga llorar. Esa sensibilidad suele adquirirse más tarde. Me resulta sospechoso que haya elegido ese “hit” para poner el ejemplo, justo la música sensiblera que tantas películas han usado cuando han pretendido “hacer llorar”.»

        1) Me llama mentiroso argumentando que «no ha visto a ningún niño de 7 años» llorar con ese concierto, cuando en su vida se le ha ocurrido ponérselo. Qué pena de sus alumnos/as.

        2) Su segundo argumento es «esa sensibilidad suele adquirirse más tarde», pura demostración científica. Porque usted lo dice, ¿no?

        3) Llama «música sensiblera» a uno de los más bellos conciertos románticos de la historia de la música clásica

        «¿le parece pequeño “caso de necesidad” tener que explicar esos conceptos a alumnos? ¿Los obtiene el día anterior a su clase o cómo lo hace?»

        Si los alumnos me ven investigar para aprender cosas nuevas, les enseño con el ejemplo a hacerlo ellos solos. Si pretendo saberlo todo, les enseño a pretender saberlo todo

        «usted, probablemente, jamás necesitará obtener ni retener conceptos ni conocimientos »

        ¿No dice que los obtengo el día antes? ¿Como dice ahora que jamás necesitaré obtenerlos?

        «La escuela como mausoleo inútil, el profesor un artefacto perfectamente prescindible, los alumnos impregnados de un ligero barniz competencial, (para que puedan presentarse a algún concurso) y, lo más importante, todos con título para que la Revolución Francesa no haya sido en vano en sus aspiraciones de igualdad total.»

        Caramba, y sin argumento ninguno concluye en el caos total. Creía que la única igualdad total es la de los contenidos exactamente iguales para todos, a la misma hora y todos a la vez. Esa sí que es la escuela-mausoleo y el profesor artefacto inútil, a seguir la programación de la editorial de turno.

        «Desde aquí se huele el tufillo a psicopedagogo, señor Santos Rios. De los que viven muy bien lejos de las aulas. Curiosamente, todos se hacen pasar por profesores cuando se meten en los foros de internet»

        Vaya, antes mentiroso y ahora que vivo muy bien lejos de las aulas. Y encima criticando a los psicopedagogos/as.

        Para esto, alce, mejor se queda en casa calladito, cobra a fin de mes hasta que se jubile y le da gracias a la tita por el enchufe que le permitió sacar la plaza. Un palo para sus pobres alumnos/as, pero qué se le va a hacer: así es el sistema.

      2. Señor, o señora, Santos Rios, vayamos por partes. Con respecto a Rachmaninov y los niños de siete años, (o más, nueve, diez, once, doce…), no sólo hago que lo escuchen, sino que, por mi vinculación con el conservatorio, conozco a muchísimos que tienen obligación de tocarlo, (piezas fáciles, por supuesto), como parte de los programas oficiales. Un niño de siete años disfruta, juega, araña la música y se siente seducido por ella, casi como un reto, pero desde luego no tiene una sensibilidad que le permita conocer el lenguaje romántico hasta el punto de llorar con esa melodía del último movimiento del concierto al que usted, probablemente, alude. He visto miles de niños aprendices de músicos, pero está claro que pertenecían a una esfera más prosaica que la de sus hiperestésicas sesiones, (perdón, clases), de música. Sí, una hipersensibilidad hacia la música tal que haga llorar suele adquirirse más tarde, se sepa o no música. No tengo estudios científicos al respecto, sólo lo veo en mis alumnos. Y en esos «conciertos didácticos» que organizan los institutos, donde cualquiera puede ver el mar de lágrimas en que se convierte el auditorio. Qué pena de alumnos. Por otra parte, no le he llamado mentiroso, sólo he dicho que sospecho que lo es.
        Con respecto a sus apreciaciones sobre estética musical, confunde lo bello con lo sensiblero, dos (supuestas) categorías ajenas entre sí, ninguna tiene por qué salir victoriosa sobre la otra. Eminentes musicólogos y ensayistas musicales tienen al ruso por sensiblero, (ese lenguaje melódico-romántico hipertrofiado en el momento en que ya había caído en desuso). De hecho, a mí y al de la tentación que vive arriba, y al que tiene un breve encuentro, y a otros cuantos nos gusta bastante aun considerándolo demasiado azucarado. Incluso puede que a algún niño de siete años, (ya le digo, es una música «fácil»).
        Con respecto al resto del discurso, más de lo mismo, palabrería fácil que se desharía como azucarillos en tantas y tantas aulas de institutos reales, de Andalucía y de fuera. Si usted quiere dar buenas clases, (si es que realmente las da), tiene, como premisa insustituible, que SABER, no jugar a aprender a saber para que sus alumnos, a su vez, aprendan a aprender. Dice usted que «Si los alumnos me ven investigar para aprender cosas nuevas, les enseño con el ejemplo a hacerlo ellos solos». Mire usted, mis clases duran una hora y tengo que tener muy clarito el «guión» de la sesión, para que no se cuelen más gritos de los necesarios. Usted parece un dedicado total, ¿se los lleva a su casa para que le vean investigar cosas nuevas? Fascinante. Como dice Nacho Camino, aunque con otras palabras, ese estadio final ideal del alumno que ya investiga solo es el resultado de un larguísimo proceso que pasa, por ejemplo, por que el alumno sepa leer y escribir bien, (he conocido clases de «pobres de mis alumnos» que rondarían el 70% de dificultad en la comprensión lectora. ¡¡Pues que aprendan a tocar maravillosas melodías, y a analizarlas, total, si ayer me vieron hacerlo a mí!!!).Una vez más, sus palabras huelen a camelo de teórico de despacho, (sólo «huelen», ¿eh?, para que no me llame mentiroso).
        Con respecto al caos total en que dice que he caido, dése una vuelta por un instituto real y verá lo que es el caos, y déjese de gaitas. El panorama que yo pinto es hasta benévolo con la actual institución educativa. Y no se meta con los de las editoriales. Excepto las que han hecho su agosto con toda la basura pseudo-pedagógica que excretan las facultades de psicopedagogía,(y que van comiendo terreno en los anaqueles de las librerías a la literatura y al ensayo noble), había muchas serias y eficaces, que publicaban libros magníficos donde aprendieron miles de estudiantes, y que ahora se ven obligadas a bajar contenidos de manera lamentable y a llenarlo todo de dibujitos, y a mantener horas y horas de reuniones de sus expertos en política editorial, para intentar encajar en la chorrada competencial de turno sin ruborizar demasiado a cualquier intelectualidad honrada, y poder así sacar el libro al mercado con el visto bueno del comisario político.
        Por último, ¿qué coño dice de una tita que me aprobó las oposiciones? Tuve la segunda mejor nota de Andalucía el año de mi entrada en el cuerpo; nunca le he dado importancia, sólo lo saco a relucir ante colegas de talento que hacen llorar a los niños con Rachmaninov. Con mis alumnos no se meta, ni les llame «pobres». Como todos los miembros de la secta que forman los psicopedagogos logsianos usted excluye la posibilidad de otro camino de enseñanza, se pasan ustedes la Libertad de Cátedra por los mismísimos, y ése es el camino que siempre, invariablemente, les lleva a terminar cualquier debate en foros de internet con gente que les llama impostores con las siguientes palabras: «pobres de tus alumnos». Si es que no falla, oiga. «¿Ah, sí? ¡Pues pobres de tus alumnos!!» A Pinos Puente lo mandaba yo, o a Almanjáyar, o a cualquier instituto «normal», que están deseando llorar con Rachmaninov. Manda cojones.

      3. Estimado Alce

        No me haga juegos de palabras con Rachmaninov: usted ha cuestionado que yo he puesto el primer movimiento (no el tercero: si es que no ha acertado nada con su cuestionar algo que es cierto. ¿Qué gano contando una mentira? ¿Un maldito debate? ¿Para eso discute usted, para ganar un debate, para desenmascarar?) del concierto para piano nº 2, y que una niña de 7 años se puso a llorar sin saber por qué, y luego la siguieron otras dos más. Así sucedió, y le aseguro que el primer sorprendido fui yo, que tuve que quitarlo inmediatamente y poner algo más movidito.

        No entiendo por qué ataca una filosofía de enseñanza que me ha dado resultados asombrosos, y no es más que cumplir la Ley en relación con las competencias. No es usted el único que me cuestiona. ¿Por qué? ¿Por qué las personas tendemos a criticar o cuestionar en lugar de preguntar y aprender?

        Se supone que es usted maestro, ¿no? Si no pregunta para aprender, ¿cómo demonios pretende que lo hagan sus alumnos?. Por eso digo que es una pena para ellos, que no son tontos en absoluto, y que se dan cuenta de que usted pretende que ellos y ellas hagan algo que usted mismo no hace.

        ¿Por qué la tendencia es a atacarme en lugar de a preguntar cómo lo hago? ¿Se rebaja ante mí por ello? Pues mire, yo he asistido como alumno a varios cursos este año, acabo de llegar de viajar a ver a un experto en TDAH para preguntarle y sigo leyendo y preguntando a todo el mundo. Me rebajo ante todos ellos por preguntarles: me da igual, porque eso no tiene ninguna importancia. Importan los niños/as.

        ¿Qué usted prefiere pensar que miento y soy un teórico totalmente apartado del mundo de las aulas? Usted mismo: voy a cumplir los 50, y llevo dando clase desde los 17 años, a todo tipo de personas y de muchas cosas. Ahora estoy en colegios, pero lo último que he hecho en los insitutos es leerles poesía con música de fondo en el Salón de Actos o en el gimnasio, cuando eran muchos, y lo he hecho en varios lugares muy diferentes. En todos ellos responde más del 75% de la peña, y el otro 25% no pierde el respeto. Hay palabras que llegan hasta a los oídos más cerrados.

        Me da igual Almanjáyar o las 3.000 viviendas. Los niños/as nos leen desde muy pequeños; leen nuestra actitud, nuestra forma de vestir, nuestros coches. Saben con quién se las gastan.

      4. Amigo/a Santos, sé perfectamente que de mi tono se desprende mala leche. No va contra usted en concreto, sino contra una forma de entender, (mejor sería decir «destruir») la enseñanza que tanto daño ha hecho ya y contra la que no veo fácil defensa, y que es, ni más ni menos, la que usted representa. Fíjese bien que hablo de enseñanza, no de educación, y ahórrese decirme que no está de acuerdo. No quiero yo tampoco más debate, ni siquiera aspiro a que entienda el por qué de esa mala leche. No tengo ya fuerzas para pedir disculpas, ni me preocupa ser levemente maleducado; yo mañana retorno al aula donde tantos compañeros estamos haciendo el imbécil y perdiendo el tiempo, (sí, Santos, incluso los que se atreven a leer poesía con música y salen escaldados. No haga que me ruborice, que a lo mejor yo he sido uno de ellos). Su último mensaje humilde no cambia el hecho de que este tipo de pedagogía ha jodido la enseñanza, el conocimiento, en este país. Y aún me pide que le pregunte cómo lo ha hecho, como si no lo supiera ya. Lea las entradas de Camino que, en esencia, dan cuenta fiel de la debacle.
        Así que la catarata de lágrimas no estaba programada, ¿eh? Ah, bueno, eso ya es otra cosa. Al niño de siete años le dio entonces por llorar, es posible que lo hubiera hecho igual con una suave balada de Busta…¿QUé más da? Lloró como podía haberse levantado. Y no todos lloraron, ni siempre. Usted simplemente puso un disco, ¿esa es su estrategia? (porque eso lo hacen todos los profes de música)¿Lo tenía implementado en estrategias metodológicas para el currículo transversal o el niño lloró de forma entrañable, maravillosa, espontáneamente? De lo que ya no cabe duda es de que, si no miente, es usted un docente extraordinario, (aquí no hay ironía). Algunos alumnos míos gritan como animales y ahora compruebo, con horror, que a lo mejor no es por escuchar «La consagración de la primavera».
        Lo que sí ha quedado claro, rotundamente, es que nos movemos en universos absolutamente distintos: la niñez y la adolescencia, los siete años y los quince. Esta diferencia, querido amigo, es radical e imposibilita que sigamos intentando confrontar pareceres. Usted todo el rato habla de «los niños». Usted se mueve en el bosque húmedo, yo en el desierto, (o al revés), y quiere que le pregunte cómo hace para sobrevivir, sus técnicas no nos sirven a los profesores de instituto. Adiós.

      5. Una última cosa, señor Santosrios. ¿Podría confirmarme si es usted Oscar Ortega, alias Santosrios, el astrólogo, presentador de televisión y forero impenitente? En un blog del profesor cabreado usted mismo lo afirma, y de ahí en adelante ha sido divertido seguirle la pista, especialmente cuando encontré este enlace ciertamente revelador, ciertamente revelador…
        http://pez-diablo.blogspot.com/2009/01/por-favor-no-delante-de-los-nios.html

      6. Estimado Alce:

        Más que el enlace, lo revelador es su comentario en el foro del profesor cabreado. Lo transcribo para los que sigan este hilo y vean de que va usted exactamente:

        «El señor Santosrios, en la vida real Oscar Ortega, hace una fantástica demostración de sus métodos pedagógicos; incluso en las facultades de psicopedagogía y en los distintos magisterios tomarán nota:
        http://pez-diablo.blogspot.com/2009/01/por-favor-no-delante-de-los-nios.html

        Tampoco se pierdan sus habilidades como astrólogo tecleando por google. Ahora entiendo de dónde saca tantas competencias. Este es el “pedagogo” que va sentando doctrina logsiana por innumerables posts de innumerables foros. Y que apesta a fraude descomunal si se le suelta en un aula de secundaria, ya que en el plató está simpático y motivador. Bah!!»

        1) Para demostración de mis habilidades como astrólogo, le recomiendo el siguiente enlace, donde predigo con 4 meses de antelación el movimiento 15-M:

        Además, creo que hablo sobre la posibilidad de un Fukushima, dos meses antes del terremoto

        2) Para demostración de la validez de la Astrología, le recomiendo el siguiente trabajo de la doctora Sara Klein. Desgraciadamente, como los intentos de falsación obtuvieron resultados similares, se ha preferido ignorar el tema y correr un tupido velo:

        http://safire.net/sara/index.html

        3) Para demostración de que usted no actúa correctamente, le transcribo: «Este es el “pedagogo” que va sentando doctrina logsiana por innumerables posts de innumerables foros. Y que apesta a fraude descomunal si se le suelta en un aula de secundaria, ya que en el plató está simpático y motivador.»

        Solo hay algo que puede que le salve: toda la información está ahí, al alcance de cualquiera, y usted al menos se ha tomado el trabajo de investigar, cosa que no ha hecho casi nadie. Lástima que caiga, como todos los demás, en el ataque ad hóminem: desacredito al hombre, no a lo que dice.

        En el fondo, creo que está pagando sus frustraciones como educador conmigo, y creo que en su fuero interno le gustaría compartir un café y preguntar, porque junta desacreditaciones con frases como «si no miente, es usted un docente extraordinario».

        Por cierto, lo de «soltarme en un aula de secundaria» ya lo han hecho: tengo algunos amigos y amigas profesores que me han llevado a sus tutorías, y su alumnado ha insistido en que vuelva bastantes semanas seguidas. No solo estoy «simpático y motivador» delante de las cámaras, amigo alce.

        Como ya le he dicho, los alumnos nos leen nada más entrar: saben si estás o no conectado con ellos desde que abres la boca por primera vez. Y yo lo estoy, y le aseguro que mi trabajo me ha costado.

      7. Ja ja ja ja ¿cómo no va a estar usted conectado con los alumnos si lo que más les interesa es el horóscopo? Yo, a partir de ahora, voy a probar con la alquimia; no se ría, tiene tanta base científica como la astrología, y tanta historia. Yo estoy acostumbrado a discutir con pedagogos logsianos, no puedo con el hermano de Aramis Fuster. Le investigué porque, aunque decía las mismas tontunas que los pedagogos oficiales, (empezando por el «pobres de tus alumnos»), había un cierto matiz distinto, un aroma que se salía del frasco. Ahora entiendo lo de Rachmaninov, usted juega con ventaja activando la Armonía de las Esferas a su favor. Retiro lo de docente extraordinario, pero no me apetece explicarle exactamente por qué, tardaría y no me apetece escribir. Resumamos diciendo que, ahora sí, le tengo por un fabuloso embustero.
        En lo de mis frustraciones como educador, tiene toda la razón. Pero las tendría igual si, siendo panadero, tuviera que luchar contra un astrólogo que me dice, (y me manda), que el pan se cuece mejor espontáneamente que encendiendo un horno. Aprendiendo a cocerse.¿Cómo no voy a estar frustrado, si tengo enfrente a un ejército de pedagogos logsianos comandados por Octavio Aceves, (¿o era Óscar Ortega?). ¿Le suena a burla? Me estoy descojonando en su misma cara, volatinero, así, sin ningún respeto, para que usted pueda poner libremente «ya ven de qué pie cojea el alce». He repasado todo el hilo y varios enlaces con un colega muy joven, (24 años), que ha dado su primer año de clase. La verdad es que le agradecemos el buen ratito que hemos pasado gracias, en primer lugar, a su estupidez; y, sobre todo, gracias a su inmensa prepotencia. Por favor, deje a los profesionales de la enseñanza intentar trabajar; y después, si tiene tiempo, a ver si puede predecirme cuánto durará este calvario alucinante en la enseñanza española.
        Si el moderador considera que este post incluye faltas de respeto y desea borrarlo, no le faltará razón y tendrá todo el derecho. Pero que no olvide que la falta de respeto suprema es que un charlatán de feria intente adoctrinar desde la Verdad Revelada a tantos profesionales reales de la Enseñanza de este país, que ya bastante tienen con la que está cayendo.

      8. Al fin, Alce: Acaba usted de dejar claro lo de «pobres de sus alumnos». Aparte de insultar y desacreditar lo que no conoce, y de no oponer nada en absoluto a mi teoría, se dedica al insulto personal. Me imagino a sus alumnos, castigo tras castigo y amenza tras amenaza.

        «Charlatán de feria», «fabuloso embustero», «hermano de Aramis Fuster», «su estupidez», «su inmensa prepotencia»… ¿Esos son todos sus argumentos? Muy pobre, alce.

        Lo más gracioso es que habla de prepotencia en los demás alguien cuyo mensaje es pura prepotencia, insulto y falta de respeto. Frente al estudio de la Dra Klein, frente al Centro Universitario de Investigación Astrológica del Dr. Guinnard en Paris, frente a muchísimas universidades del mundo que enseñan medicina ayurveda (basada plenamente en la Astrología), aquí tenemos a alguien que se atreve a hablar del tema no solo sin tener la menor idea del mismo, sino encima siendo capaz de llegar al sarcasmo. Frente a 30 años de estudio astrológico, los mismos que llevaron a Richard Tarnas a escribir Cosmos y Psique, tenemos a alguien que no tiene la menor idea del mismo pero que se lanza a criticar. El atrevimiento de la ignorancia, se llama eso.

        Por tanto, su enseñanza aquí consiste en:

        – niños: insultad a vuestro interlocutor en un debate
        – niños: criticad y ridiculizad lo que no conocéis
        – niños: niños decid al otro que miente nada más entrar a debatir

        Por sus obras los conoceréis.

        Pobres de sus alumnos, alce. Pobres de verdad.

      9. No, Santos, pobres de los suyos. Un profesor que ignora todos los avances de la ciencia, (la de verdad), desde el siglo XVII; que ignora el rechazo de la comunidad científica internacional a la astrología, considerada hoy unánimemente como superstición… en fin, alguien, en suma, que en vez de aplicar el método científico a su estudio se dedica a averiguar el futuro, (por cierto, el 15M lo predijo mucha gente, economistas, historiadores, hasta algún parroquiano de bar, sin estudios…bastaba observar un poquito). No es este el lugar para establecer un debate astrológico para el que, en efecto, yo no estoy preparado. Los hay a miles en internet; casi siempre consisten en un científico exponiendo pruebas y astrológos aficionados hablando, al final, de Dios. Pruebe con este, es extensísimo y usted es un profesional que puede aportar luz: http://jmhernandez.wordpress.com/2008/07/27/el-fraude-de-la-astrologia/
        Este foro es de educación, y aquí tiene su propia medicina: es verdad que yo sólo tengo conceptos y conocimientos muy básicos sobre astrología, pero como soy competente, los obtengo en caso de necesidad, (en una semanita, por ejemplo), y mañana ya puedo empezar a dar clase sobre astrología. Mejor si mis pobres alumnos me ven investigando sobre el horóscopo, porque eso les motivará a ellos también a ser astrólogos.
        Me cita usted algunos astrólogos convencidos. La bibliografía científica, (repito, científica), que considera fraude su disciplina, señor Santos, es inabarcable, y no es este el sitio de ponerla, porque no cabe. Sin embargo, en internet he podido encontrar algunas páginas, algunas hechas por astrónomos.
        * ARP-SAPC.org/Publicaciones (artículo crítico acerca de Michel Gauquelin y el «efecto Marte»)
        * ARP-SAPC.org/Publicaciones (otro artículo acerca del «efecto Marte»)
        * ARP-SAPC.org («La astrología europea, ¿es una ciencia o no?», artículo acerca de las pretensiones científicas de la astrología).
        * SinDioses.org/Escepticismo/Astronomia-Astrología.html (reflexiones de un astrónomo acerca de la astrología)
        * Astrology and Science (web con artículos científicos sobre astrología, en inglés)
        * Horóscopo y Astrología Desmitificación detallada de la astrología y su exposición como pseudociencia

        Ah! Y disculpe por llamarle estúpido, eso no estuvo bien, desde luego. Ponga iluso en su caso.

        Fíjese, me iba a despedir haciendo un poco de burla sobre la creencia de Adolf Hitler en los astrólogos, (a quienes, efectivamente, consultaba y que me lo ponían en bandeja, tal y como le fue la guerra al final), y me encuentro con estas palabras del propio Führer:
        «Tampoco hay que dejar de tener en cuenta la influencia de los horóscopos, ese cuento en el cual tanta gente, particularmente los anglosajones, cree a pies juntillas. ¡Hay que ver el daño que causó al Estado Mayor general británico que un astrólogo inglés muy conocido publicase un horóscopo anunciando la victoria final de Alemania! Fue preciso, para calmar la inquietud así suscitada, que los periódicos desenterrasen todos los horóscopos de aquel astrólogo que se habían revelado erróneos, y que los publicasen. Para enjuiciar todo cuando atañe a la superstición, hay que partir de la base de que basta con que un pronóstico sea confirmado casualmente por los acontecimientos, para que el ser crédulo retenga esta única coincidencia, olvidando los cien otros ejemplos en que una predicción no se ha cumplido. La predicción realizada se convierte en artículo de fe y su recuerdo se transmite de generación en generación.»
        Adiós, le deseo un verano próspero en predicciones y adivinanzas

      10. Mire, Alce: sigue hablando de lo que no sabe. Me cita las páginas de los pseudo-escépticos, de los que supongo que tampoco sabe nada. Por el hecho de investigar en Astrología se atreve a afirmar que «Un profesor que ignora todos los avances de la ciencia, (la de verdad), desde el siglo XVII; que ignora el rechazo de la comunidad científica internacional a la astrología, considerada hoy unánimemente como superstición».

        ¿Qué es la ciencia de verdad? ¿Por qué tengo que ignorarla, por investigar en Astrología? Recurre a google y a tópicos, pero ha sido incapaz de informarse un poco más. Le repito: la Astrología está demostrada. Infórmese. No existe documentación contra la Astrología. NINGÚN ESTUDIO concluye nada contra la Astrología: se limitan a afirmar que hay indicios. Punto. Ni siquiera Geoffrey Dean, uno de los infatigables anti-astrólogos, ha podido concluir nunca que alguno de sus experimentos ha demostrado la falsedad de la Astrología. Ese experimento que demuestra la falsedad NO EXISTE. Lo que si existe es el estudio de Sara Klein, que demuestra su veracidad.

        Si quiere más datos, le recomiendo un texto de mi blog: http://www.santosrios.com/?p=153

        Como suele suceder, es usted quien saca el tema de la Astrología y no yo, y encima con sarcasmo sin saber nada del tema, y ahora dice que no es este el lugar para un debate astrológico. Por supuesto que no: aquí estábamos hablando de educación por competencias, y en vez de explicar por qué mi modelo educativo no le parece acertado, cuando tengo pruebas palpables de sus excelentes resultados, me ataca personalmente con algo que no viene a cuento para nada. Es usted quien no habla de educación: se limita a llamarme mentiroso de entrada, y a reírse de mí porque estudio desde hace 30 años algo que no solo está demostrado, sino que además cobrará mucha más fuerza en las próximas décadas o siglos, si es que todo este «progreso científico de verdad» no acaba antes con el planeta.

        Así, mientras usted me llama «hermano de Aramis Fuster», yo estoy investigando, por ejemplo, en la detección precoz de enfermedades infantiles, un tema en el que la Astrología tiene bastante que decir, como he comprobado personalmente, aunque sin haber llegado todavía a sistematizar el experimento. También la Astrología sirve para ayudar a otras personas, o como elemento motivador en una faceta menos trascendente. Debería conocerla en lugar de reírse de ella sin saber nada.

        Que tenga un buen verano.

      11. Según su teoría competencial, da igual que no sepa nada de astrología. Mañana mismo podría estar dando clase sobre ella, y desde luego puedo hablar en todos los foros que quiera puesto que existe la posibilidad de «informarse» rápido. Uno de sus timos que coincide con la pedagogía oficial.
        Desde luego, la Astrología no está demostrada. Al revés, es falsa de toda falsedad. Siga usted diciendo que es astrólogo convencido y sólo encontrará risas en ambientes docentes y académicos, sobre todo entre profesores de ciencias. (Ahora bien, si dice que cobra por elaborar cartas astrales, como hace, encontrará algo más que risas, me temo). Le repito: falsa de toda falsedad, llevo sólo dos días leyendo sobre el tema y ya me he dado cuenta de que se saltan todo el protocolo científico para explicarla. Como dice Carl Sagan, este escepticismo no es nuevo, y se daba también plenamente en sociedades antiguas totalmente regidas por la Astrología. (Por cierto, Carl Sagan también la tilda de superstición).
        Como los farsantes que, quizá, viven de su farsa, (al igual que los psicopedgogos de esa tendencia tan conocida últimamente) son empecinados y no se bajarán del burro, porque les va las lentejas en ello, concluiremos que no se puede discutir con ellos. Al menos esa es la conclusión a la que llegan varios astrónomos aficionados, (o profesionales), a los que solicité ayuda para zanjar mi debate con el cuñado de Octavio Aceves, (no sé por qué se enfada si se los menciono, son al menos tan creibles como usted). Pero esos astrónomos aficionados o profesionales, ayer y y hoy, no sólo lo dan por imposible, señor Santos, sino que le dan mil razones para que sigamos descojonándonos cuando quiere con su pseudo-ciencia averiguar el futuro. Es verdad que hay tópicos, (tópicos que, por otra parte, los astrólogos nunca han desmontado, porque no pueden). Pero también hay otras muchas razones que indican claramente el fraude, algunas de las cuales se podían leer en otros enlaces que le proporcioné, (sí, recurriendo a Google, ¿ahora no se puede?, ¡¡pero si es la panacea de la educación moderna, de los centros tic, del trabajo cooperativo, de la competencia digital….!!)
        En fin, como le decía, me registré en un foro de astronomía, (donde debieron flipar, porque allí se habla de telescopios y de fenómenos observables), con el nombre de Benserade, dejé la pregunta sobre usted y la astrología en general y aquí tiene las respuestas, y más enlaces, sobre el asunto. Está usted haciendo pasar buen verano a mucha gente. De paso, compruebo cada vez más cómo de fácil es de desmontar la tontuna astrológica, contra lo que usted dice. Tampoco hay ningún estudio definitivo contra la existencia de unicornios verdes de tamaño microscópico saltando por las lunas de Júpiter, pero seguro que hay por ahí algun santosrios cobrando por enseñarlos. En fin, entre este foro y los enlaces de antes ya tiene mil preguntas que responder, empezando por la de los gemelos nacidos en el mismo momento y mismo lugar pero con vidas muy distintas. Quedan 999 si responde. Hágalo, si le place, en el foro, y así descongestionamos este. De verdad que me interesa ver sus respuestas y las réplicas a que dará lugar, que usted ya tendrá adivinadas.

        http://www.astronomo.org/foro/index.php?topic=5473.msg48145#msg48145

      12. ¿Insiste en el debate astrológico y en el ataque personal? Es una buena forma de desviar la atención de lo fundamental. Se lo recuerdo:

        «Por tanto, su enseñanza aquí consiste en:

        – niños: insultad a vuestro interlocutor en un debate
        – niños: criticad y ridiculizad lo que no conocéis
        – niños: decid al otro que miente nada más entrar a debatir

        Por sus obras los conoceréis.»

        Como comprenderá, porque usted lo diga no voy a entrar a discutir de Astrología, sobre todo cuando nadie cita un solo estudio que demuestre su falsedad, y todo el mundo ignora el de Sara Klein y los accidentes laborales, o la demostración de Patrice Guinard sobre su carácter científico. Lo de Richard Tarnas ya ni lo nombro, porque fue un rayo en el núcleo del sistema.

        Lo más gracioso es que quienes más la critican, los astrónomos, nos quieren hacer creer que la mayor parte del Universo es algo llamado energía oscura de presión negativa. Y luego todos como papagayos a repetir consignas. Pregúnteles a esos astrónomos por su último congreso, ande, por el ridículo del consejo de sabios (entre ellos la actual presidenta de la UAI) a los que nadie hizo caso. Pregúnteles por los estudios sobre meteoritos marcianos y su relación con las subvenciones a la NASA.

        Pregunte a los fenómenos del status quo por el fracaso descomunal del peer review con el tema grafeno, o por qué Perelman le dijo a los de la medalla Fields que se la metieran por ahí mismo.

        Usted no sabe nada, ni siquiera debatir.

      13. Pregúnteles usted mismo, para eso he dejado el enlace. Ahí citan muchas razones de peso que demuestran su falsedad, pero usted erre que erre. Tiene razón, yo no sé nada. Usted lo sabe todo, pero no puede adivinar. A mí me pagan por lo que sé, (un poquito de música); usted cobra por falsedades. Adiós, Santos, ya no tiene usted gracia. Miedo da, en el siglo XXI, leer estas cosas. Me despido con una frase suya que resume su postura: «¿Qué es la ciencia de verdad?» Una duda metódica radical que usted se permite con el empirismo de los astrofísicos de los últimos cuatrocientos años, desde Kepler más o menos, y que, sin embargo, no admite en lo más mínimo cuando le puede joder su cartera de clientes. De verdad, en un plató estaba usted más simpático a pesar de las preguntas para retrasados mentales que formulaba a los niños.

      14. No puedo resistirme a copiar estos dos párrafos de Miguel Ángel Sabadell, licenciado en astrofísica pero también profesor de ESO:
        «Difícilmente se podría encontrar a un astrónomo profesional o aficionado que crea que las posiciones relativas de los planetas determinan el carácter y el destino de las personas (astrología natal), o que influyan sobre la economía (astroeconomía) o la política de un país (astrología mundial). Por algo muy sencillo. El mayor logro de la ciencia, y en particular de la astronomía, es el haber descubierto que todo el universo se rige por las mismas leyes y está hecho con los mismos elementos químicos que los encontrados en la Tierra. La caída de una hoja, el movimiento de los planetas y el de las galaxias están recogidos por una única ley. El hidrógeno del Sol, la limonita de Marte o el anhídrido carbónico de Venus son idénticos a los encontrados aquí. Así que, ¿por qué el amoniaco de Júpiter puede influir en nuestro carácter y el que tenemos guardado en el armario de la cocina no?.

        La astrología se basa en opiniones y en creencias más que en evidencias. Es consecuencia del pensamiento mitológico de las primeras culturas. Es consecuencia de una forma de ver el mundo, de una cosmología completamente diferente a la real. Resulta edificante repasar la historia de la astronomía, pues en ella encontraremos las razones por las cuales la astrología es indefendible.»
        Tecléelo en google y le saldrá el artículo entero, que no tiene desperdicio cuando, naturalmente, uno se quita la venda. Venda que ya he empezado a quitarme yo procurando hacerme con el libro de Tarnas y los de sus críticos, que los tiene a manta, (por ejemplo, http://www.astrotranspersonal.com.ar/criticatarnas.htm). Y es que, señor Santos, aunque sepa que todo es mentira, me atrae muchísimo la astrología en tanto que producto cultural sofisticadísimo de la humanidad fabricado, contando con elementos de pura ciencia, para combatir eternos anhelos y dudas de nuestra especie.

  2. Repasa por curiosidad, querido Nacho, los planes de Grado de Magisterio, y verás que sí es posible enseñar sin conocer lo que se enseña, sólo conociendo métodos para enseñar, historia de los métodos para enseñar, atención a los que no aprenden lo que no se les enseña y otros milagros. Eso sí, hay formación en educación antirracista, intercultural, etc. No se sabe si para enseñar contra el racismo y a favor de otras culturas han considerado necesario conocer algo de Historia, lenguas, Geografía… pero no parece, porque en los planes no se estudia disciplina alguna. Tú eres un dinosaurio reaccionario, pobre, tan joven…
    No llegarás a nada mientras no aprendas a implementar estrategias para enseñar lo que no sabes.
    Saludos,
    Javier Orrico.

    1. Querido Javier:

      Y no sólo: Fumo, apenas reciclo y soy hincha del Real Madrid. A veces, hasta veo los debates de «El gato al agua», que, según el IntraMinistro, son un bastión de la extrema derecha.

      Me auguro un futuro más negro que mis pulmones.

      Nota: De ser un dinosaurio, espero que me toque el de Monterroso.

      Un saludo.

  3. Como ya dije, Javier, «el cuerpo de conocimientos adquiridos por el alumno (y sobre todo en la universidades, donde es axioma común el que “lo que vale es la práctica profesional”) suele ser completamente inútil.»

    Con respecto a nosotros, pobres maestros, es aún peor, porque un médico puede enseñar a futuros médicos, y un abogado a futuros abogados, pero un maestro no puede enseñar a futuros maestros: nos faltan papeles y años perdiendo el tiempo.

    Así nos va.

  4. Sin dominar el lenguaje pedagógico tan bien como el señor Moya, sí creo que he pisado más aulas que él desde que se implantó la LOGSE, que parece tanto defiende: cualquier utopía que pretende «implementar» con sus doctas competencias -antes capacidades, conocimientos actitudinales, objetivos transversales, etc.- es puro desconocimiento de pisar aulas de sencudarias reales en sitios, pongamos nombres, como IES Pinos Puente -Granada-, IES San Severiano -Cádiz-…IES mucho más numerosos que lo que tantos demagogos de la educación piensan que hay. Les animaría a que se pasaran tan sólo un trimestre dando cualquier materia en clases de verdad, con alumnos/alumnas (¿es así cómo se escribe ahora para ser correctos, no?)de primeros y segundos de la ESO con todas sus teorías competentes. A lo mejor se llevan una decepción al evaluar su propio «enseñar a aprender». Un saludo al debate, y espero no haber ofendido a nadie.

  5. Estimado Fermín

    No le falta razón en una cosa: es muy duro enfrentarse a alumnos/as de 1º y 2º de ESO que vienen ya quemados de contenidos obligatorios absolutamente desconectados de la realidad del siglo XXI. Muy duro.

    Siempre he defendido que el cambio debe iniciarse en Primaria pero, claro, ¿qué sucederá entonces, cuando alumnos competentes lleguen a los institutos y se encuentren con profesores/as que se ciñen a los contenidos obligatorios?

    Cuando un alumno/a de 1º de ESO dice que los sintagmas nominales le importan una mierda, en realidad tiene toda la razón: sólo uno de cada 200 los utilizará en su vida para algo (y la mayoría de las veces para hacérselos tragar a nuevos alumnos/as). No vale la respuesta de los archiconocidos «mínimos culturales», porque esos mínimos culturales también pueden ser cultivar habichuelas o preparar salmorejo, o incluso saber interpretar verdiales.

    Los tiempos en los que el saber provenía fundamentalmente de las escuelas ya pasaron: nuestro alumnado aprende muchísimo más fuera de las escuelas que nosotros en nuestro tiempo.

    Esa es la realidad, y ese es el reto.

    1. Estimado Santosrios: De acuerdo en algunas cosas, pero la práctica en la ESO sigue de la siguiente manera: se les ofrece los sintagmas, les importa una mierda -con perdón-; entonces se les pone una película para debatir, exactamente igual, porque para algunos no es de su agrado -he visto expulsar a alumnos ¡en clase de religión! porque les ponían películas y se aburrían-; se les pone textos para leer o comentar, pues tampoco les gusta -y no me refiero a los clásicos sólo-, y así y siempre siguen dando la guerra…Se les puede proponer qué les gusta, qué quieren hacer: lo he hecho en algunos casos extremos, y sólo quieren hablar de sus cosas indefinidamente o jugar a las cartas…poco más -con las TIC, que las conozco y las uso, muchísimo pero-. Entonces, para «motivarlos», podemos hacer lo que ellos quieren o lo que les gusta, lo que les divierte, o incluso lo que necesitan para su vida diaria -¿saben qué necesitan, de verdad, para su futuro o su cotidaneidad?-. Es cierto que fuera aprenden más que en clase, pero no que aprendan mejor. En definitiva, creo que se equivica quienes quieren llevar la educación a los intereses de los jóvenes: pienso justo al revés, comenzar a llevar a los jóvenes a los intereses de los adultos, sobre todo en secundaria. Un saludo.

  6. Estimado Fermín

    Tiene razón, no se trata de llevar la educación a los intereses de los jóvenes, sino al revés, llevar los intereses de los jóvenes a la educación.

    El problema es que matamos su interés desde muy temprana edad, a base de un trabajo arduo, farragoso y, la mayoría de las veces, inútil. Es difícil que un niño/a que ha realizado 10.000 cuentas a mano durante la Primaria conserve el interés en lo que les enseñamos.

    Cuando un alumno/a llega a la ESO en las condiciones actuales es casi imposible de recuperar, porque lo que verdaderamente ha aprendido es que la educación obligatoria es una tomadura de pelo. No digo que lo sea (que es lo que pienso), sino lo que entiende un niño/a.

    Cuando acabé 4º de EGB, hace 40 años, saqué 10 en todas las asignaturas. Pues bien, me obligaron a repetir curso debido a la edad. ¿Qué se imagina que aprendí en realidad? Ya nunca más saqué 10 en todas las asignaturas: pasé al 9, al 8, al 6 y al 5 pelao. Nunca en mi vida he dejado de aprender, y continúo estudiando casi todos los días, pero lo que descubrí entonces es lo que muchos/as jóvenes aprenden muy pronto en nuestros días: para aprender de verdad, la educación obligatoria no es el lugar.

    Vivimos en una sociedad en la que para llegar a ser lo que uno quiere ser tiene que realizar infinidad de tareas absolutamente absurdas y sin relación con el tema.

    Un profesor/a de Matemáticas, por ejemplo, tiene que:

    – superar una enseñanza obligatoria incoherente
    – superar un bachillerato y una Selectividad donde se le evalúa sobre un montón de materias que nada tienen que ver con las Matemáticas
    – superar una carrera de Matemáticas avanzadas que nada o casi nada tienen que ver con lo que va a enseñar en un instituto
    – superar un CAP o similar de un sólo año donde se supone que debe aprender esa profesión, profesor de Matemáticas, por primera vez después de casi 20 años de aplicarse
    – superar un infernal examen memorístico donde no importa otra cosa que recordar contenidos

    Los/as jóvenes de nuestros días están haciendo lo que tendríamos que haber hecho nosotros hace mucho tiempo: rebelarnos.

    1. Estimado Santosrios: yo no pienso que se rebelen, sino que pasan. Para rebelarse deberían dar respuestas alternativas, y no lo hacen, sino que se evaden con la play y los amigos. Yo soy partidario de los intierarios, aunque suene a carca -que no lo soy, salvo quizá por la edad -46–. Me explico un poco: a mí sí me sirvieron los sintagmas -gracias a ellos, en parte, soy profesor de lengua, pues me tocó en las oposicines un tema relacionado-, evidentemente, a un chico que quiera ser peluquero o que «aspire» a trabajar en un supermercado de reponedor o de cajera, no le servirá para nada. Y como los sintagmas, la mayoría de las cosas que se les quiera enseñar: la utilidad práctica es relativa, aunque luego la vida nos puede pedir que nos dediquemos a lo que menos esperamos…Además, pienso que el saber no tiene por qué ser útil, por ejemplo, la belleza de un cuadro o de una canción, ¿para qué sirve?. Pienso que hay alumnos que necesitarán y les vendría bien más teoría, otros más práctica, otros no hacer nada…Entonces, para hacerlo todo más llevadero, propondría institutos con perfiles distintos y puertas abiertas, a partir de una secundaria que empezaría a los 14 años. Y que los padres y sus hijos decidan qué camino quieren o les conviene tomar. Todos estaríamos más felices dedicándonos a lo que nos gusta: explicar o aprender los sintagmas -a lo mejor alguien será profesor de lengua en un futuro- o leer un cómic a través de un videojuego -algunos pueden que lleguen a vivr de eso, por qué no-. Y el que quiera molestar porque no quuiere hacer nada, pues su aula particular para que se dediquen a eso y no molesten a los que quieren. Luego, sus padres y ellos mismo que se responsabilicen tras esta etapa «obligatoria» -que, repito, simpre deberían darse en institutos «abiertos» en todos los sentidos-. Un saludo y perdone por el embrollo, pero me requieren y no puedo afinar el razonamiento como quisiera.

  7. Estimado Fermín: la inacción, o no-acción, es también una forma de rebeldía.

    Estamos completamente de acuerdo en lo de «abiertos». De hecho, es lo que dice la Ley a la hora de «favorecer los aprendizajes». El problema es que esta ley es la número nosecuantos, y sucede lo mismo que en el cuento de Pedro y el lobo: no es «otra ley más», sino la mejor de las posibles y, curiosamente, la que la propia Administración boicotea, porque procede de Europa.

    Así, paralelamente a incidir en competencias y favorecimiento de los aprendizajes, la propia ley exige contenidos obligatorios iguales para todos; paralelamente a una educación globalizada exige horarios con asignaturas separadas. Esto es imposible: o es una cosa, o es la otra.

    Por ejemplo, el otro día me llevé a mis alumnos/as de 2º de Primaria de investigación al patio de Infantil. Medían, apuntaban datos e informaciones de interés y observaban con la lupa. ¿Qué estaban haciendo: Cono, Mates o Lengua? La respuesta tiene dos vertientes:

    – por un lado, según la educación tradicional, estaban trabajando las 3 asignaturas a la vez.

    – por otro lado, según la educación por competencias, estaban trabajando a la vez 6 de ellas

    Unos equipos se centraron más en los desperfectos; otros en las medidas, y otros en cuestiones más complejas.

    Partimos de unos objetivos finales inalcanzables para todos, lo que promulga el fracaso escolar por ley. Incidimos en los resultados correctos, en las palabras sin faltas de ortografía, cuando lo relevante son los procesos de comunicación y de resolución de problemas. Un ejercicio no está mal si el resultado no es el correcto, igual que tampoco está mal un texto con faltas de ortografía. Un problema está mal SOLO si no se trata de resolver, igual que un texto está mal SOLO si no se escribe. Lo importante es aplicarse a resolver un problema, o a escribir un texto. Si enseñamos a aplicarse, serán los propios niños/as los que pidan aprender a hacerlo mejor.

    El otro día le puse a un niño de 7 años el siguiente problema: «Tengo 7 euros en el bolsillo, y un niño me quita 3 caramelos sin que me dé cuenta. ¿Cuántos euros me quedan?». Muchos niños/as de cursos superiores han respondido «4» sin dudar cuando he hecho la comprobación con ellos. A veces, toda la clase.

    Pues bien, mi alumno Iván estuvo pensando en silencio durante un buen rato. Miraba al techo y a mi, aunque sin fijar la atención. Al rato decidió responder: una respuesta de sobresaliente, porque lo importante siempre serán las preguntas.

    – «¿Cuánto valen los caramelos, profe?»

  8. Estimado Santosríos: ante todo, he de de agradecer su empeño en proseguir diálogos como los nuestros, que sabemos no van a cambiar el mundo educativo. Yo sería feliz si todo este tinglado se viniera abajo y se empezara de nuevo…Pero no creo que me hagan caso. Así que me limitaré a insistir en algunas cosas, por si usted tiene más influencia que yo en este guirigai.
    Usted creo que es profesor de Primaria, yo doy en Secundaria y Bachillerato. Donde antes había un cambio de mentalidad, ahora se sigue -o se quiere seguir- con las mismas prácticas educativas a los 14, 18 años y ya hasta en la Universidad. Y pienso sinceramente que no es bueno que sea lo mismo, porque además no sirven ni las mismas estrategias, ni las mismas leyes, ni los misma pedagogía, y es lo normal. Un maestro tiene 25 niños cinco días a la semana a cuatro o cinco horas cada día; un profesor da clases a más de 150 alumnos a la semana, a algunos de los cuales sólo los ve una hora de la misma. ¿Qué seguimiento de competencia se les puede hacer? ¿Cómo elegir un delegado de padres cuando estos ni se conocen? ¿Qué hacer con los reptidores, con los absentistas discontinuos, con los que no leen ni escriben porque no quieren, en clases con otros adolescentes que tal vez aspiren a ser médicos o incluso profesores? Estoy totalmente de acuerdo con usted que no se deben poner contenidos obligatorios, porque esto conlleva necesariamente a bajarlos en su nivel para que toda una clase tan heterogénea los consiga; por eso mi propuesta es de itinerarios libres y abiertos a los intereses y capacidades de los alumnos o sus padres, que son los verdaderos responbles de su educación. Y para aquel que es nihilista, que asuma su grado de rebeldía exigiendo un instituto en que no se existan tutorías infantilizadas ni halla puertas cerradas: si quieres lo que este centro te ofrece o puede ofrecerte, entras; y si no quieres, no entres o te vas. Así de simple.
    Los chavales deben notar un cambio de la escuela al instituto, aunque esto les produzca un cierto choque porque quieren seguir igual -la infancia como mundo ideal para siempre, y si no, la juventud-, y esto no debería ser así: hay qe aceptar un cambio en todo, incluida su madurez. Por eso, también su aprendizaje debería ser distinto, más esforzado y responsable. Además, repito, porque es imposible seguir tanta diversidad con los mismos criterios que en un curso de una colegio de primaria.
    En conclusión, y volviendo al principo de todos estos comentarios que estamos teniendo usted y yo, reafirmo mi opinión que sobre el señor Moya dije al principio: qué lejos están él y tantos ilustrados próceres de nuestro dominante, agobiante y desastroso sistema educativo -pedagogos, políticos y jefecillos – de una clase real de secundaria.
    Un abrazo y encantado de habler «dialogado» con usted.

  9. Estimado amigo Fermín:

    Un placer también para mí. Ojalá tuviera mano en esto, pero soy, como quien dice, un recién llegado a la enseñanza «oficial», a pesar de llevar 30 años vinculado a la educación. He tenido graves problemas en mi centro simplemente por trabajar a conciencia, huir de burocracias y dedicarme a mi profesión.

    Muchos interrogantes se y me plantea, y hay que pararse a pensar detenidamente. Tal vez sería interesante sopesar la creación de dos figuras en Secundaria: el/la profe de Humanidades y el/la profe de Ciencias, algo que en la práctica ya sucede, con licenciados/as en Historia que imparten Literatura, o de Química que imparten Biología.

    Con esto solucionamos la diversificación horaria, ya que un mismo/a profe pasaria más horas con su alumnado y tendría menos alumnos en total.

    Organizativamente tendríamos un buen follón, pero se trabajaría mucho más a gusto, ya que los alumnos/as se implicarían mucho más en su aprendizaje. Todo esto, por supuesto, partiendo de la base de un trabajo en Primaria donde se aprenderían herramientas, se desarrollarían capacidades y se fomentaría el interés por el propio aprendizaje, justo exactamente al revés que como sucede actualmente, donde tratamos de hacer tragar a los niños/as que el aprendizaje es muy interesante porque si no vienen suspensos, castigos y futuro fracaso en la vida, y ese aprendizaje está basado en la memorización de conceptos cada vez más alejados de la realidad ya no solo del niño/a, sino de la propia sociedad del siglo XXI.

    En estos momentos me encuentro escribiendo sobre el modelo para Primaria, así que no puedo concentrarme en Secundaria más que las ideas generales que aún no están desarrolladas por completo. Ese panorama desalentador con el que se encuentra la Secundaria viene de un trabajo que no se ha llevado a cabo correctamente en etapas anteriores, y a su vez la Secundaria tampoco se salva del inmovilismo general, porque siempre hay alguna forma de despertar el interés aunque lleve muchos años apagado.

    No es una crítica hacia nadie en concreto, sino una constatación. Los alumnos/as llegan mal porque vienen mal de Primaria, y se van mal porque en Secundaria no resuelven el problema. Todos tenemos nuestra porción de culpa, incluido yo mismo, por supuesto. Lo importante no es buscar culpables, sino soluciones, y en esa pelea andamos los dos.

    Un placer, Fermín y, si lo desea, mi correo es webmaster@santosrios.com, para lo que guste.

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