Punset, Ministro

A riesgo de ser pesado, hoy vuelvo a hablar de Punset, nuestro sabio de cabecera, luminaria sin cuyo esplendor no habremos de encontar el camino. Provisionalmente, me he unido a un grupo en Facebook llamado: «Eduardo Punset para Ministro de Educación». La descripción del sitio reza así:

Sólo un nómada del siglo XXI puede ayudarnos a seguir caminando con cierto tino en este vertiginoso nuevo siglo. Sólo una mente abierta, receptiva, sabia, puede ayudarnos y la necesitamos en los centros.

Veo entre los administradores profesores universitarios, CEPS completos y hasta portales educativos. Nada que objetar a todo ello: cada uno es muy libre de escoger el chamán que más le guste, ya sea nómada o sedentario. De lo que se trata es de analizar si de verdad necesitamos que se pase por nuestros centros el atinado beduino de las emociones.

Antes de que Don Eduardo estreche la cartera ministerial contra su corazón generoso y noble, conviene repasar sus ideas sobre la educación. Matizando, eso sí, que no son tanto suyas como de los científicos a los que entrevista con su voz de ensimismado arúspice: en este caso, el psicólogo Robert Roeser. Echen un vistazo al video, estimados colegas. Y tengan miedo, mucho miedo:

La revolución educativa

La voz en off ya nos alerta de que es preciso «redefinir el papel de profesores y maestros». Como uno está abierto a las propuestas, siempre que éstas me convenzan, sigo atento a la pantalla:

1:25: Punset: «Si hay algo de lo que estamos casi seguros hoy en día es de que tenemos que transformar la educación de nuestros maestros»[…] Lo que sí sabemos es que no nos sirven maestros que sólo destilen conocimientos académicos en las mentes de los treinta niños que forman su clase, a veces gritando casi todo el rato».

Dos ideas-fuerza, pues:

a) El problema educativo es responsabilidad casi única de unos maestros trasnochados.

b) La indisciplina es una condición previa del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Repare el asustado lector en el lenguaje escogido. El maestro no reeducado es inservible. ¿Cuál es su falta? «Destilar» conocimientos en las mentes infantiles. Supongo que el divulgador barcelonés quiere decir «instilar». Más que nada por una mímica que da a entender el proceso de goteo con que un rijoso enseñante vierte el seminal líquido de la sabiduría en la cocorota discente. La verdad es que, así dicho, suena bastante obsceno.

Según Punset, los maestros deben aprender a gestionar las emociones universales de sus alumnos. Porque, como todo el mundo sabe, cuando uno explica las Guerras Médicas o muestra a los chicos el arte de Garcilaso lo hace con la voz neutral de una máquina expendedora:

– Su soneto. Gracias.

2:32: «La gente se acaba de dar cuenta de que la culpa no es de los estudiantes ni de los padres, ni siquiera del Estado. Realmente, lo que necesita un cambio radical es la formación de los profesores[…] ¿Te parece demasiado radical como postura?

¿Me permite, Don Eduard, que sea yo quien le conteste? Sí, me parece bastante radical, amén de simplista y poco científico. Lo que a los profesores les falta es que usted llegue a Ministro, para que así las turbas sepan en quién deben hundir la bayoneta. Espero que los padres de mis alumnos no vean su programa, porque temo que los dieciséis objetores que tengo en 1º de ESO C me culpen de no haber gestionado correctamente sus desaires. De nuevo, su lenguaje corporal le delata. Esas manos que parecen retorcer un pescuezo imaginario cuando alude, vibrante, al  «cambio radical»… Jesús.

4: 35: Gemma Morales: «El discurso de la Administración es correcto. Quizá es que no dotan de los recursos humanos que hacen falta».

Otro tópico logsiano. El plan es bueno, pero nunca hay dinero suficiente para garantizar su éxito. Propuesta I: destinen las subvenciones sindicales a infraestructuras educativas. Propuesta II: cuando se den cuenta de que no es ése el problema, vayan pensando en el plan B. Si lo tienen. Propuesta III: Desmantelen el Ministerio de Educación y dimitan.

5.00: Discurso pseudorreligioso sobre la vocacionalidad docente. De fondo, música de campamento. Sonrisas, buen rollo, Sesame Street. En cualquier caso, la Directora ya ha reconocido que el nivel académico es muy bajo. Menos mal que son buenos chicos. Por supuesto, la dire maneja como nadie el lenguaje coeducativo: todos/as, profesores/as, alumnos/as, etc.

9:00: Capítulo hermoso sobre la resolución de conflictos. Alumnos mediadores. Terapia grupal. Glosolalia. Una profe reconoce que, cuando de por medio hay bandas juveniles, la cosa es más… complicada. Ya me imagino, ya.

15:00: Descubrimiento de la pólvora: la memoria es importante. Esto no lo había dicho ningún sabio desde la época de Séneca. Por lo menos.

No cito al profesor Roeser por la sencilla razón de que, aunque mueve los labios, no dice nada. El recurrente discurso de la complejidad moderna, la globalización y la multiculturalidad. Apuntes sobre una moral universal innata. Educar corazones. Cháchara.

Quede dicho que cada uno es muy libre de tener las ideas que le plazcan sobre la educación, las emociones y el sunsum corda. Lo que no nos place tanto es que se apunte a los profesores como los únicos culpables del fracaso, basándose en unos (pre)supuestos científicos que se fundamentan, a juzgar por la oratoria de sus profetas, en un sinfín de premisas tan vacías como el Calendario Zaragozano.

Sinceramente, espero que este antiguo miembro del FMI no llegue a Ministro.

Lamentaría que sus decretos me llegasen al corazón.

(Nota: acabado el post, me apresuro a abandonar el grupo «Eduardo Punset para Ministro»)

Un camino

 

Quienes sean lectores asiduos de esta bitácora habrán encontrado suficientes argumentos como para convenir que su autor intenta ser un liberal. Y digo «intenta», porque las oposiciones a un pensamiento de este tipo son cada vez más agresivas en un mundo que se ha acostumbrado a la tutela e intromisión del Estado allá donde pueda extender sus larguísimos tentáculos.

La primera objeción a este planteamiento vendría dada por una pregunta  que, pareciendo lógica, es sólo tendenciosa: ¿Por qué un liberal es funcionario del Estado? Quien formula tal interrogante tiene una idea limitada de lo que es el liberalismo, por cuanto éste no demanda el desmantelamiento total de las instancias  políticas o administrativas, sino su limitación a los ámbitos que la sociedad civil no puede satisfacer con suficientes garantías.

Por otra parte, el monopolio estatal de la Enseñanza es tan grande que apenas hay resquicio para aventurarse en una carrera docente que escape a su control. La desproporción entre escuelas privadas y estatales es enorme, y los mejores profesionales optan por la pública por la sencilla razón de que las condiciones laborales y económicas son muchos más ventajosas. Pura praxis.

Dicho esto, me sorprende la tenacidad con que muchos defienden la enseñanza pública más allá de los beneficios personales que aquélla les reporta. En este punto, la praxis desaparece y se impone una obstinada creencia en un ideal que no hace otra cosa que difuminarse en el horizonte de las utopías colectivistas.

Por más que la realidad nos devuelve la imagen de un enseñanza pública ineficiente y manipulada, muchos aún se aferran a unas virtudes que rara vez se verifican en la práctica. Hayek pensaba que la economía es una disciplina cuyo principal propósito es apartar de los hombres la pretensión de que puede hacerse algo así como «diseñar una economía». Tal pretensión era, para el pensador austríaco, otro síntoma de  la «fatal arrogancia».

Si sustituímos «economía» por «educación» la máxima no pierde un ápice de  realismo. Durante años, algunos profesores hemos hecho el diagnóstico de los males que aquejan a la enseñanza pública. Nos empeñamos tanto en localizarlos que no fuimos conscientes de estar sopesando el diferencial de un muerto. Unos pusieron el acento en las desigualdades socioeconómicas, otros en el caos legislativo, los de más allá en la ineficiencia de los docentes, los de más acá en la permisividad de los padres. Causas que no son excluyentes, pero cuyo análisis no ha contribuido a que la situación mejore.

Del mismo modo, nadie se pone de acuerdo en cuál debe ser la función de la escuela: formar demócratas, instruir ciudadanos o promover la felicidad y la autorrealización. Fines que, de nuevo, tampoco se excluyen mutuamente. Lo mismo sucede con los medios: constructivismo, escuela inclusiva, comprensividad, meritocracia, selección, comunidad de aprendizaje, etc.

La historia de la escuela pública es un permanente debate sobre la validez de los medios y fines que debe incorporar y perseguir aquélla. Y las diferentes posturas parecen cada vez más irreconciliables. Un pro-logsiano concibe la educación en el sentido etimológico de la palabra: del latín «ducere». Conducir, guiar (de ahí procede, asimismo, «Duce»). Mientras que un anti-logsiano suele preferir la palabra «enseñar«, por lo que tiene de mostrar un camino a seguir, de señalar un rumbo.

A partir de ahí, el encuentro entre ambos es imposible. Como lo es trazar un diseño educativo que satisfaga todos y cada uno de los conceptos que sobre la educación tienen los individuos. Cuanto mayor sea el número de personas obligadas a ceñirse el corsé ideológico de una casta dominante, mayor será, en buena lógica, el número de disensiones.

Quizá hubo un tiempo en que la enseñanza pública fue posible. Lo explica, bien y sucinto, Juan Antonio Rodríguez Tous en El Mundo de Andalucía:

«La enseñanza pública en la España de entonces (años 70) era muy eficaz. El bachillerato era duro, pero preparaba muy dignamente al alumno para los estudios superiores. La formación profesional, aunque socialmente poco apreciada, era también muy exigente. En ambos casos, los estudios garantizaban el ascenso social. Aunque eficaz, el sistema no era justo con quienes no podían completar sus estudios por falta de recursos. Sí lo era, en cambio, con aquellos alumnos que, de modo voluntario, renunciaban a su formación: simplemente se les indicaba la puerta de salida».

El Estado de Bienestar y el pensamiento único que se instaló a su amparo no se preocuparon de compensar la escasez de recursos de unos pocos, sino que quiso garantizar a todos una fraudulenta variedad del éxito. A los que querían y, en especial, a los que no querían. De hecho, el cliente predilecto de la institución educativa es el niño-Ubú: indolente, caprichoso, dictatorial, maleducado, refractario al conocimiento y condenado a la ignorancia. También para éste había un paraíso prometido en las mentes planificadoras de políticos y pedagogos. Como dice Pascal Bruckner en La tentación de la inocencia, el niño es el reflejo de la irresponsabilidad que los adultos quisieran para sí. Su inmadurez es su valor supremo, inconmovible. Y en lugar de procurar su emancipación, el Estado pretende guiarlo por las sendas  incluidas en su mapa ideológico.

Este paraíso colectivo es el sueño de la «fatal arrogancia».

Pero la realidad es una pesadilla. Las estadísticas dicen mucho menos de lo que la experiencia diaria puede constatar. Para el gobierno se trata de un problema de cifras: tantos titulados, tantos abandonos. Para el profesor que conoce de cerca la escuela, el problema es incomparablemente mayor. Éste sabe que los títulos no son el corolario de una formación sólida, sino que los atajos para obtenerlo se multiplican exponencialmente. A día de hoy, sabido es que ostentar un título, ya no de la ESO, sino de Bachiller, apenas garantiza otra cosa que disponer de un precario salvoconducto en el mercado laboral. Lo que hay detrás del legajo es irrisorio.

Tan es así, que la Junta de Andalucía restringe el acceso a los resultados académicos en su portal informático. «Los padres pueden consultar exclusivamente los datos de su hijo, pero los globales les están vetados, y el personal directivo que los controle estará sujeto al secreto profesional «(El Mundo, 23 de Junio de 2010). Esto contrasta con la transparencia exigida en otros países, donde los resultados se hacen públicos para conocimiento de los padres y de la ciudadanía en general.

Un Estado, pues, que se caracteriza por extender derechos sin preocuparse por los deberes, que desvaloriza títulos hasta extremos risibles, que escamotea los datos de su propia gestión, que persigue los usos lingüísticos de sus propios ciudadanos, que incorpora asignaturas inútiles o doctrinarias, que abomina del conocimiento genuino, que pisotea los derechos de sus trabajadores, que improvisa onerosas y muy cuestionables políticas pedagógicas (ordenadores a granel, educación en «valores»…, pro-pa-gan-da), y que, con todo, no consigue maquillar las escandalosas cifras de fracaso escolar; un Estado así, digo, ¿cómo consigue preservar el mito de que lo público es, en todo caso, preferible a la iniciativa privada?

Esta situación no puede sostenerse de forma indefinida. Y todos los síntomas apuntan a que el poder estatal ha renunciado a su antiguo objetivo de procurar una formación integral a sus súbditos (sí: súbditos). Si, como dice Von Mises, «la acción consiste en pretender sustituir un estado de cosas poco satisfactorio por otro más satisfactorio», quizá sea el momento de plantearse qué papel ha de jugar el Estado en la Enseñanza.

Como liberal, creo que la desestatalización y su devolución a la sociedad civil es un camino que podría transitarse. El sistema de cheque escolar, sin ser perfecto, seguiría garantizando el acceso universal a un servicio básico y fomentaría la pluralidad de métodos educativos dentro de los principios constitucionales.

Es, como siempre, una cuestión de libertad. Cuando la sociedad considere que debe demandar ese derecho, el más preciado de todos, el Individuo estará ahí para brindar su apoyo.

Entretanto, seguirá defendiendo su trabajo y el no menos importante derecho de sus alumnos a convertirse en ciudadanos autónomos y librepensadores.

Vale.

Dos enlaces sobre el bono escolar:

Haz clic para acceder a Bono%20Universitario.pdf

Cheque escolar

El problema

Pongamos que hablo del alumno X. Tiene dieciséis años y aún está en primer ciclo. Desde su ingreso en el instituto ha repetido 1º y 2º de ESO con casi todas las asignaturas suspensas. Sólo la caridad cristiana y el no estar impedido le han supuesto un aprobado en Religión y Educación Física. Todo lo demás son unos y doses. Es un objetor típico: no lleva bolígrafos ni cuadernos, jamás hace la tarea, entrega exámenes Malevich (en riguroso blanco sobre blanco), dedica las clases a pasar notas a sus compañeras, charlar y, si la noche ha sido dura, echar una cabezadita. Si le llamas la atención, te clava una mirada de desprecio. En cuatro años no ha aprendido nada. No quiere aprender nada.

Pues bien: llegada la Evaluación Final, la tutora de su grupo nos comunica al resto de profesores que los padres de X han aceptado que su hijo curse el año que viene 3º de ESO en un programa específico de Diversificación Curricular. Después de un silencio tenso, algunos profesores intervenimos para resolver lo que, sin duda, es un simple malentendido. Pero no lo es. X gozará de una atención preferente, en un grupo reducido y con unos niveles de exigencia menores de los que se piden en el itinerario común. Nuestra pregunta es: ¿Por qué?

La tutora esgrime el primer argumento: X no ha querido matricularse en un PCPI y, de no seguir el programa, quedaría fuera del Sistema.

Pero este argumento es falaz. X puede seguir matriculándose, en un tercero sin adaptaciones, hasta los 18 años. También podría abandonar los estudios y salirse del Sistema, en efecto. Pero es que tal cosa lleva haciéndola cuatro años. Poco traumático sería para X abandonar algo de lo que nunca quiso apropiarse. Y, en todo caso, cumplidos los 18 siempre tendrá abierta la posibilidad de la ESA.*

La tutora esgrime el segundo argumento. Sostiene que el equipo educativo dio informes positivos para que X cursase el Programa de Diversificación. Sin embargo, allí nadie recuerda haber rellenado esos papeles con loas a la negligencia y mala educación del alumno. «Bueno», replica la tutora, «al menos había dos profesores que ponían que X hacía algo«. ¿Serían los de Religión y Educación Física, por ventura? Misterio: los informes están en los archivos babélicos de El Castillo, habría que ir por ellos y aún nos quedan muchos alumnos por evaluar.

Ante tal situación, solicitamos que comparezcan la Orientadora y la Jefa de Estudios. Surge aquí el tercer argumento, en boca de esta última:

«No se puede hacer nada, en cualquier caso. No hay marcha atrás. Y está bien que así sea, porque el Inspector ya nos ha advertido de que diversificamos poco y nos va a hacer un seguimiento».

«Que se meta él en las clases», interrumpo.

Pero es que aún hay un cuarto argumento: la Jefa dice que si no diversificamos lo bastante, un par de profesores se quedarán sin horas. ¿Y? ¿Los criterios pedagógicos están por encima o por debajo de las contingencias administrativas? Si no hay sitio para dos profesores tendrán que ir allá donde se requiera su presencia, digo yo.

No acaba aquí la cosa: La Jefa considera que no sólo X debe ir a Diversificación, sino también Y y Z, dos alumnos de parecido perfil. No hacerlo constituiría un agravio comparativo.

Llegado este punto, el que suscribe dice algo así, palabra más o menos:

«Durante cuatro años, como Profesor de Música, he sido testigo de la vagancia, la indiferencia y la vulgaridad satisfecha de estos tres alumnos, entre muchos otros. Cien veces les he recriminado su comportamiento, soportado su actitud y sus excesos. Les he preguntado qué iban a hacer con sus vidas, si no se daban cuenta de que estaban desperdiciando el privilegio de tener acceso a una educación gratuita. ¿Qué autoridad, qué legitimidad pueden tener ahora mis discursos si se decide darles un trato preferente? El año que viene me mirarán con justificada sorna, como diciendo: «¿Te das cuenta, gilipollas? No teníamos que preocuparnos de nada, porque ya alguien lo haría por nosotros». Esto apesta, es nauseabundo. Luego nos quejaremos de que nos insultan, de que no valoran lo que les ofrecemos. Por no hablar del ejemplo que damos a aquellos alumnos que sí tienen verdaderas dificultades y a los que, curiosamente, no se les bajará el listón. Tenemos exactamente lo que nos merecemos. Ya nos pueden meter el ROC, el recorte salarial, las competencias trágicas y toda la escoria normativa que se les ocurra, porque nosotros hemos nacido para tragar».

Somos, en fin, una panda de mediocres que carece de toda dignidad académica, de todo orgullo. Y que ni siquiera actúa así por el bien de los muchachos, sino por conservar sus apoltronados culos en sus departamentos de mierda. Que tiembla cuando se menciona a Herr Inspektor  o  barrunta las reclamaciones de los padres*, que no sale a la calle cuando le humillan, que asiente con la unanimidad del rebaño.

El año que viene no rellenaré ningún informe de Orientación, puesto que lo que yo piense es por completo irrelevante. ¿Para qué preguntar, si la consideración de un alumno no depende de su conducta y su esfuerzo, sino de aquello que la burocracia exige? Todo esto da asco.

Y las evaluaciones continuaron, y en todas ellas se proponía cuidar y amparar a los alumnos predilectos de la LOGSE: aquéllos que odian el estudio, impiden el de sus compañeros y se enfrentan a sus profesores.

Pero la LOGSE, la LOE, no son el principal problema.

El problema somos nosotros.

Felices vacaciones.

* (Nota: las frases en negrita y cursiva se han añadido a sugerencia de Castúo, forero y seguidor del blog. Muchas gracias).

Uno, dos, tres

La crisis económica tiene que ver con la crisis educativa más de lo que algunos quisiéramos. Que ésta preceda a aquélla no implica una relación de causa y efecto, pero es indudable que en la destrucción de la enseñanza se manifiestan algunos síntomas de lo que ahora vivimos a escala social.

1. En la Enseñanza no se ha invertido, sino que, simplemente, se ha despilfarrado.

* Centros de Formación que imparten un 70 % de cursos inútiles, demagógicos o propagandísticos.

* Subvenciones generosas a unos sindicatos que han jaleado todas y cada una de las leyes educativas que nos conducen al fracaso. Que han asumido la sinrazón hasta el mismo instante en que han visto peligrar sus privilegios.

* Ejércitos de liberados y cargos de función superflua, que han vivido de la ubre estatalista sin otro horizonte que el de alcanzar la vitalicia manumisión de los políticos.

* Desembolsos clientelares: libros gratis, ordenadores gratis, kits completos de corrección política (mochilas de la paz, manuales de educación afectivo-sexual, campañas de persuasión ecológica, etc.).

* Montañas de propaganda consejeril, en papel satinado, para enterrar con mala prosa el cadáver exquisito de la ignorancia.

* Complementos salariales basados en criterios de productividad inexistentes: más dinero a cambio de más aprobados.

* Masivas pruebas de diagnóstico que no diagnostican nada que no hubiera certificado ya la autopsia.

* Planes y Proyectos, Observatorios y Agencias de Evaluación: bicocas para sus agentes y lamentable filfa para sus muy sufridos pacientes: profesores, padres y alumnos.

2. La Enseñanza es el laboratorio de un Estado del Bienestar hipertrofiado.

* Quizá por eso ha estallado antes. (Por si alguien aún no se ha percatado, la Enseñanza española está muerta).

* Si hubiera que juzgar los resultados educativos en términos económicos, podríamos decir que estamos en suspensión de pagos. Y a un solo paso de la quiebra. Para cuando los padres quieran retirar los activos depositados en la Enseñanza (pongamos, un hijo instruido en los conocimientos indispensables con que ganarse la vida) descubrirán (ya lo hacen muchos) que su inversión se ha volatilizado.

* A la Enseñanza le duele en el mismo sitio que al Estado: la fatal arrogancia socialdemócrata nos hizo creer que los políticos sabían mejor que nosotros mismos lo que nos convenía . Dejamos que ellos extendieran derechos y nosotros fuimos aceptando el maná de la única fuente disponible. Ahora, la fuente se ha secado.

* Primero se empezó por la igualdad de oportunidades. Y como tal cosa es un camelo, comenzaron a imponerse cuotas obligatorias de igualdad. Eran, al fin, los resultados lo que debía igualarse.

* Estos principios igualitaristas abominan de la competencia y el mérito. Del mismo modo, mérito y competencia están excluidos del ámbito político, en el que medran legiones de iletrados a la sombra del Partido.

* Como los resultados no se igualaban, la prodigalidad sustituyó a la exigencia. Se facilitaron múltiples vías para conseguir un título sin esfuerzo, sin invertir horas de estudio, sin ahorrar energías en otras tareas menos perentorias. Compárese la concesión de títulos con la concesión de subvenciones, y quizá concluyan que el alumno LOGSE/LOE representa el perfecto aprendiz de subsidiado.

* Salvando las distancias, entidades semipúblicas como son los Bancos Centrales han actuado de tutores transigentes con los bancos comerciales. Solapando su mala gestión con una ilimitada expansión del crédito, han sido los primeros en contribuir a la creación de una burbuja que se parece mucho al fantacientífico microcosmos logsiano.

* En la Enseñanza, las Administraciones Educativas son los Bancos Centrales que han inyectado en los Institutos/Bancos una inflación de garantías, dádivas y normativas capaces de mantener en el cliente la falsa ilusión de que su hijo aprendía algo.

* Hasta ahora, el crash educativo no ha tenido serias repercusiones sociales porque la coyuntura económica permitía que un encofrador ganara el sueldo de un catedrático de Historia. Una vez que la burbuja ha hecho plop, y que el paro galopa con brío, es posible que la sociedad se vuelva contra unas instituciones que han defraudado sus expectativas de manera similar a como los bancos han hecho con sus depositantes.


3. Los profesionales de la docencia han tenido tiempo de denunciar este inmenso fraude. Al educativo me refiero. Algunos lo han hecho, pero sus voces se han recibido con la misma desdeñosa indiferencia con que se escuchaban las profecías de Casandra.

* Que ahora nos recorten el sueldo es lamentable. Pero también eran lamentables las condiciones en que se desarrollaba nuestro trabajo, la estafa que se vendía como panacea. Y muy pocos protestaron.

* Puede que la economía se recupere, pero dilapidar el talento de una generación de jóvenes quizá resulte más oneroso.

* ¿Quieren los defensores de la escuela pública que esta inercia continúe? ¿Esperaremos a que la sociedad nos señale, no sólo por nuestra supuesta posición de privilegio, sino también por no haber denunciado como debíamos lo que todos sabíamos de sobra?

Si tanto nos enoja el recorte salarial, aprovechemos esta indignación para defender nuestros derechos.

Pero también, por una vez, para ser valientes.

 

Retórica chica

«No hay cambio de rumbo» (Francisco Álvarez de la Chica, Consejero de Educación andaluz).

Exacto. El nuevo timonel de la cosa educativa no piensa variar un ápice las coordenadas que nos aseguran un bonancible tránsito por la barbarie. Bonancible, claro está, sólo en lo que toca al boato propagandístico y su retórica de sacarina. Por lo demás, los nuevos instrumentos de navegación prometen que tocaremos fondo mucho antes del horario previsto.

Aquí, la retórica:

1. «Ha llegado el momento de establecer un horizonte»

Ese horizonte es 2012, y se materializa en las presiones europeas para que las cifras de fracaso escolar pasen del 38% al 14%. Es decir: tenemos dos años para que Andalucía se convierta en Finlandia. No sé si también a costa de sustituir el salmorejo por el Kalakukko.

2.  «El sistema educativo produce infinitamente más éxito que fracaso».

Bueno, hombre…, infinitamente, lo que se dice infinitamente, no. A mí me sale que de cada diez alumnos, cuatro no obtienen el título de la ESO. Sería más riguroso afirmar: «El sistema educativo produce un 20% más de éxito que de fracaso».

3.  «No hemos hecho un esfuerzo para hacer visible la tarea ingente que se hace cada día por tanta gente».

Desdeñen el ripio. Resulta que todo el problema se reduce a una cierta pereza por difundir los enormes logros de la Consejería. Lo que hace suponer que la propaganda acentuará, a partir de ahora, sus tintes goebbelsianos, de modo que a quienes no valoramos los desvelos paternales de nuestros políticos nos quede muy claro que todo esto lo hacen por nuestro bien.

4. «El abandono es un fracaso colectivo».

Claro. Si el alumno X suspende nueve asignaturas con un 1 y se le cursan veinte partes disciplinarios por trimestre, la culpa se reparte en partes alícuotas entre todos los sectores sociales, incluyendo el servicio de recogida de basuras y la plantilla del Betis.

5.  «La autoridad magistral no la otorga un uniforme».

Mañana mismo voy a presentar una queja en mi centro, pues está a punto de acabar el curso y aún no se me ha hecho entrega de la guerrera azul y los guantes blancos que sin duda me corresponden. En todo caso, cabe pensar que, por lo mismo, la autoridad política no la da una cartera consejeril. Así que no tendrá reparo el Consejero en refrendarla, si me persono con mis aguerridos muchachos de la ESO en su luminoso despacho de la Cartuja.

6.  «Todos los alumnos y todos los profesores deben ser tratados por igual».

Ajá.

7. «La versión del profesor debe ser la que la Administración tome por cierta».

Ajá.

Un consejo: desconfíen de quienes gustan de incumplir el Principio de no contradicción.

8. «El ordenador es el lápiz del siglo pasado».

Metáfora que acaba en jaculatoria:

9. «¡Quién nos iba a decir que íbamos a ver a chavales de diez y once años caminar al colegio con un ordenador bajo el brazo!»

Están ustedes ante una de esas fervorosas manifestaciones de cateTICsmo patrio. Basta esa imagen del niño digital, un «hacer visible» la «tarea ingente» de regalar ordenadores a diestro y siniestro. Quién nos lo iba a decir. Que, en plena era digital, en plena revolución TIC, las Universidades españolas instaurarían «cursos cero» (1.250.000 resultados en Google) para enseñar los rudimentos básicos de sus disciplinas.

10. «El primer espacio en el que el termómetro de los cambios y avances sociales debe llegar es al sistema educativo».

No sin que antes llegue a la sintaxis del señor Consejero, por lo demás.

y 11: «La educación es algo que está siempre por hacer. El cambio es permanente».

¿Recuerdan la frase que encabezaba este artículo? Sí, queridos amigos: «No hay cambio de rumbo».

Aquí, los hechos:

«Las debilidades de nuestro sistema educativo tienen su origen en el punto de partida de Andalucía en los últimos 30 años».

Obviando las dificultades del Consejero para expresarse en español, nos llena de melancolía volver a leer esta impresentable y ya célebre falacia del retraso histórico andaluz. Por un lado, los políticos se jactan de que el progreso económico de Andalucía está a la vista de todos. No seré yo quien niegue la mayor. Como ha ocurrido en toda España y en todo el mundo desarrollado, los niveles de vida han experimentado una subida apreciable. Lo que no parece advertir De la Chica es que una mejora en los datos socioeconómicos debería acompañarse, siguiendo su lógica de la pobreza ignara, de una mejora similar en los índices educativos. Lástima que los datos sobre el particular contradigan este principio:

Fuente: Instituto Forma.

Ergo, el nivel de vida y la formación de los padres no ha hecho más que subir. ¿Que ocurre, entretanto, con los indicadores de Educación desde la implantación de la LOGSE? Esto:

Fuente: Magisnet.

Creo que queda bastante claro, ¿eh, Consejero? Así que no nos cante la vieja balada de la Andalucía pobre y sometida.

Por favor.

Siga con salud.

Nota: Para leer, íntegra, la entrevista al consejero, siga el enlace: Diario de Sevilla


Todos estamos enfermos

Con ustedes, veinte minutos de nada, queridos amigos.

Si en Punset, gestor de melancolías, analizábamos distintos comentarios de Don Eduard al respecto de la revolución educativa pendiente,ahora asistimos a su conversación con uno de los gurús de tan anhelado cambio de paradigma.

Admiren la profundidad del diálogo, la sutileza de las argumentaciones, el rigor científico de las propuestas. Para los dubitativos, aquí les dejo un jugoso extracto de la charla, leído el cual es posible que aún alberguen dudas acerca de quién es Alcibíades y quién Sócrates:

Claudio Naranjo: «Una educación emocional, que tendría que ser una educación sin hacerle caso al hecho que la gente llega ya dañada de la escuela, la gente llega gritona o llorona, o rabiosa, o malhumorada, porque es una peste que se transmite a través de las generaciones, va de padres a hijos, es un mal, como una plaga emocional que la educación tendría la posibilidad de detener»

Eduard Punset: «Y, ¿esto lo puede enseñar alguien que también está «dañado»?»

Claudio Naranjo; «No, no. Por eso yo digo que no es cosa de formar formación formadores en la forma habitual, académica, sino que hay que introducir un elemento nuevo que es transformar, en parte es curar, pero también darle una dimensión de experiencia espiritual, aunque eso es una palabra muy polémica, esto, a los educadores, ayudar a la transformación de los educadores para que los educadores puedan contactar con su bienestar, con su…eh, sentir que…, eh…… ¡sentirse menos presa de su ego!».

Un viejo maestro me dijo que en la forma se manifestaba la claridad del fondo. Es decir, que las ideas largamente maduradas en la despensa del cerebro debían poder expresarse de un modo bello y simple.

No así, Don Claudio.

Punset, gestor de melancolías

La educación emocional en los colegios es el futuro, dicen. El sr. Punset hace su papel de vocero de la buena nueva, y, con él, quizá, sus más de ciento veinte mil seguidores en Facebook. «Gestionar las emociones»: he aquí el nuevo mantra que ya se empieza a oír en las escuelas, y del que  maravilla el bordón tecnocrático que sostiene la bienintencionada plegaria. Gestionar es el verbo de moda en la actualidad. Pero no a la trágala, no:

El aprendizaje social y emocional no puede darse de forma voluntarista y espontánea, sino que debe aplicarse de forma rigurosa y controlada, de acuerdo a parámetros científicamente controlados.

Finalmente, educación emocional en los colegios (7 de abril de 2010)

Es curioso que en lo tocante a los asuntos del cuore, de suyo tan movedizos, se prescriban el rigor y el control que en los asuntos académicos son considerados neolíticas reminiscencias autoritarias. Muy curioso. Como también extraña que, en plena era constructivista, hayamos alcanzado tan «realistas» certezas en un campo sinuoso como es el de las emociones.

Navegando por la Red he visto cosas que no creeríais, he visto hasta rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser:

El SAT en la Educación

Y es que el discurso cala entre muchos maestros y profesores que, como ex-adictos, confiesan a cámara cuán ciegos estaban que no vislumbraron el poder del zen y la empatía teledirigida. Ciencia y misticismo oriental nos llevan de regreso a los instintos, al grito primordial de autoafirmación. Back to basics.

¿Cuál será, pues, a partir de pasado mañana, la misión de los sistemas educativos en el futuro? ¿Formar especialistas? No. La reforma de la enseñanza se propondrá dimensionar ciudadanos en un mundo globalizado. ¿Pertrechar las mentes de sus estudiantes? No. Los esfuerzos venideros en materia educativa apuntarán a reformar los corazones de la infancia y la juventud, olvidados por la obsesión exclusiva en los contenidos académicos.

Tenemos un sistema educativo instalado en la Prehistoria
(29 de Noviembre de 2009)


Esto afirma el sabio Punset, el profeta sentimental. Nada de obsesionarse, colegas: vuestra tarea es arrancar de los discentes una sonrisa. O, en su defecto, «dimensionar ciudadanos en un mundo globalizado»:

Docente: Verá, es que su hijo se ha cagado en mis muertos.

Madre (o, improbablemente, Padre): Ya, ya… Es que no veo yo que me lo dimensione…

Docente (pensamiento no verbalizado):  A otra dimensión sí pensé en mandarlo, no crea…

«Escenas Clandestinas de un Centro Emo-Core» (Autor Anónimo)

Comparto con Punset la tesis de que nuestro sistema educativo es un completo desastre. Pero no, como él afirma, por permanecer anclado en la Prehistoria, sino por ensayar revoluciones que nos vendieron sustentadas en bases tan científicas, al menos, como las que él mismo agita ahora sobre nuestras ignaras cabezas. Esto es: LOGSE, LOE y lo que te rondaré morena. Desde entonces, está claro que la obsesión por los contenidos no es el sello distintivo de nuestros institutos: bachillerato mínimo, títulos en almoneda, volatilización de las asignaturas, condena burocrática de la excelencia, competencias básicas, adaptaciones al contexto, diversificaciones curriculares, promociones automáticas… ¿Obsesionados? Descuide, Don Eduard: se han puesto ya los suficientes mimbres como para que resulte imposible enseñar nada.

Eso sí, lo que abunda son materiales como la mochilita de la paz y el kit de salud sexual, las charlas sobre violencia de género y drogodependencias, las excursiones medioambientales y los días D: del Niño, de los Pueblos Oprimidos, de la Pax Romana, de las Tres Culturas, del Maltrato Animal y de las Rabizas y Colipoterras. Nunca hasta hoy se había insistido tanto sobre los valores y el despliegue universal de la bonhomía. Cada día, en un centro cualquiera, se celebra, de un modo u otro, la ingénita inocencia del ser humano. Y todos bailamos, alegres, el Kumbayá mientras recitamos infumables poemas sobre el canto de los grillos. Lo malo es que la legión de adolescentes a los que se bombardea con este altruismo de saldo ignora que son objeto de una gran estafa. Precisamente la que basa su timo en esconder el conocimiento tras el humo lacrimógeno de las emociones.

En cualquier caso, se objetará, habremos conseguido formar mesnadas de jóvenes filantrópicos y solidarios. Bueno, pues qué quieren que les diga: siendo prudentes, acaso en la misma proporción que generaciones pasadas. De hecho, lo que ocurre en el día a día de un aula poco tiene que ver con estas palabras de Mr. Punset:

¿Cuáles son los cuatro deberes que los niños en las escuelas están aprendiendo ya y que, sin embargo, muchos políticos no se paran a imitar?

1. Focalizar la atención es el primero de ellos.

2. El aprendizaje social y emocional –o si se quiere, la gestión de las emociones negativas como el odio ideológico, el desprecio y la falta de empatía– constituye la segunda pauta del nuevo abecedario que se está enseñando ya a los niños, pero que desconocen todavía los dirigentes empresariales y políticos.

3. La resolución de conflictos es la tercera pauta

4. Por último, están disminuyendo los índices de violencia a nivel mundial y aumentando los de compasión y altruismo.

¿En qué se educa mejor a los niños de hoy? (4 de Abril de 2010)

Pero, bueno, sr. Punset, ¿en qué quedamos? ¿Es la educación emocional la revolución pendiente o ya está debidamente implantada y es, así, espejo para políticos y empresarios? Obsérvese que entre una afirmación y otra median poco más de cuatro meses. A lo mejor lo que ha pasado es esto:

Por ello, nos enorgullece anunciar un programa pionero en España para liderar la introducción de la gestión emocional en el sistema educativo. La Institución Educativa SEK, en colaboración con la Universidad Camilo José Cela y con la Fundación Redes para la Comprensión Pública de la Ciencia, comenzará a aplicar en sus colegios un proyecto de gestión emocional avalado científicamente por la Collaborative for Academic, Social and Emotional Learning (CASEL).

Finalmente, educación emocional en los colegios

Ah, vale, vale… ¿He leído Redes? En ese caso, asunto resuelto, quod erat demonstrandum, ok. Chachi. Menos mal que la filantropía de los profetas garantiza la ausencia de ánimo de lucro.

Tal y como sospechábamos, pues, la revolución ya está aquí. Que exista un Teléfono de atención al docente debe de ser la consecuencia lógica de tanta inteligencia emocional desparramada por los pasillos colegiales. ¿Eh, Don Eduard?

Y, ustedes, profes, ya saben:

1. El conocimiento no transmite suficientes valores. Lo que se lleva ahora es gestionar la melancolía.

2. Están ustedes en un error si piensan que Shakespeare sabía cosa alguna sobre las emociones humanas. ¿Acaso era neuropsicólogo?

3. Los padres no están como para perder el tiempo educando emocionalmente a sus hijos. Eso es cosa suya, además de vigilar, castigar, mediar, rellenar papeles, hacer de bombero, esquivar bofetadas y ser Foucault.

4. Aquí no hay distingos: si hay que hacer una terapia de grupo y abrirse en canal los chakras, se hace. En Primero de Primaria o el día antes de la Selectividad.

y 5. Sepan que, hasta ahora, ustedes no fueron capaces de mostrar sentimientos humanos. ¡Chssst! ¿Cómo que por qué? ¡Porque ustedes son de la generación que leyó a Shakespeare en lugar de a Daniel Goleman!

Ignorantes.

El claustro del Inmaculada Vieira contra el ROC

Por su interés, reproducimos el comunicado del IES Inmaculada Vieira (Sevilla) contra el ROC. Un ejemplo que esperamos se extienda a todos los institutos andaluces. Gracias, compañeros:

CONTRA LA ENGAÑOSA AUTONOMÍA DE LOS CENTROS.

Según el borrador, se pretende dotar a los centros de una mayor autonomía. Si esto fuera así, nuestro centro optaría por atender a la demanda del alumnado creando diferentes itinerarios a partir de una edad más temprana y ofertando formación profesional como necesidad prioritaria de la zona. Sin embargo, a pesar de la evidencia, nuestro centro no tiene la potestad para decidir al respecto; únicamente tiene la posibilidad de solicitar y comprobar que año tras año las sucesivas peticiones se deniegan.

CONTRA LA CONCENTRACIÓN DE PODER EN LA FIGURA DEL DIRECTOR

Actualmente, el hecho de que un profesor del centro se postule como director del mismo responde a un acto de voluntarismo, pero con el nuevo ROC un cargo que debería suponer el reconocimiento a la profesionalidad se torna en castigo. Esto, en el mejor de los casos, partiendo de la buena voluntad del postulante. Habrá otros, sin embargo, en los que se haga uso y abuso del pleno poder mientras el colectivo-claustro se limita a formular propuestas y a ser oído una vez  amputada su capacidad para la toma de  decisiones. Nuestra apuesta sigue siendo la participación democrática en el centro, ya que formamos parte de la escuela pública, que está regida, entre otros, por este principio.

CONTRA LA NUEVA ORGANIZACIÓN DE DEPARTAMENTOS POR ÁREAS DE COMPETENCIA Y LA CREACIÓN DE DEPARTAMENTOS SATÉLITES

Estamos a favor del trabajo interdisciplinar y coordinado, pero sin perder la perspectiva de nuestras especialidades, que son aquellas que nos capacitan como profesionales de las materias que impartimos. Una agrupación de materias por áreas de competencia invita a la trivialización e instrumentalización de los contenidos en función de su utilidad para la vida cotidiana o su capacidad inmanente de motivar al alumnado sin que esto requiera ningún esfuerzo. Por otra parte esta nueva distribución no es operativa y sólo hace que fomentar la carga burocrática.

CONTRA LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO TELEDIRIGIDA

Como profesionales de la enseñanza, consideramos inherente a nuestra labor docente la formación continua. Pero, ¿en qué términos?, ¿en los que decida un departamento del centro o el propio director in extremis? Sí que es nuestra obligación seguir formándonos, pero haciendo uso de nuestra libertad para elegir en función de nuestros propios criterios y necesidades. Es sintomático, por otra parte, que el único tipo de formación que se sugiere en el borrador ROC sea en referencia a la prevención y resolución de conflictos. Ya hemos hecho cursos a este respecto, y grupos de trabajo, y hemos asistido a charlas, pero seguimos conviviendo día a día con el conflicto, y tenemos la certeza de que su resolución no depende en exclusiva de la formación de los profesores.

CONTRA UN IDEARIO UNÍVOCO PARA LOS CENTROS

Por otra parte, nuestro centro se caracteriza por la apertura al barrio y el trabajo en común con las entidades y centros de la zona. Uno de nuestros objetivos es buscar la implicación de las familias. También contribuimos en la dinamización cultural del barrio con la organización de actividades  abiertas al vecindario. En una zona problemática, donde la escuela tiene una connotación negativa, consideramos necesario realizar este esfuerzo. Esta realidad que vivimos en zonas  de dificultad especial, no obstante, no debe de ser extrapolada a otro tipo de centros u otro tipo de realidades, hasta el punto de igualar el rasero normativo y condicionar el ideario de todos los centros de una manera unívoca, lo cual no contribuye a dotar a los centros de autonomía.

POR LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES DEL ALUMNADO

Hemos reservado este apartado para cerrar nuestro manifiesto, pues consideramos que es el de mayor importancia: se  incide en el borrador en garantizar el éxito escolar del alumnado a través de la adaptación al contexto y las necesidades de la zona. Si lo que intentamos es velar por la igualdad de oportunidades, consideramos  que la adaptación de la escuela a un contexto problemático efectivamente puede garantizar el éxito escolar, en detrimento del desarrollo de su nivel curricular y de la posibilidad de  competir con alumnado de otras zonas más favorecidas. Habría que preguntarse si quizás no estaremos contribuyendo a perpetuar las diferencias antes que a garantizar dicha igualdad.

ADDENDA: El 27 de Mayo del curso pasado el centro envió a la Administración un documento que recogía básicamente los contenidos ya expuestos como respuesta al anterior borrador ROIES. Aquel documento comenzaba así:

“El borrador del ROIES concreta en algún aspecto las líneas de actuación que se recogen en el Título IV de la LEA en lo que a organización y funcionamiento de los centros se refiere. No deja de resultar sorprendente, por ello, que se soliciten propuestas a los claustros de los centros a posteriori cuando la opinión que de ellos se vierta probablemente tenga una validez y viabilidad mínima. Nos hubiera gustado que dicho sondeo se hubiese realizado con anterioridad y sin marcar unas pautas preestablecidas.”

Las propuestas de los centros se recogían en un documento de consulta teledirigida, guiada por una serie de cuestiones que nos circunscribían irremediablemente al texto normativo, y, por tanto, indiscutible en términos generales. Está claro que en el proceso de consulta democrática,  las opiniones divergentes han quedado fuera de todo debate.

http://www.iesinmaculadavieira.es/


Réplica en tres tiempos a Xavier Roig

 

Xavier Roig (Barcelona, 1957) ha publicado un libro valiente, demoledor y necesario. La dictadura de la incompetencia (Gestión 2000, Barcelona, 2010) es una diatriba contra la Administración pública sustentada en la neutralidad de los datos y en un corrosivo sentido del humor. Desde aquí recomendamos su lectura, que abarca dominios económicos, culturales y sociales. El Individuo sólo se va a detener en el análisis que el autor hace de la educación española. Para suscribir sus palabras, en muchos puntos; pero también para contribuir con algunas matizaciones.

Se queja Don Xavier de que al hablar sobre educación todo el mundo quiere «quitarse el muerto de encima» y traspasar las culpas a otro:

Pero teniendo en cuenta que la educación está estrictamente regulada, que el Estado te dice a qué escuela debes llevar a tu hijo y cuál es el dedo que los niños deben meterse en la nariz, alguna responsabilidad tendrán los empleados que manejan este servicio, ¿no? […] Con una escuela ocurre como con cualquier empresa: puede tener mejores o peores instalaciones, puede disponer de una materia prima – los alumnos – más o menos buena, pero si no cuenta con buenos profesionales – es decir, buenos maestros – no puede funcionar bien de ningún modo. Y déjenme dudar de la mayoría de profesores que corren por nuestras aulas.

El autor cita el Informe McKinsey como un estudio fiable para descubrir qué tienen en común los sistemas educativos que triunfan en el mundo. Nos complace que ésa sea la referencia, ya que dicho informe fue comentado en entradas anteriores de este blog. Recordemos los tres principios básicos que ordenaban tales sistemas:

1. Atraer a los mejores docentes. 2. Desarrollar la eficiencia profesional de éstos. 3. Garantizar una instrucción general basada en estándares de excelencia.

Ya dijimos en su momento que estos tres presupuestos eran incuestionables. Roig los condensa en tres palabras: Calidad. Competitividad. Responsabilidad en los resultados. Y hace suya la conclusión del Informe McKinsey: Ningún sistema educativo puede tener una calidad superior a la de sus maestros. También añade: «Hay otros aspectos importantes, sí señor. Pero vienen después».

Es natural que, como profesor, me duela la duda que Roig extiende sobre la calidad de los docentes españoles. Creo que se equivoca al decir que son ellos los máximos responsables del fracaso. Y, sin embargo, hay algo de verdad en sus palabras. Veamos:

1. No coincido con la afirmación de que los demás aspectos importantes vengan después. Los propios criterios de selección del personal docente son anteriores a la existencia efectiva del mismo. Es decir: una Administración pública tiene en su mano decidir si va a contratar a los mejores o si nada más pretende hinchar su nómina de funcionarios. McKinsey y Roig tienen razón al afirmar que unos buenos profesionales mejoran el sistema, pero no contemplan la razón inversa: que un mal sistema aliente la proliferación de malos profesionales. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en España. Las exigencias para ingresar en el cuerpo docente son cada vez más bajas, hasta límites irrisorios. Con la aquiescencia de los sindicatos, priman los intereses políticos sobre el rigor académico. Valgan como ejemplo las últimas oposiciones, en las que el objetivo evidente y no confesado era eliminar el excedente de interinos, rebajando las exigencias del examen únicamente a este grupo y en perjuicio de muchos opositores libres que se quedaron sin plaza aun habiendo obtenido un diez. Comparemos estas martingalas con lo que se estila en otras latitudes:

Los sistemas exitosos “reclutan a sus docentes en el primer tercio de de cada promoción de graduados”. El primer 5% en Corea del Sur, el 10% superior en Finlandia y el 30% superior en Singapur y Hong Kong. Es decir, se selecciona a los mejores cerebros. A la inversa, prosigue el informe, los peores sistemas “rara vez atraen a la docencia a las personas adecuadas”, que en muchos casos proceden del tercio inferior de sus respectivas promociones.

Otro procedimiento selectivo que parece dar buenos resultados es el que se ha empezado a utilizar en Inglaterra, “pionera en el uso de técnicas de marketing y reclutamiento tomadas de los negocios para elevar la oferta de postulantes calificados”. La mayoría de estos sistemas admiten que pueden cometer errores, y también han desarrollado mecanismos para despedir a docentes ineficaces.

En Finlandia, apenas 1 de cada 10 candidatos es aceptado como docente. En primer lugar, debe proceder del 10 o 20% superior en su promoción. Luego es sometido a una evaluación sobre aritmética, lengua, resolución de problemas, conocimientos y capacidad académica en general (procesamiento de datos, razonamiento y capacidad de síntesis). Más adelante, una serie de entrevistas y ejercicios grupales evalúan su motivación para enseñar y aprender, así como sus habilidades comunicativas e interpersonales. Una vez completado este ciclo, las escuelas reclutan a sus profesores individualmente.

Derribando falsos mitos: El Informe McKinsey (II)

Es razonable pensar que muchos buenos maestros potenciales se están quedando fuera del sistema, y que la administración pública no tiene ningún interés en la calidad de sus contratados. Sin contar con que las hornadas futuras se habrán formado en el mismo sistema educativo que fomenta este aplastante triunfo de la mesocracia.

Hablando del sistema educativo catalán, dice Roig:

Pienso que es un desastre que ha ido haciéndose cada vez mayor gracias a la aportación de supuestos expertos – a menudo sumamente incompetentes y mediocres – que en realidad estaban ideologizados hasta la médula.

2. En efecto, y aquí sí da Roig en el centro de la diana, una gran responsabilidad del fracaso recae en una nueva casta de profesionales que, curiosamente, se distinguen por no coger una tiza ni muertos. Estos «expertos» no sólo son incompetentes y mediocres, sino que carecen de experiencia. Son quienes redactan las leyes, aportan la bibliografía y trepan ágilmente por la secuoya burocrática. Los mismos que rechazan la calidad, la competitividad y la responsabilidad como los tres ejes que deberían conducir el sistema hacia el éxito. Por el contrario, aconsejan la mediocridad, el igualitarismo rampante y la opacidad evaluadora. Han querido hacer de la enseñanza un laboratorio donde ensayar prototipos del «hombre nuevo», que no es sino un Homo Subvencionens acrítico, ignorante y sumiso.

Los principales responsables de la educación académica son los maestros. Ya está bien de pasar la patata caliente a los demás. […] La escuela, no lo olvidemos, debe dar un servicio de formación intelectual

Aprecio su valentía, Don Xavier, pero me asombra su ingenuidad en este punto. Le informo: «académico» es un término tabú en la filosofía logsiana. Como se puede comprobar con la lectura de otras entradas de este blog, la escuela contemporánea no se ocupa  de ofrecer ese imprescindible servicio de formación intelectual. Muchos profesores llevamos años denunciando la conversión de la Enseñanza en una colosal guardería donde lo único que se enseña es a perseverar en el vasallaje. Y ahora viene lo peor: ni siquiera los maestros eficientes pueden prosperar en este campo donde lo que se mina es la inteligencia. Por una sencilla razón: porque el sistema está pensado para cualquier otra cosa menos para la que se supone fueron creados los espacios de aprendizaje. Esto es, aprender. Lo único que quieren nuestros políticos es que los niños «titulen». Y los niños ya se han enterado de lo que hay y actúan en consecuencia. Le pongo un ejemplo:

Clase de 2º ESO (13 años): Enésimo día en que sólo tres alumnos traen la tarea hecha. Enésimo sermón de la montaña del que suscribe: ¿Qué tienen pensado hacer? ¿Qué les interesa? ¿Qué plan es el suyo? Y un alumno que, en efecto, me revela su plan:

– Maestro, no pienso hacer nada hasta que cumpla los 16 años. Entonces, me matriculo en un PCPI. El último año estudio un poco y me saco el título de la ESO. Ése es mi plan.

Lo peor de todo es que tal propósito es factible, y que las intenciones de la administración van por los derroteros de regalar títulos del mismo modo que, en el mundo adulto, se regalan subvenciones por doquier.

y 3. Desmantelado el espíritu académico, el profesor juega en un terreno extraño. Es como si a Zidane lo metieran en una pista de bolos cuatreada: su presencia es absurda. Cuando no se trata de aprender, tampoco se trata de enseñar. Sepa el Sr. Roig que los profesores (y, muy en especial, aquellos que criticamos el sistema) somos la única china en el zapato que incordia a la máquina totalitaria del rodillo logsiano. Nos han robado la profesión, pero algunos queremos recuperarla.

Queremos volver a enseñar.

Ése es nuestro plan.