LOMCE con patatas

La criatura ya tiene nombre: LOMCE. No es particularmente eufónico, sobre todo si se compara con sus precedentes socialistas. LOGSE, en boca de acólito, tenía un retrogusto goloso, su puntito de momentánea asfixia al alcanzar la suspensión de los sentidos. Bien es cierto que los discrepantes convertíamos su cadencia en un sonoro gargajo, como para acentuar el profundo desprecio que nos provocaba. La LOE, por su parte, vino a zanjar la dicotomía fonética, de modo que unos y otros mascullábamos esta cosita grácil, leve y alada, como quien se arranca por Rubén Darío.

LOMCE suena, en cambio, a loncha pancetera, a tasca mesetaria que abomina de exquisiteces y opta por la grasa y el tocino allí donde otros convidarían a foie du canard. La nueva ley apunta hacia una LOCE entradita en carnes, hermosa y satisfecha de que la mayoría absoluta prefiera unos buenos huevos con chorizo a las famélicas tapas de los gastrobares posmodernos.

Más allá de las siglas, lo cierto es que la LOMCE es, todavía, poco más que un embrión. Queda por ver si muchas de las cosas que se apuntan en el anteproyecto nutrirán de veras al sistema o permanecerán en el limbo de los buenos propósitos. La mayoría han sido demandadas en esta y otras bitácoras resistentes: itinerarios tempranos, evaluaciones externas, transparencia del sistema, rendición de cuentas y hasta una bien entendida autonomía para que cada centro pueda potenciar sus fortalezas. En especial, las dos primeras son de suma importancia. El itinerario único hasta los dieciséis años ha demostrado su inoperancia, además de constituir una fuente de problemas disciplinares. El objetivo debe ser acabar con el monumental embudo del primer ciclo de la ESO, donde alumnos de entre 12 y 16 años convivían hasta ahora en un pandemonium de intereses y actitudes completamente dispares. Si ese período crítico persiste, el sistema volverá a chirriar precisamente en lo que son sus goznes. La propuesta del gobierno, en este sentido, no parece muy definida. Por un lado, establece una evaluación externa al final de la Primaria, lo cual es bueno. Por otro, concede el paso al instituto tras una sola repetición, fiando el progreso del alumno a unas “medidas de refuerzo” de improbable eficacia.

Las evaluaciones externas al final de cada etapa son una buena noticia, aunque conllevan un peligro teleológico: que el fin último de la escuela consista en superar los estándares fijados en los exámenes nacionales. Habrá que ser muy cuidadoso en la confección de las pruebas y procurar que todas las asignaturas del programa contribuyan a la formación humanística y científica del alumno. Este riesgo es aún mayor si se mantiene un bachillerato de sólo dos años, el más corto de Europa.

También será interesante comprobar cómo se maneja el espinoso asunto de los directores profesionales. Siendo necesarios, sería un error acumular en una sola figura un poder excesivo, sobre todo si traspasa los límites de la libertad de cátedra. La profesionalización debe estar fundada en el conocimiento claro de las atribuciones propias y la absoluta desvinculación política de los cargos directivos.

Poco más se puede decir, excepto que el PP sigue siendo el más radical de entre los tibios. Su proyecto, en principio, debería mejorar lo que tenemos, pero adolece de personalidad. Demasiadas soluciones de compromiso y, lo peor de todo, un lenguaje tan neutro y quirúrgico como un informe del FMI. Leyéndolo, uno tiene la sensación de que lo ha redactado el Ministro de Economía, con sus inputs y outputs incluidos. Bien está que se quiera garantizar un buen servicio a los ciudadanos, pero un cierto aliento humanístico es tan consustancial a la escuela como los gráficos lo son a las finanzas. La eficiencia, en este terreno, no se mide sólo en cifras, sino que debe estar respaldada por una concepción filosófica.

Quizá porque el discurso no está claro, el PP ha abierto su correo electrónico a las propuestas de los contribuyentes. Como era de esperar, lo que han obtenido es un cajón de sastre donde caben planteamientos experimentales, ideas conservadoras y todo lo que pueda imaginarse entre ambos polos. Esta variedad en la demanda nos hace pensar que no está lejos el día en que el Estado deba ceder muchas de sus competencias monopolísticas a la sociedad civil, también en asuntos educativos. Resulta curioso que el cheque escolar figure como una de esas posibilidades, no sólo en el buzón de sugerencias pepero, sino también en el programa de partidos como UPyD. Es posible que estemos avanzando hacia un nuevo paradigma, uno en el que todos los métodos y visiones de la enseñanza puedan entrar en libre competencia y ganarse el favor o el descrédito de los ciudadanos.

Mientras tanto, desconfíen de las voces que tildarán a este borrador de panfleto fascistoide y elitista. Son las mismas que antes se ocluían en una g sabrosa, pletórica de gusto.

Estén atentos a su pantalla.

Calle del Circo, 41001 Sevilla, España

8 respuestas a «LOMCE con patatas»

  1. «Siendo necesarios, sería un error acumular en una sola figura un poder excesivo, sobre todo si traspasa los límites de la libertad de cátedra.»

    Los que hemos padecido ciertas experiencias sentimos pánico. Quizá no quede otra que escarmentar en cabeza propia para entender ese pánico. Y ni siquiera el dragón tenía «un poder excesivo». Aquí se ha legislado sobre el acoso -y debe haber algunas sentencias por ahí- pero la mayor eficacia está en la prevención.

    Con toda la importancia que tiene la libertad de cátedra -cada vez más castigada- a los que hemos padecido mobbing nos parece una frivolité. He visto a mucha gente llorar por actitudes de mis directivos. Ninguno de esos lloricas/llorones padeció mobbing (fase 2 del acoso) porque el concurso de traslados te sirve de puente de plata para escapar. Apenas los lamió la urente lengua del dragón.

      1. Soy partidario de la rotación en el cargo entre voluntarios y limitados los mandatos a tres o cuatro años improrrogables. Formación para esos voluntarios y exigencias de resultados DESDE FUERA, con seguimientos cercanos. Eso forzaría al claustro a apiñarse en la organización y los resultados. Pero claro, no caigamos en pantomimas de «pruebas externas» que ni son pruebas ni son externas. Y tampoco en «profesionales ameritados» que puede que ni sean profesionales ni ameritados (oposiciones chanchulleras, sumisión ideológica a la ley educativa de turno, «méritos», «másteres», discapacidad y paridad). Bueno…creo que se me entiende. Ningún joputa debería pasar el filtro -porque tampoco se trata de pilotar una nave espacial- y porque a estas alturas valoro mucho más la bondad que otros parámetros.

  2. Hola. Yo he enviado como propuesta al Plan que se pretende aprobar para la Mejora Eductiva lo siguiente, por si lo veis apropiado debatir en este blog y mejorarlo para enviarlo de nuevo, a ver si hacen caso. Ahí va.
    APORTACIONES AL PLAN PARA LA MEJORA EDUCATIVA
    Gracias por la posibilidad de participar en este debate. Mis ideas al respecto son las siguientes.
    Creo que debe quedar mucho mejor definida la etapa de la Educación Secundaria. Si se observa la “Propuesta de mejora den la arquitectura del Sistema Educativo” se produce un auténtico “cajón de sastre” en el apartado de la ESO, con multitud de confusas posibilidades frente a la claridad del resto de los ciclos y etapas educativas.
    Mi experiencia como antiguo alumno de EGB y BUP y tras doce años como profesor de Instituto -ESO y Bachillerato- me anima a sugerir las siguiente propuestas:
    Cursos de atención a la diversidad desde Primero de ESO para alumnos con verdaderos problemas de aprendizaje, no de conducta. Podrán optar a 1º de Bachillerato o de CFP de Grado Medio según la prueba que realicen y aprueben.
    Dos cursos comunes de ESO -Primero y Segundo- con posibilidad de repetir Primero y Segundo.
    Los alumnos que no aprueben Primero pasan a un PCPI, que terminarán antes de los 18 años y del que, mediante una prueba, pueden acceder a la Formación Profesional de Grado Medio.
    Tercero de ESO con dos itinerarios claros: Bachillerato y Formación Profesional, con posibilidad de repetir si, tras una prueba, no pasan al curso siguiente. Esta prueba serán distintas según opten a Bachillerato o a FP de Grado Medio.
    Tres años de Bachillerato y otros tres de Formación Profesional de Grado Medio (con prácticas en las empresas a partir del segundo). Se daría el título de la ESO una vez aprobado el primer año, indicando en él la rama elegida, pues para pasar de una a otra se ha de tener el título correspondiente, con lo que se valoraría tanto una como otra según los intereses de cada uno.

    Creo que esta itinerario que planteo solucionará gran parte de los problemas que se observan en clase, donde la indisciplina motivada muchas veces por la falta de motivación y la diversidad de intereses tan heterogéneos no es el menor de ellos. Además, cada estudiante desarrollará mejor sus posibilidades gracias a su propio esfuerzo y a su capacidad.
    Por otro lado, se aumentan un año el Bachillerato y la FP de Grado Medio, que pienso es fundamental para mejorar el nivel.
    Podía quedar el diseño aproximadamente como sigue:
    (lo siguiente viene con tablas «bonicas» que aquí no salen).

    TITULO BACHILLERATO
    TITULO FP GRADO MEDIO-
    3º-Bach
    3º-FP
    2º-Bach.
    2º-FP
    1º -TÍTULO ESO-Bach-
    1º -TÍTULO ESO-FP-

    ESO ADAPTACIÓN
    ESO BACHILLERATO
    ESO FP GRADO MEDIO
    PRUEBA-Adaptación Bach. o FP-
    PRUEBA-Bach
    PRUEBA-FP
    3º-Adapt.
    3º- Inicio Bach.
    3º- Inicio FP

    ESO ADAPTACIÓN
    ESO COMÚN
    2º- Adapt.

    1º- Adapt.

    PCPI
    PRUEBA- FP

    Por último, también pienso que la mayoría de las asignaturas deberían agruparse en los cursos de tal modo que tuvieran como mínimo dos o incluso tres horas a la semana, siendo las principales o “troncales” como lenguas y ciencias, de cuatro horas semanales.
    Espero que sea útil mi aportación.
    Gracias.

  3. Hola, Nacho Camino. Es una sorpresa encontrarte en un blog educativo. Iba siguiendo información de la LOMCE y me he encontrado con esta entrada. Te saludo.

    Por lo que decís en cuanto a estética de la Ley no tiene ningún estilo. Es pura ideología improvisada centenaria o milenaria. Van a ciegas.

    Por la parte práctica debo decir que podría tener alguna cosa buena si no viniera con tan mala intención y viniendo de quien viene.

    A mi me perjudica enormemente, creo, casi seguro. Lo que no sé es si ahora, la masa docente de derechas que se va a comer los mocos ante la supuesta supresión del funcionario interino estará dispuesta a mojarse los pies por 400 euros o preferirá mojarse la espalda por 800 en otro oficio ya dignificado. Que voten (como diría A. Fabra). Que sigan votando (como añadiría D. A. Maradona).

    Con tu permiso, sigo tus publicaciones. Hasta luego.

    1. Gracias por la visita, compañero hispasónico. Yo también te sigo. La sorpresa es menor si te digo que también yo pertenezco al denostado gremio de la tiza (o puntero digital, según tendencias).

      Tengo pocas esperanzas de que la Ley se desarrolle con un mínimo de garantías..

      Mucha suerte.

      1. Lo del gremio compartido lo he deducido de tu texto. Lo de las esperanzas, también.
        Espero que, si al final nos come el león, se empache y le reviente el estómago. Serviría de manjar para los gusanos.
        Gracias e igualmente, lo de la suerte.

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